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Suiza

Cyane Panine, la camarera muerta en Crans-Montana: "La noche del incendio no debería haber estado sirviendo mesas"

La vuelta al mundo en barco, la relación con el "ahijado" del propietario del local, JacquesMoretti. Panine, la 'chica con el casco', tenía 24 años

Cyane Panine, en una imagen de redes sociales a la izquierda y, la noche de su muerte, a la derecha.
Cyane Panine, en una imagen de redes sociales a la izquierda y, la noche de su muerte, a la derecha.Corriere della Sera
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Confundida con un diablo, en aquellos vídeos en los que prendía (accidentalmente) el infierno, entre botellas de champán y fuegos artificiales, Cyane Panine, de 24 años, "la chica con el casco", es una víctima: "Nunca fue informada de la peligrosidad del techo ni recibió formación alguna en materia de seguridad", explica la abogada Sophie Haenni, que representa a la familia de la joven, fallecida dentro del incendio del lounge-bar Constellation, en Crans-Montana.

De hecho es un ángel, como ahora la retratan sus amigos en Instagram, entre su larga melena rubia y un par de alas, precisamente, invitando a todos a una oración: "Cuando se declaró el incendio quería hacer salir también a los clientes, por desgracia aquella maldita puerta estaba cerrada", cuenta su padre, Jerome, entre lágrimas. "Para nosotros era un rayo de sol, y ese sol en 2026 no salió".

Es una familia hecha añicos por el dolor y herida por aquellas fotos que, durante días, rebotaron en redes sociales y televisiones, donde Cyane, con aquel casco negro del que asomaba una larga trenza rubia, parecía dar inicio al Apocalipsis. En realidad, era una más de los tantos jóvenes traicionados por un local fuera de la ley, en su construcción y en las medidas de seguridad. También destrozada la madre, Astrid, mientras abraza a Eloine, la querida hermana de Cyane: "Nuestra vida no volverá a ser la misma, no volveré a celebrar nunca un fin de año. Nunca", repite en una entrevista televisiva en France 2.

Para identificar el cuerpo, hallado completamente calcinado en la explanada frente al bar, hicieron falta tres días, aunque su amiga Camille C., de 20 años, ya lo había comprendido todo al amanecer: "Había visto su cuerpo en el suelo y me acerqué para decirle 'ánimo, todo irá bien', pero mi novio me apartó. 'No hay nada que hacer, está muerta', me dijo. No podía creerlo, ni siquiera ahora lo creo".

Ella y Camille se conocían desde siempre: ambas de Sète, una ciudad de menos de 50.000 habitantes a orillas del Mediterráneo, al sur de Montpellier, en Occitania, llevaban ya algunos años yendo al cantón del Valais para trabajar como camareras de temporada. Montañas, esquí y amigos. Al fin y al cabo, para Cyane vivir era viajar. En 2012, siendo todavía una niña, había dado casi la vuelta al mundo en barco: tres años y medio junto a su madre, su padre y su hermana, hasta las islas Marquesas, en la Polinesia Francesa. También aquí, entre los Alpes, se había convertido en una más de la familia: criada como una hija por Jacques Moretti, acababa de comprometerse "con Jean-Marc, el ahijado del jefe", añade la amiga.

Una familia de comerciantes y navegantes, con algunas tiendas en la ciudad y la pasión por el mar. ¿Podía dar miedo Suiza? "Y en una estación de esquí de lujo -se reprocha todavía Jerome- uno no espera una tragedia así. Mi hija trabajaba allí y yo estaba tranquilo".

Esa tranquilidad se rompe poco después de la una de la madrugada, en los instantes que marcaron el alma de Camille y llenaron el atestado de la policía cantonal, redactado el 1 de enero a las cuatro de la tarde: "No había salido de fiesta allí, pero entré solo para saludar a Cyane y desearle feliz año nuevo".

Un relato retomado también por la abogada de la familia Panine: "Aquella noche, Cyane no debía servir mesas, sino encargarse de recibir a los invitados en la planta baja". Luego, todo se descontrola: Jessica Moretti, esposa del jefe, le pide que baje al sótano para ayudar a los otros camareros. "Había 16 botellas de champán que entregar, o algo así", recuerda Camille. A partir de ahí, los testimonios en parte se superponen y en parte divergen: gente que se pone máscaras, "de conejo, de payaso". A Cyane le toca "un casco negro de moto, o de astronauta". Es en esos instantes, "sobre los hombros de otro camarero", cuando la llama colocada en el cuello de la botella empieza a prender los paneles fonoabsorbentes del techo.

"Es muy probable que el incendio se desencadenara por el gran número de velas encendidas simultáneamente en el mismo lugar -razona la abogada Haenni-, aunque todo ello deberá ser esclarecido por la investigación". Aunque ya se han multiplicado las sospechas y acusaciones contra los responsables del local: "En cualquier caso, la muerte de 40 personas y las heridas sufridas por más de cien podrían haberse evitado si se hubieran respetado las normas de seguridad y realizado los controles pertinentes". Conclusión: Cyane no tiene ninguna responsabilidad. "Cuando se declaró el incendio -recuerda aún Camille- mi novio me agarró y salimos corriendo, y ya no volví a ver a Cyane. Debería haber regresado". A los padres sólo les queda el dolor y una pregunta: "No consiguen entender por qué la salida de emergencia estaba cerrada". La puerta de la salvación se convirtió en la del último viaje.