Estos días en China hay una atención inusual puesta en la Cumbre de las Américas, que se celebra esta semana en Los Ángeles. Bueno, más que atención, la sensación en los corrillos del Ministerio de Exteriores de Pekín es de regocijo por la tensión y los amagos de boicot de los líderes latinoamericanos después de que la administración Biden excluyera del evento a Cuba, Nicaragua y Venezuela.
"Estados Unidos sigue repartiendo carnets de buenos y malos. Pero América Latina ya no es su patio trasero. La región está dando pasos hacia una dirección que amenaza la tradicional hegemonía de Washington", dice un alto diplomático chino que hizo hace unos años carrera en Cuba. El embajador de la isla del Caribe en Pekín, Carlos Miguel Pereira, también secunda esa posición. "América Latina ya no es lo que EEUU imaginó", opina.
La misma línea siguen desde el principal think tank chino patrocinado por el Partido Comunista Chino (PCCh). Guo Cunhai, el mayor experto en Latinoamérica de la Academia China de Ciencias Sociales, dice que la cumbre convocada en Los Ángeles se produce en el contexto del reciente giro a la izquierda en América Latina y el Caribe.
"EEUU no ha recibido el apoyo de la mayoría de los países latinoamericanos por sus sanciones y acusaciones contra Rusia después de que comenzó el conflicto en Ucrania, lo que demuestra que los países de la región están buscando un camino de autonomía en lugar de seguir ciegamente a Washington", dice Guo en declaraciones al tabloide chino 'Global Times'. "Los países están más unidos y deseosos de librar al continente del control estadounidense y tomar decisiones más independientes basadas en sus propios intereses", sentencia.
Esos intereses tiran cada vez más hacia China. A golpe de talonario, con grandes infraestructuras y suculentos acuerdos comerciales, además de asentar grandes bancos de desarrollo para convertirse en el prestamista favorito, desde Pekín, como ya hicieron en África o en Asia Central, van poco a poco llenando el vacío dejado por Washington y expandiendo su influencia por Latinoamérica. Excepto en Colombia, Ecuador y Paraguay, China ya es el principal socio comercial del resto de países de la región. El mismo patrón se va siguiendo en el Caribe y América Central.
Nueva Ruta de la Seda
Con los datos se entiende mejor: en 2021 el valor total del comercio entre China, América Latina y el Caribe aumentó un 41,1% respecto a 2020. Mirando solo a las exportaciones chinas, según el organismo de la ONU para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD), éstas aumentaron un 43%, muy por encima de las subidas entre el 6% y el 12% que mostraron las de Estados Unidos, la Unión Europea y Japón.
Una veintena de países de la región ya se han unido a la nueva Ruta de la Seda, el pilar en política exterior del líder chino Xi Jinping. El último en adherirse fue el presidente argentino, Alberto Fernández, uno de los pocos líderes mundiales que viajó a Pekín el pasado febrero para asistir a la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Pekín.
Además de incorporar a Argentina al vasto programa chino de inversiones, infraestructuras y telecomunicaciones alrededor del mundo, Fernández, presente esta semana en la Cumbre de las Américas, volvió a Buenos Aires con otros acuerdos de financiación para inversiones y obras por más de 23.700 millones de dólares.
Las empresas del país asiático, hambriento de materias primas y de energía, han entrado en Argentina en busca de tierras raras para explotar los minerales tan necesarios para las industrias de alta tecnología. Argentina es parte del Triángulo del Litio, formado también Bolivia y Chile, país donde hace tres años la compañía china Tianqi compró una participación del 24% en la corporación minera y fertilizantes SQM, con sede en Santiago. Este año, la empresa china de vehículos eléctricos BYD ganó un contrato en Chile para producir 80.000 toneladas métricas de litio durante 20 años.
En infraestructuras, China Cosco Shipping, con sede en Shanghai, está construyendo un nuevo puerto de tres mil millones de dólares en Chancay, un pueblo de pescadores de Perú. También tiene propuestas para un ferrocarril transcontinental que unirá las costas del Atlántico y el Pacífico, desde Chile hasta Brasil, donde las compañías de energías renovables chinas controlan 17 de las 48 centrales hidroeléctricas, así como 11 parques eólicos.
Las inversiones chinas también se traducen en una diplomacia de chequera que ha beneficiado políticamente a Pekín. En los últimos cinco años, Ecuador, Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Panamá y Nicaragua han cambiado su reconocimiento a la soberanía de Taiwan en favor del gigante asiático, quien con la pandemia también se ganó la simpatía de muchos países de la zona al ser el primero en mandar aviones cargados de material sanitario y vacunas.
Bajo el avance chino en varios frentes, la administración Biden invitó a las democracias del continente a la Cumbre de las Américas, de la que EEUU no era anfitrión desde 1994. "No es bienvenida la mentalidad de Estados Unidos impulsada por la Doctrina Monroe y su truco de usar la democracia como herramienta para interferir y dividir países", soltó el lunes Zhao Lijian, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, aprovechando la división entre los países participantes en la cumbre por la exclusión de Venezuela, Nicaragua y Cuba. Continúa la pugna entre las dos potencias mundiales por la influencia en América Latina.
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