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Asia

EEUU y China intensifican su guerra de espías: la CIA lanza vídeos de reclutamiento en mandarín

Desde el regreso el año pasado de Donald Trump a la Casa Blanca, se ha intensificado el cruce de acusaciones de espionaje entre las dos mayores potencias del mundo

Escudo de la CIA antes de una rueda de prensa de su director.
Escudo de la CIA antes de una rueda de prensa de su director.JIM WATSONAFP
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"¿Tiene acceso a información sobre políticas económicas, fiscales o comerciales de China? ¿Trabaja en la industria de defensa? ¿En ámbitos vinculados a la seguridad nacional, la diplomacia, la ciencia o la tecnología avanzada? ¿Se relaciona con personas que lo hacen?".

Con estas preguntas arranca una serie de vídeos en mandarín difundidos por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense. "Por favor, contáctenos. La información que nos proporcione es muy importante", concluyen las grabaciones, que incluyen instrucciones detalladas para que ciudadanos chinos puedan transmitir, de forma cifrada y supuestamente segura, información sensible a la agencia.

El último de estos vídeos, que dura poco más de dos minutos, se publicó en diferentes redes sociales occidentales el pasado 15 de enero. "Antes de contactar, evalúe su situación cuidadosamente. Considere si posee información valiosa, por ejemplo, sobre asuntos gubernamentales, militares o económicos. Utilice redes WiFi públicas o lugares alejados del hogar o el trabajo para evitar la trazabilidad. Evite utilizar dispositivos, cuentas o redes personales que puedan ser monitoreadas. Utilice herramientas como VPN, navegador Tor o servidores proxy seguros para enmascarar su IP y ubicación", detalla.

Durante el sábado, numerosos usuarios chinos comentaron los vídeos tras una alerta emitida en un canal oficial de WeChat -el equivalente chino a WhatsApp- del Ministerio de Seguridad del Estado (MSS), la principal agencia de inteligencia de Pekín. "La CIA intenta reclutar espías chinos con vídeos ridículos", ironizaba el comunicado, que advertía del aumento de las actividades de espionaje extranjero.

Desde el regreso el año pasado de Donald Trump a la Casa Blanca, se ha intensificado el cruce de acusaciones de espionaje entre las dos mayores potencias del mundo, especialmente en los últimos meses. La semana pasada, Patrick Wei, un ex marine estadounidense, fue sentenciado a 17 añosde prisión tras ser declarado culpable de vender secretos militares a un oficial de inteligencia chino, quien le habría pagado 12.000 dólares por la información.

Wei, de 25 años, fue arrestado en 2023 mientras trabajaba como ayudante de maquinista en el buque de asalto anfibio USS Essex, con base en San Diego, California. Según las autoridades estadounidenses, contaba con autorización de seguridad y acceso a información altamente sensible sobre defensa nacional, incluidos detalles de los sistemas de armas, propulsión y desalinización del navío.

El año pasado, el Departamento de Justicia de EEUU informó también del caso de Chenguang Gong, un supuesto espía chino que había trabajado como contratista de defensa en Silicon Valley y que admitió haber transferido más de 3.600 archivos con planos de sensores diseñados para detectar misiles hipersónicos, balísticos y nucleares.

Otro caso es el de Xu Zewei, detenido en el aeropuerto de Milán a petición de Washington, que lo acusa de haber participado en 2020 en el hackeo de los sistemas de una universidad de Texas para robar investigaciones sobre vacunas contra la Covid-19, presuntamente con el respaldo de las autoridades chinas.

Inmediatamente después de la detención de Xu, desde Pekín, el MSS anunció que había desmantelado "tres planes de espionaje extranjero". Uno de los casos hacía referencia a un funcionario de apellido Li. "Incapaz de resistirse a la seductora belleza de una agente de inteligencia extranjero, Li fue chantajeado con fotos íntimas y obligado a robar documentos confidenciales", señalaba el comunicado, detallando que Li ha sido condenado a cinco años de prisión por espionaje.

Los medios estadounidenses compartieron hace unos meses un estudio realizado por Recorded Future's Insikt Group, un grupo de investigación sobre ciberseguridad respaldado por Washington, que detallaba cómo los servicios de espionaje chinos estaban ahora invirtiendo sobre todo en inteligencia artificial para crear nuevas herramientas que mejoran la eficiencia y precisión de su análisis de inteligencia, permitiéndoles recopilar más información y analizarla con mayor rapidez.

Los investigadores revisaron solicitudes de patentes del ejército chino y contratos disponibles públicamente, descubriendo que estaban utilizando ampliamente modelos lingüísticos avanzados de fabricación nacional como DeepSeek.

La respuesta china no se hizo esperar. Tras la publicación del informe, medios estatales y canales afines al Partido Comunista subrayaron que la CIA y otras agencias estadounidenses también han intensificado el uso de la IA, tanto para el análisis de datos como para facilitar el encubrimiento de agentes en el extranjero. Como ejemplo, recordaron que el Pentágono adjudicó recientemente un contrato de 200 millones de dólares a OpenAI, la empresa creadora de ChatGPT.

El canal de WeChat del Ministerio de Seguridad del Estado publica con frecuencia relatos sobre los últimos "complots de espionaje" desarticulados por las autoridades. Uno de los más recientes describe a un funcionario local que habría fotografiado documentos confidenciales y vendido las imágenes a agencias de inteligencia extranjeras para recuperar los ahorros perdidos por su adicción al juego.

"Los espías extranjeros se han vuelto cada vez más activos en su intento de infiltrarse y robar secretos de China", advierte el MSS, que subraya que los principales objetivos son los funcionarios públicos. "Si nuestros ideales y convicciones no son firmes, podemos acabar cayendo en el abismo criminal diseñado por las agencias de espionaje extranjeras", concluye.

El pasado verano, fiscales federales estadounidenses acusaron a dos ciudadanos chinos de intentar reclutar personal de la Marina para filtrar información clasificada al MSS. El FBI los arrestó en Oregón y Texas tras el presunto pago de 10.000 dólares por secretos militares. Unas semanas antes, tres investigadores chinos fueron detenidos en Michigan por supuestamente falsificar documentos e intentar introducir materiales biológicos peligrosos en el país. Además, dos soldados estadounidenses en servicio activo fueron acusados de conspirar para vender información de alto secreto a Pekín.