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Entrevista

Elizabeth C. Economy: "La ambición de Xi Jinping es nada menos que cambiar el orden mundial"

Elizabeth C. Economy, autora de 'El mundo según China'.
Elizabeth C. Economy, autora de 'El mundo según China'.E.M.
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Una nueva guerra fría entre Washington y Pekín se extiende por el tablero global. Xi Jinping aboga por que China "lidere la reforma del sistema de gobernanza mundial", mientras Joe Biden trata de reafirmar la posición de Estados Unidos como primera potencia en la región de Asia-Pacífico. Después de que los dos presidentes rompieran el hielo diplomático el pasado noviembre al reafirmar su voluntad de trabajar juntos, las relaciones sino-estadounidenses han vuelto a ponerse en entredicho tras la detección de un globo espía chino que sobrevolaba Estados Unidos.

Elizabeth C. Economy, experta en asuntos chinos y miembro de la Hoover Institution en la Universidad de Stanford, ha dedicado su carrera a examinar la política interior y exterior del gigante asiático. Su nuevo libro, El mundo según China (La Esfera de los Libros), sale a la venta este miércoles.

Su libro se titula 'El mundo según China'. ¿Cómo sería un nuevo orden internacional liderado por China, y está empezando a perfilarse hoy?
La ambición de Xi es nada menos que cambiar el orden mundial, y puede verse en cinco dimensiones. En primer lugar, y lo más importante, Xi pretende reclamar lo que se considera territorio soberano de China: Hong Kong, Taiwan y el Mar de la China Meridional. Más allá de eso, China tiene guerras fronterizas con India y Japón, disputas con Bután, con Corea del Sur... Está claro que Xi está redibujando el mapa de China para incorporar estos territorios. La segunda es la exclusión de Estados Unidos como potencia dominante en Asia-Pacífico. Y esto se ve en el cambio de retórica de China: que si Asia es para los asiáticos, que los sistemas de alianzas liderados por Washington son anacrónicos. Si a esto se suma el aumento de la actividad militar en la región, se puede concluir que China está intentando imponerse como potencia principal en el Pacífico. La tercera es la extensión de la influencia de China a nivel mundial. El mejor ejemplo aquí es el de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés), que se ha entendido principalmente como una iniciativa económica, ya que el impulso inicial era construir infraestructura. En realidad se trataba de que China exportara más capacidad y que conectara algunas de las regiones económicas más pobres de China con el exterior. Pero desde entonces se ha transformado y evolucionado en algo mucho más grande. Es una especie de expansión, no sólo económica, sino también militar. China abrió su primera base logística militar en Yibuti hace sólo unos años y vendrán más en el futuro. También hay un aspecto político, que ha sido una gran fuente de debate en Estados Unidos, si China está intentando exportar su sistema político. No creo que lo esté exportando en su totalidad, pero sí algunos de sus elementos. Y que quede clara una cosa: exportar no significa imponer; significa proporcionar a consumidores dispuestos, ya que se trate de tecnología de vigilancia china, de formación china en seguridad cibernética o del modelo chino de gobernanza que silencia las opiniones disidentes. China vende a quienes están dispuestos a escuchar. Luego, hay que mirar la manera en la que China se implica económicamente a nivel mundial y los esfuerzos que hace para proteger sus industrias. Y, por último, está el llamamiento de Xi para que China lidere la reforma del sistema de gobernanza mundial. Para entenderlo, sólo hay que mirar cómo consiguió que la BRI llegara a estar incluida en más de 25 agencias y programas de la ONU y cómo China puede usarla para vetar decisiones si no le beneficiaba. Es este carácter coercitivo para impulsar el deseo de China de remodelar las normas y valores mundiales. Si China tiene éxito en estas cinco dimensiones, el mundo será muy distinto al que conocemos.
En Europa, se considera que Rusia es el mayor enemigo de Occidente, máxime tras la invasión de Ucrania. Sin embargo, Washington insiste en que China representa la mayor amenaza para la democracia. ¿Cuál es su valoración?
Ambos países representan amenazas importantes. China y Rusia llevan mucho tiempo trabajando juntos en la ONU, así que no es que esta alianza, que estamos viendo, digamos, sea nueva, ni tampoco lo son sus esfuerzos por atentar contra el orden mundial. Pero, la forma en que manifiestan estas amenazas es nueva. La invasión rusa de Ucrania supone un peligro claro para Occidente, y cuando China tenía la oportunidad de dar un paso al frente y condenar las acciones de Putin para alinearse con Europa y Estados Unidos, Xi optó por no hacerlo. Tal y como lo veo, Rusia representa la amenaza más inmediata, pero China -y creo que este es el punto que Estados Unidos está tratando de señalar- representa una mayor amenaza a largo plazo en virtud de su mayor éxito económico. Ya hemos visto que Rusia no ha conseguido empezar a transformar el mundo de la forma en que lo ha hecho China. La verdadera preocupación es que Rusia y China son dos países muy peligrosos que mantienen una relación que no tiene límites.
El incidente del globo espía chino y los demás objetos voladores ha ocupado las portadas de la prensa internacional durante la última semana. La Casa Blanca ha declarado que no hay indicios que demuestren que se trata de extraterrestres, pero ¿cuál es su teoría?
Es lamentable que este incidente se produjera justo antes de que el secretario de Estado, Antony Blinken, hubiera planeado un viaje a Pekín. Pero, Estados Unidos ya ha manifestado su interés en tratar de estabilizar la relación, a pesar de lo ocurrido. Hay que tener en cuenta este incidente a la hora de entender a China, de entender el tipo de amenaza que supone China, incluso cuando los dos países -con unas relaciones democráticas supuestamente mejoradas- están a punto de reunirse. ¿Qué tipo de mensaje se está enviando? ¿Qué está indicando esto respecto al interés real de China en tratar de desarrollar una mayor estabilidad en la relación bilateral? Creo que es otro dato muy importante para el Gobierno de Estados Unidos a la hora de evaluar el interés y el compromiso de China de intentar estabilizar la relación.
En el libro, usted se refiere a la política de Xi del "gran rejuvenecimiento de la nación china", y a que esta política no puede lograrse sin la "reunificación". Tras la visita de Nancy Pelosi el verano pasado y la renovada amenaza militar de China, ¿sería justo decir que Taiwan se encuentra bajo una continua amenaza inmediata o se trata más bien de una amenaza a largo plazo?
Como bien has dicho, Xi Jinping asegura que no puede haber un gran rejuvenecimiento de la nación china sin la reunificación con Taiwan. De hecho, la reunificación es uno de sus 14 "deberes". En los últimos años, ha habido todo tipo de indicios de un aumento de la amenaza militar de Pekín contra Taipei, por lo que creo que existe tanto una amenaza a corto plazo como a largo plazo. Desde luego creo que desde la perspectiva de Taiwán y Estados Unidos y el resto de Asia-Pacífico es que puede se puede lograr algún tipo de elemento disuasorio a largo plazo. En los últimos años, otros países como Japón, Australia y Corea del Sur, han reconocido que cualquier acción militar china contra Taiwan sería extremadamente desestabilizadora para la región. Varios países europeos también se están implicando cada vez más en la seguridad asiática y en Taiwan, como no lo habían hecho antes. La región se consideraba principalmente por sus oportunidades económicas, pero ahora se está reconociendo la independencia política de Taiwán, por supuesto no como un estado reconocido, sino como un actor independiente en el sistema internacional. Y creo que estos cambios han surgido como resultado del comportamiento más beligerante de China. Taiwan ha mantenido el statu quo. No ha pedido la independencia, no se ha visto ningún tipo de cambio dramático en la política de Taipei. Pero lo que sí se ha visto es esta retórica agresiva y el comportamiento militar de China, y creo que todos estos factores han contribuido a elevar el perfil de Taiwan como una economía de referencia en la región. Así que creo que el objetivo de la política de Washington es este: establecer una fuerte disuasión hasta el momento en que ambas partes puedan decidir cómo les gustaría definir su relación de cara al futuro. Sin el apoyo del pueblo taiwanés, Xi no puede esperar lograr una reunificación que se decida unilateralmente.
Esta Guerra Fría entre China y Estados Unidos tiene muchos frentes, siendo la tecnología uno de ellos. ¿Vender chips estadounidenses a Pekín supondría realmente tanto riesgo para la seguridad de Washington?
La postura de Estados Unidos hacia China es una respuesta al país que hemos visto surgir en la última década bajo Xi Jinping. Cuando vimos que China abría su economía y su sistema político, Estados Unidos le brindó un gran apoyo, y nuestra política se bautizó como Engagement (compromiso). Sin embargo, cuando empezamos a ver una China más beligerante, con una economía más poderosa, y que trataba de exportar elementos de su sistema político, Washington adoptó una postura más defensiva. No se quiere suministrar a Pekín la tecnología que China necesita para amenazar militarmente a Estados Unidos o a nuestros aliados y socios. La política de China de fusión civil-militar significa que vincula e integra plenamente sus actividades comerciales y militares, y es muy difícil separarlas. En esta guerra de los chips, Huawei se ha visto estrechamente vinculada con el Gobierno chino, así que tal vez es por eso se le ha prestado mucha atención. Pero la verdad es que no se trata realmente de Huawei, sino de las otras amenazas que vemos emanar de China en su intento de expandir su influencia por todo el mundo.
Existe una creciente bifurcación entre las percepciones del Gobierno chino dentro y fuera de China, con la gestión de la pandemia como ejemplo más evidente. ¿Cuáles son las implicaciones a largo plazo de la desconexión entre la visión que China tiene de sí misma y las percepciones de otros países?
Resulta interesante ver hasta qué punto se han fusionado las visiones de China desde fuera y desde dentro como resultado de la política del Covid cero, que supuso una victoria diplomática para China en las primeras fases de la pandemia, cuando pudo utilizar su capacidad de movilización masiva para construir hospitales y confinar a la población. Pero a medida que el resto del mundo se fue abriendo y China se mantuvo fiel a esta política de puertas cerradas y al uso coercitivo de los EPI, por ejemplo, esta victoria fue arrebatada y socavada. Ahora, con el fin del Covid cero, las narrativas internas y externas se han unido de modo que mucha más gente en China cuestiona las decisiones del Gobierno de Xi. La población es cada vez más consciente de que carece de oportunidades para participar en el discurso público, para influir en los resultados de las elecciones... Así que la pandemia va a ser un importante punto de inflexión para realizar un seguimiento de cómo la mano dura de Pekín afecta a la perspectiva del pueblo chino a largo plazo.

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