- Guerra en Ucrania Marina Ovsyannikova, la heroína de la televisión estatal rusa, en libertad: "Ha sido uno de los días más difíciles de mi vida"
Mientras las tropas de Vladimir Putin se disponían a completar su primer mes de invasión a gran escala, el 14 de marzo de 2022 la televisión rusa dejó ver, por unos segundos, una fisura en su relato propagandístico, que trata de convencer a los rusos de que la invasión de Ucrania no es una guerra, de que no hay bajas civiles y de que, en realidad, están protegiendo a "los nuestros". Marina Ovsyannikova, editora del informativo Vremya en Piervy Kanal, irrumpió en el plató mientras la presentadora leía las noticias y levantó una pancarta escrita a mano: "No war" y, en ruso, "Parad la guerra. No creas la propaganda. Te están mintiendo aquí". Era el mismo canal que en enero aseguraba que no habría invasión de Ucrania y que, semanas después, defendía que la intervención era inevitable.
Aquel gesto no fue impulsivo, explica Ovsyannikova a EL MUNDO en una pausa de la Geneva Summit for Human Rights and Democracy, donde ha intervenido con un discurso. "Fue un conflicto interno enorme". "Durante mucho tiempo viví con un conflicto entre la realidad y lo que teníamos que transmitir". Su trabajo consistía en revisar teletipos de agencias y seleccionar contenidos. "De la avalancha de información elegíamos sólo los hechos que beneficiaban al Kremlin". Cada año, añade, veía "cuánto mentía el Gobierno a la sociedad rusa y a la comunidad internacional".
La guerra fue "un punto sin retorno. Ya no era posible guardar silencio". Mientras los canales occidentales mostraban ciudades bombardeadas y columnas de refugiados, en la tele "sólo emitíamos tropas rusas que iban a liberar el Donbás". "Por todas partes había sangre y millones de ucranianos refugiados. Pero eso estaba prohibido en antena". Antes incluso de que empezara la invasión, recuerda, "el Kremlin decía: 'No estamos planeando ninguna guerra'. Pero estaban mintiendo otra vez. Y yo estaba furiosa. Me dije: 'Basta, ya basta. Tengo que protestar contra estas mentiras'".
Tras irrumpir en directo fue detenida, interrogada durante 14 horas y multada por desacreditar al ejército. Perdió el empleo y quedó bajo la amenaza de una ley que castiga con años de cárcel cualquier "información falsa" sobre las Fuerzas Armadas que no siga la narrativa de mentiras oficiales. Pero el precio fue más alto que una sanción administrativa.
Ovsyannikova describe el ambiente en los medios públicos como una mezcla de convicción y miedo. "Saben exactamente lo que está pasando y entienden que producen propaganda del Kremlin. Pero no tienen otra opción que repetirla. Todos los canales están bajo control del Kremlin". Calcula que antes de la guerra quizá "un 20 o 30%" de sus compañeros apoyaba sinceramente al régimen. "El 70% tenía opiniones liberales, apoyaba la democracia y los derechos humanos. Pero no pueden resistirse. Si levantas la cabeza, tu vida se destruirá inmediatamente. Rusia es un Estado policial. Tu familia quedará destruida y acabarás en la cárcel".
Después de su protesta, muchos dejaron de hablarle. "Revisan sus redes sociales, sus conexiones con ella, y se asustan. Han dejado de comunicarse conmigo". La presión funciona, explica, porque la propaganda crea una burbuja cerrada. Cuenta el caso de un conocido con ideas prooccidentales que, tras meses expuesto sólo a medios estatales, empezó a dudar. "Me dijo: 'Quizá Putin tenga razón'. Es el efecto de la propaganda. Te lava el cerebro poco a poco". Ese sistema está cuidadosamente diseñado. "La Administración presidencial enviaba instrucciones especiales: qué cubrir, cómo cubrir, qué ignorar por completo. Nunca nada positivo sobre Estados Unidos o Europa. Los nombres de exponentes de la disidencia estaban vetados: Alexei Navalny o Boris Nemtsov fueron completamente proscritos en las noticias". Lo resume así: "Construyen la narrativa de Putin con mucho cuidado. Es exactamente el estilo de Goebbels".
Tras la primera multa abandonó Rusia. Más tarde regresó para intentar recuperar a su hija, que seguía en el país. A las seis de la mañana, una docena de policías entró en su casa. "Me llevaron al centro de detención. Pasé la noche en una celda y al día siguiente me pusieron bajo arresto domiciliario". Tenía que esperar juicio. Entonces comprendió que, si se quedaba, podía pasar años en prisión. "Nueve días antes del juicio corté mi pulsera electrónica y crucé la frontera ilegalmente, bajo la cobertura de la noche". La huida fue, dice, "extremadamente peligrosa". "Cambiamos de coche siete veces. Caminamos por el bosque y por campos, escondiéndonos de la Policía fronteriza. El estrés era insoportable". Hoy vive en Francia como refugiada.
Un tribunal ruso la condenó en ausencia a ocho años y medio de prisión. Además, le retiraron los derechos sobre su hijo, que permanece en Rusia con su ex marido, un alto cargo del canal de propaganda RT. "Me convertí en la primera mujer en Rusia a la que se le privaron de derechos parentales por razones políticas", afirma. Su madre y su hijo no la apoyan. "Piensan que soy enemiga del Estado, una traidora. Mi hijo me dijo: 'Tú eres la persona que destruyó nuestra vida familiar'". No es un caso aislado. "Muchas familias ahora se parecen a la mía. Esta guerra divide a la sociedad rusa".
A pocos minutos a pie del sofá donde Ovsyannikova hace memoria, funcionarios ucranianos y rusos discuten sin acuerdo una salida a la guerra en un hotel de Ginebra. Nacida en Odesa y ucraniana por parte de padre, la periodista no confía en una paz negociada. "Putin no está interesado en un acuerdo. Sólo intenta ganar tiempo. Es un antiguo agente del FSB y miente todo el tiempo". A su juicio, la comunidad internacional subestima ese factor. "Dice que quiere un acuerdo de paz, pero no quiere detener la guerra". ¿Qué pasaría si tantos miles de soldados regresaran de repente de las líneas del frente? ¿Qué hará el Gobierno ruso con estas personas?". Además, cree que "si detienen la guerra con Ucrania, eso significará que Putin intentará invadir otros Estados bálticos, ya sabes, y otros países, Letonia, Estonia, quizá Polonia... Este tipo es demasiado peligroso".
En Rusia está en busca y captura por traidora. En Ucrania fue abucheada por haber sido propagandista rusa. Cuando mira atrás, no habla de heroísmo. Habla de límite moral. "Ya no podía estar de acuerdo con ese punto de vista. No podía seguir participando en una mentira".

