La única vez que Denis Pushilin se presentó a unas elecciones democráticas con cierta credibilidad, los comicios parlamentarios de 2012, donde intentó conseguir un escaño en Kyiv, el resultado que obtuvo no vaticinaba una prometedora carrera política: 0,08% de los votos.
Pero Pushilin sí consiguió sobresalir en el papel que le otorgaba el director del Instituto de Análisis Políticos y Estudios Sociales de su región de origen, Donetsk, que asimilaba su figura a la de una marioneta dedicada en "diseminar manifiestos políticos" dictados por Moscú.
Cuando Vladimir Putin decidió apadrinar la rebelión separatista de Donbás en 2014, Pushilin se apuntó al proyecto y ya entonces decidió que el futuro de los territorios controlados por sus milicias -y el suyo propio- pasaban por la simple "absorción" -ésa fue la expresión que usó- de las nuevas "repúblicas" por parte de la Federación Rusa.
Y ésa fue también la expresión que usó cuando anunció en mayo de 2014 los resultados del cuestionable referéndum que se organizó en Donetsk y Lugansk para ratificar la separación de las regiones ocupadas por sus paramilitares y las tropas rusas.
Sin embargo, los altoparlantes nunca han dispuesto de una especial capacidad de influir en la historia y ese año el único personaje que podía dictar si Pushilin es ruso, ucraniano o un simple utensilio con fecha de caducidad -Vladimir Putin- decidió dejar todo el asunto en el limbo.
Las peticiones de anexión fueron archivadas y varios de los adalides más vocales de esa pretendida unión -incluido el jefe militar más conocido de los separatistas, Igor Girkin- pasaron al retiro "por su propia voluntad", según informó el Kremlin. Otros simplemente murieron por causas tan diversas como coches bombas, cohetes o un ataque al corazón, en una sucesión de curiosos incidentes en los que Moscú solía achacar la responsabilidad a sus adversarios de Kiev.
Pushilin sobrevivió políticamente a esa "criba" para retomar su papel de antaño y este martes escenificó una llamada a su homólogo en Lugansk, Leonid Pasichnyk, instándole a organizar otra consulta en la que se pida lo mismo que en 2014, la unión con Rusia.
"El pueblo de Donbás se ha ganado el derecho a a ser parte de Rusia, que siempre ha considerado su madre patria", declaró quien ejerce como líder local de las fuerzas rebeldes en Donetsk.
La consulta que Putin ha decidido apoyar en esta ocasión podría derivar en la anexión de la parte de Donbás que ocupan las fuerzas rusas desde 2014, y los nuevos territorios que ha invadido Moscú en Zaporiyia y Jersón a partir de febrero, aunque esa decisión tendría escasas repercusiones sobre el funcionamiento diario de todo ese espacio -en especial Donetsk y Lugansk-, que se encuentran prácticamente integrados en la órbita rusa desde hace años.
Moscú ya apadrinó el cambio de la moneda ucraniana al rublo en 2017, prohibió la educación en ucraniano, eliminó las fronteras para los intercambios comerciales y finalmente, tras la victoria de Volodimir Zelenski en 2019 comenzó a repartir cientos de miles de pasaportes rusos a sus habitantes. Las localidades de Zaporiyia y Jersón que han seguido el mismo camino se enfrentan desde hace meses a un proceso similar.
Tal determinación sólo servirá para buscar una coartada legal a la escalada militar rusa ante las debacles militares sufridas a manos del ejército ucraniano recurriendo no sólo a la movilización general anunciada por el dirigente ruso sino al sempiterno chantaje nuclear que Moscú viene usando desde el inicio de la invasión de febrero, bajo el supuesto de aquella ley que promovió Putin que considera que las armas nucleares son "una garantía de protección de la soberanía nacional y la integridad territorial del estado".
El propio líder ruso lo acaba de formular por enésima vez recordando que "usará todos los medios a su disposición" para enfrentarse a sus adversarios.
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