- Latinoamérica Prisión domiciliaria para el ex presidente Bolsonaro por desobedecer a la Justicia brasileña
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El ex presidente brasileño, Jair Bolsonaro, está contra las cuerdas. Las restricciones parciales a la libertad de movimiento que se le impusieron hace dos semanas se convirtieron este lunes en prisión domiciliaria permanente, con la perspectiva de una severa condena dentro de pocas semanas. A su vez, Estados Unidos ya lanzó una advertencia a Brasil que se puede resumir con facilidad: todo puede empeorar. Y pronto.
El trepidante guion de la política brasileña en las últimas semanas sería probablemente rechazado por cualquier plataforma de contenidos audiovisuales por demasiado arriesgado, por inverosímil. Bolsonaro, que tenía una restricción judicial para utilizar las redes sociales, apareció brevemente el domingo, en el altavoz del teléfono de uno de sus hijos, el senador Flavio Bolsonaro, que hizo escuchar el mensaje a una multitud reunida en una manifestación en Río de Janeiro a favor del ex presidente y contra Alexandre de Moraes, juez estrella del Supremo Tribunal Federal (STF).
"Buenas tardes, Copacabana. Buenas tardes, mi Brasil. Un abrazo a todos. Es por nuestra libertad. Estamos juntos", afirmó Jair Bolsonaro. Su hijo publicó luego en sus redes sociales un video de su padre al otro lado de la línea enviando el mensaje a sus simpatizantes. El mensaje fue borrado de la cuenta de Flavio Bolsonaro una hora después, pero su impacto era ya incontrolable. El diputado Nikolas Ferreira también se comunicó con el expresidente durante unas manifestaciones en São Paulo.
Todo esto fue suficiente para que De Moraes considerara que Bolsonaro incumplió con las restricciones que se le habían impuesto. El ex presidente fue detenido el 18 de julio para colocarle una tobillera electrónica, en una decisión de la Justicia que incluyó la prohibición de utilizar las redes sociales y vigilancia las 24 horas del día. La decisión del STF incluyó la prohibición de comunicarse con uno de sus hijos, Eduardo, que lleva semanas de autoexilio en Estados Unidos, pidió licencia en su cargo de diputado federal y se jacta de impulsar los ataques de Trump a Brasil.
"No hay duda de que se ha incumplido la medida cautelar impuesta a Jair Messias Bolsonaro", escribió De Moraes al fundamentar su decisión. A la tobillera electrónica que ya utilizaba se suma ahora la prohibición de recibir visitas, salvo a familiares cercanos con autorización previa y a sus abogados, y la retirada de todos los teléfonos móviles que pudiera estar utilizando.
Bolsonaro, un ex militar y líder de la derecha dura que gobernó Brasil entre 2019 y 2023, venía cumpliendo arresto domiciliario nocturno, de 19:00 a 7:00, y también los fines de semana. Tampoco podía comunicarse con embajadores y diplomáticos extranjeros ni acercarse a embajadas.
De Moraes entiende que Bolsonaro utilizó las redes sociales de sus aliados, incluidos sus tres hijos parlamentarios, para difundir mensajes con "claro contenido de incitación y estímulo a ataques contra el STF y apoyo ostensible a la intervención extranjera en el Poder Judicial brasileño".
La decisión de De Moraes amenaza con complicar aún más la relación con los Estados Unidos de Donald Trump, que impusieron aranceles del 50% a las exportaciones brasileñas ante lo que consideran una "caza de brujas" contra el ex presidente, así como severas sanciones financieras y revocación de visados al propio De Moraes y sus allegados.
Los procesos judiciales en contra de Bolsonaro deben "cesar de inmediato", exigió Trump el 8 de julio. Este lunes, el Gobierno de Washington lanzó una nueva y clara amenaza en un mensaje publicado por el Departamento de Estado: "¡Dejen hablar a Bolsonaro! Los Estados Unidos condenan la orden de Moraes que impone el arresto domiciliario a Bolsonaro y responsabilizará a todos aquellos que ayuden o colaboren con conductas sancionadas". Folha de São Paulo, referente del centro izquierda brasileño, hizo eco de sus palabras en su editorial de este martes: "Bolsonaro tiene derecho a la libertad de expresión".
La situación es especialmente delicada en el contexto de la ofensiva arancelaria lanzada por Trump contra el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. El recargo del 50% a las exportaciones brasileñas a los Estados Unidos -el más elevado impuesto por Washington- comienza a regir este jueves, y la Casa Blanca ya advirtió de que cualquier acción de reciprocidad será respondida con una suba proporcional de los aranceles y otro tipo de sanciones.
No sólo el Gobierno de izquierdas de Lula está profundamente ofendido por lo que considera un "inadmisible ataque a la soberanía nacional" por parte de Washington: el STF también lo está. La doble dinámica de un gobierno reaccionando ante las sanciones de Estados Unidos y el más alto tribunal de justicia ejerciendo sus funciones hace prever una escalada de la situación.
Flávio Dino, ex ministro de Justicia de Lula y actual miembro del STF, denunció que Bolsonaro se confabuló con Estados Unidos: "La coacción adopta una forma inédita: el 'secuestro' de la economía de una nación, amenazando a empresas y puestos de trabajo, con el fin de exigir que el Tribunal Supremo Federal pague el 'rescate', archivando un proceso judicial".
Según O Globo, las personas más cercanas a Bolsonaro temen que caiga "en una depresión". El ex presidente está acusado de cinco delitos y puede ser condenado a un mínimo de 12 años y 6 meses y a un máximo de 43 años de prisión. La condena por intento de golpe de Estado, que debería resolverse en septiembre, parece inevitable. Los miembros del STF que apoyaban la idea de una prisión domiciliaria al ex presidente, cambiaron de idea en las últimas semanas, asegura Folha de Sao Paulo, molestos por los ataques directos desde Estados Unidos.
