Intercambios de disparos en la frontera en disputa, pruebas de misiles y una retórica bélica cada vez más agresiva. Poco a poco, India y Pakistán van preparando el escenario hacia un peligroso enfrentamiento militar directo. "La sangre de todos los indios está hirviendo", soltó el fin de semana en un rabioso discurso el primer ministro indio Narendra Modi, cada vez más presionado por una furiosa masa nacionalista hindú que le pide lanzar un contundente ataque contra el país vecino.
En la madrugada del lunes, por cuarta noche consecutiva, tropas indias y pakistaníes continuaron con las provocaciones al intercambiar disparos en varios puntos de la Línea de Control, la frontera militarizada que separa la Cachemira administrada por Pakistán de la Cachemira administrada por India, donde un grupo de 25 turistas indios y un nepalí fueron asesinados en un ataque terrorista el pasado martes mientras visitaban un popular valle montañoso a las afueras de la ciudad de Pahalgam.
El domingo, el ejército indio sacó músculo en el mar Arábigo al realizar una prueba de misiles de largo alcance. Desde Islamabad, respondieron amenazando a Nueva Delhi con su arsenal nuclear, compuesto por 130 ojivas nucleares. "Nuestro arsenal se ha guardado solo para India", manifestó Muhammad Hanif Abbasi, ministro de Ferrocarriles pakistaní.
Unos comentarios que alimentaron la preocupación de que las dos potencias nucleares (se estima que India tiene por su parte entre 160 y 170 ojivas nucleares) pudieran dirigirse hacia un conflicto armado más amplio, como las cuatro guerras que estos dos países han librado desde su independencia en 1947, dos de ellas por Cachemira, región que las dos partes reclaman en su totalidad.
Muchos analistas de defensa del Indo-Pacífico llevan días recordando en sus análisis que India y Pakistán tienen dos estrategias opuestas para afrontar una escalada militar, y que eso precisamente puede llevar a una confrontación más directa. Mientras que los pakistaníes siguen la bautizada como Disuasión de Espectro Completo, que se centra en el uso de armas nucleares tácticas para disuadir al enemigo, los indios abrazan una doctrina miliar conocida como Arranque en Frío, que consiste en lanzar ataques rápidos hacia objetivos estratégicos.
Esto último es lo que ocurrió en febrero de 2019, cuando un grupo separatista musulmán de Cachemira lanzó un ataque suicida matando a 40 policías indios, lo que provocó que el ejército indio lanzara un bombardeo contra objetivos militares dentro del territorio administrado por Pakistán, que respondió atacando dos aviones de combate indios y capturando a un piloto.
Sobre el reciente atentado en Cachemira, el más mortífero en los últimos 25 años, ha sido un desconocido grupo islámico, el autodenominado Frente de Resistencia, quien se atribuyó la autoría de la masacre, aunque desde Delhi señalaron rápidamente que Pakistán es el verdadero responsable porque está patrocinando supuestamente a estos separatistas. El domingo, el ejército de Pakistán afirmó que había matado a 54 supuestos insurgentes pakistaníes que intentaron entrar al país desde Afganistán, insinuando que este grupo estaba dirigido por Delhi.
Estos últimos días, las fuerzas indias han lanzado en Cachemira una operación contra lo que han denominado "terrorismo transfronterizo". Algunas organizaciones de derechos humanos han dicho que hasta 1.500 jóvenes han sido detenidos e interrogados en relación con el ataque y que una decena de viviendas de supuestos terroristas fueron demolidas.
Tras el atentado y las primeras medidas represivas por parte de India, el país vecino expulsó de su territorio a diplomáticos indios, canceló centenares de visas emitidas y cerró su espacio aéreo a los aviones indios. Pero el golpe de Delhi fue mayor con la suspensión de un viejo tratado que permite un suministro de agua a través del río Indo que es clave para el vasto sector agrario del que tanto depende Pakistán, que advirtió que cualquier interferencia en este suministro constituiría un acto de guerra. "Ni una sola gota de agua destinada a India llegará a Pakistán", escribió en redes sociales, Gajendra Singh Shekhawat , ministro de Cultura indio. Un comentario que desató los temores de que Delhi pueda convertir en arma de guerra un suministro de agua que es el sustento de millones de personas en el país vecino.
"La opción de un ataque militar sigue sobre la mesa. Pero la venganza se sirve fría. No nos podemos dejar llevar por la opinión pública que exige una actuación inmediata", sostenía en una entrevista en la televisión india el general Deependra Singh Hooda, quien lideró en 2016 un ataque contra objetivos militares pakistaníes tras otro atentado en Cachemira.
Sobre una acción más directa por parte del Gobierno de Modi, varían las opiniones que están soltando estos días oficiales militares en los medios indios. Algunos apuestan por una combinación de ataques terrestres y aéreos contra grupos islamistas en la Cachemira controlada por Pakistán. También se ha puesto sobre la mesa los "asesinatos encubiertos", en referencia a los secuestros y asesinatos de líderes musulmanes de Pakistán por parte de las fuerzas indias. Desde Islamabad acusan frecuentemente a las agencias de inteligencia de India de estar detrás de este tipo de ataques.
Contemplando con atención este nuevo capítulo de la eterna disputa entre los enemigos del subcontinente indio se encuentran las dos grandes superpotencias, Estados Unidos y China. La primera mantiene una tradicional alianza con Delhi mientras que el gigante asiático, que también comparte un largo historial de confrontación fronteriza con India, no esconde su apoyo a Pakistán.
El domingo, Washington manifestó su apoyo al Gobierno de Modi en las acusaciones contra Pakistán por el ataque en Cachemira, aunque instó a las dos partes a buscar una "solución responsable". Desde Pekín también se pronunciaron para respaldar la posición de las autoridades pakistaníes, que rechazan las acusaciones de India y han pedido una investigación imparcial sobre el ataque terrorista.

