La Inteligencia colombiana colabora con Estados Unidos en su campaña de bombardear narcolanchas cargadas de cocaína. Aunque el presidente Gustavo Petro es uno de los más feroces críticos del inquilino de la Casa Blanca, al punto que le ha tildado de "asesino", sigue funcionando la cooperación de vieja data entre ambos países en la eterna guerra contra las drogas.
"Colombia contribuye con inteligencia, georreferenciación y la identificación de capitanes reincidentes", ha revelado Semana, revista generalista bogotana.
Según fuentes militares consultadas por la publicación, buena parte de las embarcaciones parten de las costas de Colombia y siguen su ruta hacia el norte con el apoyo logístico que les brinda el Cártel de los Soles desde Venezuela. El 70% de las narcolanchas destruidas por la Armada estadounidense desplegada en aguas del Caribe salió de la nación verde esmeralda, principal productor mundial del polvo blanco.
"Hasta ahora, lo que más les funcionaba era sacar la droga en lanchas rápidas y semi sumergibles, pero los bombardeos de Estados Unidos encarecieron la logística", le contaron a la citada revista. "Es una misión de vida o muerte para los tripulantes y ese riesgo se paga. Al final, lo asume el consumidor: cada gramo de cocaína cuesta más por la peligrosidad del transporte".
Entre los principales puntos de partida figura el Golfo de Urabá, dominado por el llamado Clan del Golfo. La banda armada, heredera de las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia), siempre ha mandado en un área que nunca ha podido controlar los gobiernos nacionales y locales.
Desde puntos camuflados lanzan las narcolanchas hacia las islas caribeñas de Providencia y San Andrés, donde contratan avezados tripulantes que conocen su mar como la palma de la mano. Les envían acompañados de dos o tres personas ligadas a la organización criminal, llegados desde el continente, para garantizar que el cargamento llega a su destino sin contratiempos.
Si un capitán isleño cobraba unos cien mil dólares por su trabajo, ahora el precio puede haberse duplicado dada la elevada peligrosidad que afrontan. "Están tercerizando los viajes. Mandan gente de confianza o navegantes que aceptan el riesgo a cambio de un pago alto. Muchos dejan un anticipo a sus familias porque saben que tal vez no regresen", explicó a Semana un agente antinarcóticos.
Cabe anotar que, antes de la política de Donald Trump en el Caribe, los tripulantes ya asumían grandes riesgos, como prueba el hecho de que la cárcel de Tampa, en Estados Unidos, esté plagada de navegantes de las islas arriba citadas, detectados en pleno océano, y que otros muchos hayan desaparecido en el mar.
El último ataque, del 16 de octubre y en el que hubo sobrevivientes, estaba dirigido contra un semi sumergible. Los fabrican en Colombia, en talleres clandestinos escondidos en la manigua, y suelen transportar entre dos y cuatro toneladas de cocaína.
Pese al despliegue de la flota, ordenado por Trump, el flujo de drogas no se ha detenido. "Mientras las aeronaves destruyen las lanchas rápidas, hay otras embarcaciones que logran pasar inadvertidas. Todo eso está siendo analizado por los militares estadounidenses para reforzar el control en la zona del Caribe", afirmaron a Semana sus fuentes de inteligencia militar.
Aunque la estrategia de Trump despierta cuestionamientos tanto de índice humanitario como legal y de eficiencia, cuenta con el respaldo de altos mandos militares colombianos. "No hay repetición posible: si destruyen una lancha, no vuelve a zarpar", afirman.
La presencia norteamericana en el Caribe también ha provocado un refuerzo de las rutas del narcotráfico en el Pacífico y ha obligado al ELN -guerrilla aliada del Cártel de los Soles, que tiene en Venezuela tanto un santuario como otro territorio para sus crímenes y actividades ilícitas-, a mover tropas hacia Colombia.
"En este negocio nada es improvisado. Todo está calculado al milímetro con complicidad de fuerzas locales y apoyo logístico desde Venezuela", abundó a Semana una fuente, vinculada a las operaciones."Lo que buscan los estadounidenses es llevar al límite a los grandes exportadores y demostrar que pueden volver a dominar el Caribe".
