INTERNACIONAL
Guerra en Ucrania

Colas para comprar armas en Leópolis: "Soy cantante de ópera y vengo a por otro rifle para mi padre"

Ante el temor del ataque ruso, la población de esta ciudad ucraniana se 'blindan' contra el enemigo

El tenor Pavhlo Vanzhula (de 25 años) hace cola para comprar armas.
El tenor Pavhlo Vanzhula (de 25 años) hace cola para comprar armas.Q. ALSEDO
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Cada día desde hace tres semanas, de la mañana a la noche, un grupo de unos 20-30 hombres ocupa de forma contumaz una esquina de la calle Frankivska, en Leópolis, a dos minutos de la impresionante Casa de la Ópera. La mayor parte de ellos son jóvenes, llevan ropa oscura y gorros, y tienen cara de no excesivas amistades.

Cuando llegamos a husmear acaban de echar de ahí entre todos, a gritos y medio empellones, a un reportero noruego que ha preguntado demasiado. La guerra no es ninguna bobada, y estos chicos, estos hombres, todos ellos civiles, vienen aquí a comprar armas para la guerra.

Algunos llevan abrigos de aire caqui con una pequeña bandera de Ucrania cosida en el brazo. Otros, directamente chupas militares. Uno, el que ven en la foto, un elegante abrigo de solapas. Se nos ocurre que podría saber inglés, y sobre todo que puede ser el único que no nos suelte un mandoble de entrada. Acertamos.

"¿Periodista? Yo soy cantante de ópera. He cantado en Italia, en Polonia, en Alemania... Me llamo Pavhlo Vanzhula, tengo 25 años, encantado", tiende la mano. "Sí, estoy aquí para comprar un arma. Compré un rifle tres días antes de la invasión, un amigo militar me lo recomendó. Ahora vengo a por una mira telescópica, porque sin ella el rifle no sirve de nada. Y también quiero comprar otro rifle, un arma para mi padre, que tiene 50 años y está en plena forma. Nos vamos a defender".

La puerta del garito, llamado Stvol, se abre cada 15 ó 20 minutos, y pasa alguno de los congregados. El resto habla en corrillos, con aire hosco, ocupando la esquina.

Nuestro amigo, el único con pinta de no haber roto un plato, sigue hablando: "Tres días antes de esta mierda, de la invasión, estaba preparando con mi padre un viaje a Italia, para cantar, a Ancona, ¿sabes dónde es? Yo he estudiado en Polonia, en Katowitze, con grandes maestros... Pues eso, un amigo me dijo: 'Compra un arma'. Y aquí me tienes. No fui a Italia. Igual voy a la guerra".

El chico nos muestra sus habilidades vocales en varios vídeos, pero de pronto repara en una foto de un hombre intubado. "Bueno, esto te lo tengo que contar. Este es mi amigo Sergey Ivanchuk, un cantante excepcional, tiene tres años más que yo. No sabemos si va a vivir. Se la jugó yendo a Jarkov hace cinco días. Los rusos le dispararon, le dieron cuatro o cinco veces. Estoy en contacto con su madre", se emociona brevemente.

¿Tiene Pavhlo amigos rusos? "Sí! Muchos! Les digo que tienen que salir a la calle, hablar a los demás, decir 'no a la guerra'... ¿Qué mierda es esta de invadir un país vecino? Son las mierdas de Moscú. El problema es que se comen todo lo que ponen en la tele, se lo creen todo. Yo les digo: '¿Pero no queréis vivir como la gente de la Unión Europea, de Estados Unidos?'. Ellos dicen que sí, pero no hacen nada. '¿Y por qué elegís a Putin?'. Este tío vive un siglo por detrás, o dos".

¿Ha empuñado alguna vez Pahvlo un arma? Pinta no tiene, vive Dios. "Desde hace tres semanas estoy en Defensa Territorial [una especie de ejército de voluntarios]. Te dan un Kalashnikov y patrullas. Paso los días entre Leópolis y Ternopil [una ciudad a 120 km], y patrullo en ambos sitios. Bueno, aquí menos. Hace dos días me pasé seis horas, por la noche, en el sótano, por las alarmas antiaéreas. Y ya habrás visto que un sótano aquí no es como uno en Londres o París".

Sigue: "Todos mis amigos han comprado armas, todos... Fíjate, hace unos meses fui a un casting a Nueva York. Ese es mi mundo, la música, aunque ahora me veas aquí. No salió bien, porque tenía una cosa en la tripa que no me dejó cantar bien, pero sé que en algún momento lo lograré. Aproveché para que me hicieran una pequeña cirugía y ya está arreglado".

Dado que varios de los presentes observan nuestra charleta con interés, Pahvlo frunce el ceño, se hace un poco el duro. No parece sencillo imaginárselo lanzando una granada, haciendo una cobertura, combatiendo casa por casa. Pero eso mismo puede suceder en breve si los misiles esporádicos que caen en el oeste de Ucrania son presagio de la escabechina que los rusos están ejecutando en el este.

"No todo el mundo ha sido tan prudente, ¿sabes? Tengo un amigo que es director de orquesta en Lugansk [en el Donbás, cerca de Donetsk], y todos le dijimos: 'Compra un arma, la guerra puede empezar en cualquier momento'. 'Puede ser cuestión de horas'. Y él: 'Es que tengo un concierto tal día, y tal otro'. La misma mañana del 24 de febrero, la de la invasión, me llamó, aterrorizado. Había escuchado una explosión junto a su casa. Las ventanas se habían desintegrado. Nadie les había advertido. Ni siquiera sabían cómo protegerse".

Dos tipos con pasamontañas y cara de haber dormido poco están ya casi a punto de intervenir en nuestra conversación: hay que ir aligerando. "Mi rifle me costó 500 dólares, pero es verdad que ahora han subido mucho de precio, se han triplicado". Pero vamos a ver, ¿de verdad va a tener que irse Pavhlo a pegar tiros a la guerra, como si hubiéramos vuelto al siglo XX? "Bueno, no será la primera vez que disparo, yo he cazado varias veces", dice él. Y qué has cazado? Se lleva las manos a la cabeza, se pone unas orejitas con los dedos: "Conejos".

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