En el Año del Conejo nacieron Albert Einstein, David Beckham y Angelina Jolie. En el Año del Conejo un tsunami arrasó la planta nuclear de Fukushima, comenzaron las protestas de la Primavera Árabe y Bob Esponja se estrenó en televisión. En el Año del Conejo, Rusia continuará atacando Ucrania, se proyectará en los cines la quinta película de Indiana Jones, España presidirá el Consejo de la Unión Europea y hay un Mundial de fútbol femenino celebrado conjuntamente por Australia y Nueva Zelanda.
"¿Y qué pasa con China? Estabilizaremos de nuevo el crecimiento económico, completaremos la estación espacial y vamos a tener nuevos dirigentes más fuertes que acompañarán al presidente Xi Jinping. Este año, ya sin el lastre de los confinamientos, China va a ser el rey de la fiesta. Mientras decaen las democracias liberales de Occidente, empezando por Estados Unidos, va para arriba un sistema alternativo al orden hegemónico, liderado por China y que cada día tiene más adeptos por todo el mundo".
A Huang no le ha hecho ninguna gracia que, mientras desayunamos en una cafetería de Wuhan, en la lista que recitamos en alto de acontecimientos presentes, pasados y futuros de los años del conejo, no destaquemos nada sobre China. Él, como funcionario con una prometedora carrera por delante, rezuma patriotismo por todos los poros de su cuerpo y, cuando se enciende, suelta de carrerilla un discurso que se tiene bien aprendido.
Pertenece a una nueva generación de políticos jóvenes chinos que han estudiado en el extranjero, hablan idiomas y son mucho más abiertos de miras que sus jefes mayores. Savia nueva para un país dominado por hombres mayores. Nadie de la élite política de la segunda potencia mundial, los conocidos como los "siete magníficos", los mandamases del Comité Permanente del Politburó, dirigidos por Xi Jinping, tienen menos de 60 años.
"Para llegar a lo más alto de la política nacional, prima la experiencia y la veteranía. Eso está muy bien, pero ahora, por ejemplo, hay mucho paro juvenil y un desplome de la tasa de natalidad. Los que deciden las políticas para solucionar esos problemas son todos hombres que vienen de una época en la que China pasaba hambre, que vivieron la Revolución Cultural y que no entienden la nueva mentalidad de los jóvenes", subraya Huang, que nos ha pedido que le cambiemos el nombre porque lo de disparar alguna crítica en medios occidentales, por muy leve o ajustada a la realidad que sea, no se tolera en el régimen. Este funcionario del Partido Comunista, después de un lustro destinado en el sur de China, va a cumplir 35 años estrenando un puesto de ascenso en la administración local de su Wuhan natal, con un rango equivalente a lo que sería un concejal.
Huang ha podido pasar el Año Nuevo chino con su familia por primera vez desde 2020, cuando le pilló el encierro de Wuhan. En la conocida como "cena de reunión" del sábado, lo equivalente a nuestra Nochevieja, celebraron un gran banquete para dar la bienvenida al Año del Conejo, el cuarto de los 12 animales del zodíaco basados en la tabla de tallos y ramas celestiales de la cultura tradicional. El calendario lunar chino está asociado siempre con alguno de los cinco elementos además de su signo animal. Este es el Año del Conejo de Agua, símbolo de la longevidad y la paz.
Como marca la tradición, durante la cena, en la televisión estuvo puesta la gala de casi cinco horas que emite la emisora estatal CCTV desde 1983. Es el programa más visto del mundo. El año pasado rompió un récord de 1.290 millones de espectadores. Un mega show de baladas patrióticas, ejercicios de artes marciales con monjes budistas saltarines, coros de niños de la China rural, monólogos y espectáculos de realidad virtual. Tampoco faltó Jackie Chan, que no se pierde nunca la fiesta. Micrófono en mano, el popular actor entonó lo que le ponían por delante.
Pasada la medianoche, cuando las familias, aún con el estómago lleno, suelen engullir los famosos jiaozas, en algunas calles de Wuhan se lanzaron petardos y fuegos artificiales, costumbre que se mantiene para ahuyentar a los malos espíritus. Otra tradición es limpiar a fondo las casas para barrer la mala suerte del año pasado. El rojo, el color auspicioso, domina el paisaje. Los farolillos están por todos lados y las puertas de las casas están bañadas por coplas rojas. También es común hacer ofrendas a los antepasados, aunque no en sus tumbas; las personas pueden hacerlo en casa si tienen alguna especie de altar. También queman papelillos en las calles recordando a los que ya no están o, si son budistas, se van a los templos a quemar incienso.
Todas estas tradiciones las cumplió a rajatabla la familia de Yuan, veinteañera que vive en Shanghai y que ha ido a pasar las fiestas a su casa familiar de Shandong, provincia en la costa este de China. El domingo, Yuan enviaba exultante por WeChat -el WhatsApp chino- fotos de sobres rojos con dinero, los hongbao, que su familia le había regalado. El efectivo que se entrega en estas fechas debe ser dinero fresco, recién sacado del banco, y denominado en un número par. El ocho se considera el número más afortunado, mientras que el cuatro debe evitarse, ya que generalmente se asocia con la muerte.
Para Yuan, al igual que el político Huang de Wuhan, era la primera vez que se reunía con toda la familia desde el comienzo de la pandemia. "Tengo un poco de miedo por mis abuelos, que son muy mayores y son los únicos de todos nosotros que no han pasado todavía el virus", cuenta. En su ciudad, Yantai, hogar de seis millones de personas, la ola fuerte de contagios llegó pronto, en diciembre, poco después de que el Gobierno central tumbara las restricciones del Covid cero.
Hace apenas un par de meses, lo difícil en China era conocer a alguien que hubiera pillado el Covid en los últimos tres años. Ahora, lo raro es encontrarse a alguien que no se haya infectado. El fin de semana, Wu Zunyou, epidemiólogo jefe del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de China, afirmó que el 80% de todos los residentes de este vasto país de más de 1.400 millones de personas, ya se habían contagiado, por lo que, pese al masivo movimiento que hay en estas vacaciones, veía poco probable que aparezca una segunda ola a corto plazo.
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