El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha decidido castigar duramente este viernes a Anthropic, una de las empresas punteras de Inteligencia Artificial y la que más integrada está dentro del ecosistema del Departamento de Defensa, como represalia por la decisión de ésta de no autorizar al Pentágono a usar su tecnología para fines que podrían llevar a la vigilancia masiva de estadounidenses o el uso de drones armados autónomos. El secretario de guerra, Pete Hegseth, había dado 72 horas a la empresa, con un plazo que vencía este viernes. Y poco antes de cumplirse, ha sido el presidente el que ha reaccionado con una decisión que puede afectar al ecosistema de IA de todo el país, así como a la forma en la que se libran las guerras.
"LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA JAMÁS PERMITIRÁN QUE UNA EMPRESA RADICAL DE IZQUIERDA Y WOKE DECIDA CÓMO NUESTRO GRAN EJÉRCITO LUCHA Y GANA GUERRAS! Esa decisión le corresponde a SU COMANDANTE EN JEFE y a los extraordinarios líderes que designo para dirigir nuestras Fuerzas Armadas", ha escrito en su cuenta de redes sociales, atacando las palabras del consejero delegado Dario Amodei, que el jueves, en un comunicado público, denuncia con detalle las exigencias del Pentágono, las presiones y las amenazas, que incluían la catalogación de Anthropic como un riesgo. "Estas amenazas no cambian nuestra postura: no podemos, en conciencia, acceder a su solicitud", dijo la compañía apelando a reservas éticas.
"Los izquierdistas desquiciados de Anthropic han cometido un ERROR DESASTROSO al intentar presionar al Departamento de Guerra y obligarlo a obedecer sus Términos de Servicio en lugar de nuestra Constitución. Su egoísmo está poniendo en riesgo VIDAS ESTADOUNIDENSES, a nuestras tropas y nuestra seguridad nacional. Por lo tanto, ordeno a TODAS las agencias federales del gobierno de los Estados Unidos que CESEN INMEDIATAMENTE el uso de la tecnología de Anthropic. ¡No la necesitamos, no la queremos y no volveremos a hacer negocios con ellos!", ha insistido el presidente.
No es sólo un castigo puntal, sino inédito, ejemplarizante y un aviso a navegantes. Igual que ha hecho con las universidades, los despachos de abogados o sus propios congresistas, Trump avisa a todas las empresas del sector, en un momento de enorme pujanza e inversiones de cientos de miles de millones de dólares, de las consecuencias de no plegarse a la voluntad total del Ejecutivo. Anthropic lleva mucho tiempo trabajando y estaba plenamente integrada en los servicios de Defensa, y fue utilizada incluso en la operación para la captura de Nicolás Maduro. Pero estas semanas, reiterando que no quiere entrometerse en las decisiones de seguridad nacional o las estrategias militares, se ha negado a lo que le pedía el Gobierno: darle un uso incondicional. En teoría hasta donde marca hoy la ley, pero con la gravedad de exigir que la tecnología siga ahí si las normas cambian. Una línea roja para Amodei y su equipo.
"Esta semana, Anthropic ha ofrecido una clase magistral sobre arrogancia y traición, así como un ejemplo clásico de cómo no hacer negocios con el Gobierno de los Estados Unidos o el Pentágono", ha señalado en un comunicado durísimo Hegseth .'Las acusaciones de "someter a las fuerzas armadas amparados en la retórica santurrona del "altruismo efectivo'" , o de querer "apoderarse del poder de veto sobre las decisiones operativas del ejército estadounidense" son gravísimas. Pero las consecuencias, aún más. "Su relación con las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y el Gobierno Federal ha cambiado para siempre. En conjunción con la directiva del Presidente para que el Gobierno Federal cese el uso de la tecnología de Anthropic, instruyo al Departamento de Guerra a designar a Anthropic como un Riesgo para la Cadena de Suministro y la Seguridad Nacional. Con efecto inmediato, ningún contratista, proveedor o socio que haga negocios con las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos podrá realizar ninguna actividad comercial con Anthropic", ha dicho Hegseth. Algo que no se ha hecho nunca con una empresa nacional y podría arruinarla, o como poco afectar seriamente a su futuro y a sus relaciones con gigantes e inversores como Google o Amazon.
Guerra en la opinión pública
La batalla lleva semanas en los despachos, pero ha pasado a la opinión pública en las últimas 48 horas. "Creo profundamente en la importancia existencial del uso de la IA para defender a Estados Unidos y otras democracias, y para derrotar a nuestros adversarios autocráticos. Por eso, Anthropic ha trabajado proactivamente para implementar nuestros modelos en el Departamento de Guerra y la comunidad de inteligencia (...). Claude se utiliza ampliamente en el Departamento de Guerra y otras agencias de seguridad nacional para aplicaciones de misión crítica, como análisis de inteligencia, modelado y simulación, planificación operativa, operaciones cibernéticas y más. Anthropic también ha actuado para defender el liderazgo de Estados Unidos en IA, incluso cuando esto va en contra de los intereses a corto plazo de la empresa", dijo ayer en su comunicado la firma. "Pero en un número limitado de casos, creemos que la IA puede socavar, en lugar de defender, los valores democráticos. Algunos usos también están simplemente fuera de los límites de lo que la tecnología actual puede hacer de forma segura y fiable. Dos de estos casos de uso nunca se han incluido en nuestros contratos con el Departamento de Guerra y creemos que no deberían incluirse", insistió Amodei en lo que respecta a la potencial vigilancia masiva de estadounidenses y aliados democrático y de los drones autónomos armados, que todavía son un peligro.
La reacción a ese comunicado ha sido salvaje, inédita. Trump, eso sí, se da margen para la desconexión de Claude, ya que necesitará un tiempo para que los sustitutos se pongan al día. "Habrá un período de descontinuación gradual de seis meses para agencias como el Departamento de Guerra que utilizan los productos de Anthropic, en varios niveles. Anthropic debería organizarse y colaborar durante este período de descontinuación, o usaré todo el poder de la Presidencia para obligarlos a cumplir, con graves consecuencias civiles y penales", volvió a amenazar el presidente.
Hoy mismo Sam Altman, ha movido ficha. Primero, en un mensaje a sus propios empleados en el que explicó que Open AI estaba trabajando con el Departamento de Defensa para ver si sus modelos podrían utilizarse en entornos clasificados, pero manteniendo las mismas medidas de seguridad que llevaron a su rival a este enfrentamiento. "Hace tiempo que creemos que la IA no debe utilizarse para la vigilancia masiva ni para armas letales autónomas, y que los humanos deben mantenerse al tanto de las decisiones automatizadas de alto riesgo. Estas son nuestras principales líneas rojas", escribió. Pero al mismo tiempo, dijo que "esta disputa no se trata de cómo se utilizará la IA, sino de control. Creemos que una empresa privada estadounidense no puede ser más poderosa que el gobierno estadounidense elegido democráticamente, aunque las empresas pueden tener mucha influencia. La democracia es compleja, pero estamos comprometidos con ella".
Horas después, cuando el Pentágono y la Casa Blanca ya habían señalado a su rival, Altman anunció que Open AI ocupará el vacío dejado. Pero lo hizo asegurando que se mantendrán las mismas líneas rojas marcadas por Anthropic. Esto es, no permitir el uso de su tecnología para vigilancias masivas en EEUU ni que haya, al menos por el momento, drones autónomos armados, porque no hay garantías de seguridad sin supervisión humana.
Open AI ocupa el espacio libre
"Esta noche, hemos llegado a un acuerdo con el Departamento de Guerra para desplegar nuestros modelos en su red clasificada. En todas nuestras interacciones, el el Departamento mostró un profundo respeto por la seguridad y un deseo de asociarse para lograr el mejor resultado posible. La seguridad de la IA y la amplia distribución de beneficios son la base de nuestra misión. Dos de nuestros principios de seguridad más importantes son la prohibición de la vigilancia masiva nacional y la responsabilidad humana por el uso de la fuerza, incluyendo los sistemas de armas autónomas. El Departamento de Guerra coincide con estos principios, los refleja en la legislación y las políticas, y los incorporamos en nuestro acuerdo", ha asegurado Altman generando una enorme polémica. "También implementaremos salvaguardas técnicas para garantizar que nuestros modelos se comporten correctamente, algo que el Departamento de Guerra también deseaba", seguía el mensaje que en su parte final se transforma en un intento de mediación para que las amenazas a su gran rival no se materialicen y todas las empresas sean tratadas igual.
El estupor en el sector es mayúsculo. O Altman miente y lo que ha firmado no es lo mismo que defendía Anthropic o bien el Gobierno ha aceptado con Open AI lo que negó a sus rivales y competidores, disparando los rumores sobre posibles conflictos de intereses, ya que hay miembros de la administración que tienen intereses comerciales en diferentes empresas. Así como dudas sobre qué papel juega en la polémica Palantir, la poderosa empresa de Peter Thiel, uno de los tecnogurús más influyentes del mundo. Que es donante de Trump y fue el gran respaldo de JD Vance en su carrera política.
"El gobierno estadounidense acaba de anunciar su intención de imponer sanciones similares a las de Irán, o a la inclusión en la lista de entidades de China, a una empresa estadounidense. Esta es, por un amplio margen, la medida política más perjudicial que he visto intentar implementar (aunque probablemente no lo logrará). Piensen en el poder que Hegseth está ejerciendo aquí. Afirma que el Departamento de Defensa puede obligar a todos los contratistas a dejar de hacer negocios con cualquier otra empresa. En otras palabras, el Secretario de Guerra puede negar a voluntad a cualquier actor económico todos los servicios y productos de cada vendedor de sistemas operativos, todos los fabricantes de hardware, todos los hiperescaladores y todos los tipos de empresas con las que contrata el Departamento de Defensa. Esto es, obviamente, una toma de poder psicótica. Es casi seguro que es ilegal, pero el mensaje que transmite es que el Gobierno de Estados Unidos es un socio completamente poco fiable para cualquier tipo de negocio. El daño causado a nuestro entorno empresarial es profundo. Ninguna de las vibraciones desreguladoras que transmite esta administración importa en comparación con este incendio provocado", ha denunciado Dean W. Ball, el que fuera uno de los principales asesores de Trump en materia de inteligencia artificial, y que lleva días avisando del peligro de este giro.

