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El ataque a Volodimir Zelenski empezó desde el minuto uno centrado en su indumentaria. Todo estaba orquestado. A las puertas de la Casa Blanca, un socarrón Donald Trump de 1,92 de altura recibía a un taciturno Zelenski de 1,67 al grito de "¡Oh! ¡Viene muy elegante hoy!". El líder ucraniano acudía a Washington con el mismo atuendo militar con el que aparece en público desde el 24 de febrero de 2022, infame jornada en la que las tropas de Vladimir Putin invadieron territorio ucraniano.
Ya en el Despacho Oval, los dardos para continuar mofándose y humillando a Zelenski estaban preparados para arrojarse contra el mandatario ucraniano con punta venenosa. No tardó en hacerlo el periodista [sic] Brian Glenn, corresponsal en la Casa Blanca de Real America's Voice y uno de los altavoces del universo cada vez más tenebroso de MAGA (Make America Great Again). "¿Por qué no lleva traje? ¿Tiene usted un traje?", preguntó con malas formas Glenn al presidente invitado. "Algo como esto", le insistió el americano, mostrando su planchado atuendo mientras miraba con desprecio el jersey de Zelenski, con el tridente ucraniano grabado, símbolo de la libertad y resiliencia del país atacado.
"Tal vez algo como el tuyo. Sí. O mejor. No lo sé. Quizá más barato", contestó muy serio y firme Zelenski, siendo consciente al momento de la encerrona que se le venía encima al contemplar cómo disfrutaba de la escena con sonrisa burlona quien estaba sentado a su lado: J.D. Vance, el vicepresidente de EEUU, quien hace sólo un puñado de semanas era un senador por Ohio.
Después, efectivamente, se desató la tormenta en el Despacho Oval, ésa que tanto gusta a Donald Trump, el experto negociador que ama remover las aguas, enturbiarlas, para después pescar en ellas, arrasar con las ganancias tras haber mareado, despistado y hastiado a su contrincante.
La jugada nos la empezamos a conocer, y muy bien, los que le seguimos día a día. Llena todo de fuegos artificiales, de noticias que se solapan unas a otras, para que no nos percatemos de lo más relevante. Así, esta misma semana, mientras nos escandalizaba con un vídeo indecente de Gaza convertido en un resort, cometía por debajo un golpe a la prensa, a la que él mismo denomina desde su primera victoria en 2016 "el enemigo del pueblo".
La Administración Trump anunció repentinamente que cambiaba las reglas que llevan rigiendo y organizando a los periodistas encargados de cubrir la Casa Blanca desde hace más de siete décadas. Estos eran seleccionados por la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca (WHCA). Sin embargo, a partir de ahora, agencias prestigiosas por su rigor como AP dejarán de tomar directamente notas a escasos metros del presidente de EEUU para que en su lugar entren pequeños medios de opinión o blogs afines al trumpismo.
Ésta es la razón por la que el mencionado Brian Glenn (que curiosamente no tuvo una mejor pregunta que hacer a Zelenski conforme está la actualidad internacional) gozaba el viernes de un privilegiado sitio en el Despacho Oval. La jugada es maestra: yo te hago hueco, pero tú me ayudas a que mis ruedas de prensa vayan por donde me plazcan y sin tener que enfrentarme a cuestiones incómodas.
Trump juega con el viento a favor. Y es que mientras colocaba a sus peones favoritos para cubrir la Casa Blanca, Jeff Bezos, el tercer hombre más rico del mundo y propietario del Washington Post, también le echaba una mano en su cruzada. Bezos ha intervenido en la línea editorial del histórico periódico restringiendo el tipo de artículos que se pueden publicar. El jefe de la sección de Opinión dimitió, alegando que el rotativo no podía convertirse en una herramienta política para los intereses de un particular. Lo acontecido no es banal: afecta al periódico del Watergate, a aquel cuyo eslogan es "La democracia muere en la oscuridad".
En una era polarizada y con el pluralismo bajo amenaza, el Periodismo (sí, con mayúscula) es más necesario que nunca, por poco que le guste a Trump y compañía.
¿Y ELON MUSK?
A su vez, arremeter contra la ropa de un líder que no salió corriendo cuando los rusos estaban a las puertas de su capital y que no ha abandonado a su pueblo es ruin, por no decir absurdo, cuando vemos cómo llega vestido el que muchos llaman ya «copresidente», el magnate Elon Musk, al mismísimo Consejo de Ministros de la actual Administración: en gorra y camiseta.
Y, por último, sí, entre las perchas de Volodimir Zelenski hay colgado un traje. Lo sabemos porque, cuando se cumplía un año de la invasión rusa, el periodista ucraniano Dmytro Komarov entrevistó al líder ucraniano, quien después le condujo al búnker donde (al menos por entonces) el presidente se guarecía: una pequeña habitación subterránea con un baño y un armario. En este último, Zelenski mostró al periodista su característica ropa de color verde oliva. Al fondo, había una funda bien cerrada. Komarov le preguntó qué era y Zelenski le susurró: "Es el traje de la victoria. Sólo me lo pondré cuando ganemos la guerra".

