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Música

Jarvis Cocker y el regreso de Pulp: "Estoy a favor de que los capullos que nos gobiernan se vayan a colonizar Marte y la Tierra se quede en nuestras manos"

La banda que lidera el mítico cantante publica 'More' tras 24 años de silencio. "Nadie nos pidió este disco, pero nos pareció buena idea y aquí está"

Jarvis Cocker y Nick Banks, en el centro, junto a Candida Doyle y  a Mark Webber
Jarvis Cocker y Nick Banks, en el centro, junto a Candida Doyle y a Mark Webber, integrantes de PulpTom Jackson
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Jarvis Cocker (Sheffield, 1963) está sentado al sol en la terraza del hotel NH Ventas en Madrid y, sin previo aviso, antes de empezar esta entrevista, se levanta y desaparece. Se bambolea por el pasillo con esas zancadas prominentes y esos brazos larguísimos para sorpresa de los presentes: agentes de prensa, periodista y hasta su batería Nick Banks (Sheffield, 1965). A mitad de camino parece arrepentirse y retrocede. "Oh, solo necesito ir un momento al servicio", aclara mientras sigue su camino, absorto, dejando atrás una enorme carcajada de su compañero de banda. "Es Jarvis...", dice, como si en esas dos palabras ya estuviera todo.

La escena, puramente cotidiana, podría ser el resumen de los últimos 24 años, los que Pulp lleva sin poner un álbum nuevo en el mercado. Jarvis -con Nick Banks, Candida Doyle y el fallecido Steve Mackey- se fue un día de 2002, sin avisar, tras romper su discográfica el contrato con la banda por las bajas ventas de su último disco, We Love Life, y con él se esfumó uno de los máximos exponentes del britpop noventero. Y, ahora, con la misma imprevisible normalidad, tras dos giras de reunión en 2011 y 2023, tienen disco nuevo. Como esa breve parada para ir al servicio que se alarga más de lo esperado.

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Porque nada parece haber cambiado en este tiempo aunque todo a su alrededor sea radicalmente distinto. More, el regreso de la banda tras más de dos décadas de silencio, suena a lo que siempre sonó: a su britpop. Ahora salpicado con transiciones más oscuras, que ya mostraron en This is Hardcore (1998); con sonidos inspirados en el northern soul británico de la década de los 70 como en Got To Have Love, uno de los singles de adelanto del álbum, o también en el jersey beat de principios de los 2000, con la mezcla del hip hop y house, que se ve en Slow Jam. Pero bajo todas esas capas sigue el Pulp clásico, el mismo Jarvis Cocker obsesionado con envejecer, cantando desesperado al amor y habiendo descubierto en esta nueva etapa el ecologismo y la meditación gracias a su actual mujer.

De eso van los once temas con los que la banda firma su regreso y que en apenas 10 días se grabaron en un estudio de Londres con James Ford, el productor de Arctic Monkey, de Florence + The Machine y de los últimos discos de Blur, Depeche Mode y Pet Shop Boys, a los mandos. «La gente podría decir que no nos supuso mucho trabajo, pero si algo sale rápido significa que está listo, que no lo estás forzando. No había razón, después de tanto tiempo, para hacer un disco nuevo, nadie nos había dicho que lo sacáramos ni nos habían contratado. Los decidimos nosotros, nos pareció buena idea y aquí está», explica el frontman de Pulp entre la fina ironía británica y la rotunda realidad. Y sigue Nick Banks, ya repuesto de su ataque de risa: «A pesar de nuestra avanzada edad, vamos tan a la contra de todo que si alguien nos dijera que lo hiciéramos, no lo haríamos seguramente».

P. ¿Por qué ahora han visto el momento de volver? ¿Y qué ha cambiado en Pulp?

J. C. Cuando puse el disco por primera vez a nuestro sello, Rough Trade, dijeron que era muy apropiado para mi edad. Nadie me había dicho eso en mi vida y me lo tomé como un cumplido. Una o dos canciones son antiguas, pero creo que el disco no es 1995.
N. B. No vamos a cantar ya sobre clubes juveniles ni sobre cómo conducir una chopper. Así que, sí, diría que es apropiado para esta edad. Será interesante ver cómo funcionan estas canciones en la gira, si se notan distintas entre el público junto a los temas antiguos.

P. La juventud, no envejecer, siempre ha sido una de sus obsesiones. ¿la música les hace sentir jóvenes de nuevo?

J. C. Es una pregunta muy difícil. Ahora hay más dolores y molestias físicas, pero estamos razonablemente bien. Me gusta pensar que aún tenemos suficiente entusiasmo juvenil para subirnos a un escenario. Aunque necesitemos más tiempo de recuperación, es genial estar en una banda porque te sientes mago. Todos sentados en un estudio, tocando, y una hora después has escrito una canción que no existía. Esa emoción no pasa de moda y es genial que otras personas tomen cosas de mi vida y se reconozcan.

P. Me gustaría insistirle en ese temor por hacerse adulto, que vuelve a estar en parte de este disco.
J. C. Siempre me ha preocupado envejecer, Help the Aged la compusimos en 1996 y yo no era tan viejo entonces. A nadie le gusta envejecer porque significa que algún día morirás. Estas letras son cosas que escribí en mi teléfono durante los últimos cinco o diez años, que sabía que me estaba haciendo mayor y supongo que eso se notó. Pero en realidad prefiero ser mayor que joven porque, ya sabes, te conoces un poco mejor y ya no te lanzas a hacer el ridículo.

P. En el primer tema de este álbum, ‘Spike Island’, usted canta: «Esta vez lo haré bien», «ni un chamán, ni un showman, avergonzado vendiendo los derechos» o «me tomé un respiro y decidí no arruinar mi vida». Suena como si estuviera buscando el perdón por la anterior etapa de Pulp. ¿Se arrepiente de algo de aquella etapa?

J. C. No creo que sea una disculpa, pero sé que no lo gestioné muy bien cuando nos hicimos populares. Y me he dado cuenta: tenía ciertas expectativas, pensé que mi vida cambiaría, pero uno no consigue que su vida cambie por arte de magia por hacerse famoso. Y creo que mucha gente crea bandas pensando que por ser famoso o ganar mucho dinero dejará de tener problemas.

N. B. Creo que los problemas son diferentes y van cambiando. Uno nunca sabe qué va a pasar y simplemente tienes que adaptarte. No creo que haya nada del pasado de lo que debas arrepentirte porque no puedes hacer nada al respecto. Solo debes encogerte de hombros, seguir adelante y pensar: «No haré eso porque va a doler».

P. ¿Les hubiera gustado, en ese caso, que esa primera etapa fuera distinta o hubiese acabado de otra forma?

J. C. ¿Me hubiera gustado que fuera diferente? Definitivamente sí, pero como dice Nick ya no va a ser diferente. Y me alegra que, aunque algunas cosas no me convencieron, sigo pensando que la música que hicimos fue buena y eso probablemente llevó a este disco. Nos reunimos en 2011 y seguía sonando bien porque pusimos mucho de nuestra vida en esas canciones. Quizás demasiado. Pero cuando volví a tocarlas, volvió la energía y eso me llevó a querer escribir nuevas canciones. Necesito energía para escribir y no puedo obtenerla de esas bebida energéticas. Así que he tenido que generar la mía propia.
P. En ‘Grown Ups’ ahondan en esa línea, mezclada de nuevo con su obsesión juvenil

J. C. Mi abuelo era enterrador y desde pequeño he sido muy consciente de la muerte porque veía los ataúdes que hacía.

N. B. ¿Y te metías dentro de ellos?

J. C. Mis primos solían hacer entierros falsos para sus muñecas, eran un poco macabros. En aquella época había muchos ataúdes pequeños porque la tasa de mortalidad infantil solía ser bastante alta. Así que en mi familia hemos sido muy conscientes de la muerte. Cuando te das cuenta por primera vez de que vas a morir cuando eres un niño es algo grande, descubres que no eres un espectador en la vida y que algún día la dejarás. Con Pulp hemos hecho Death Comes to Town, Death II... muchas canciones sobre la edad. Oh, quizás estaba más obsesionado con la edad y con la muerte cuando era más joven que ahora.

N. B. Una parte de tener una banda es tratar de evitar el envejecimiento, comprobar que puedes saltar y hacer cosas tontas sin ser joven.

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P. Ha vuelto Blur, ha vuelto Oasis y han vuelto ustedes. En ese mismo tema cantan «una última puesta de sol, un último resplandor de gloria». ¿Es ese el sentimiento que están viviendo en esa generación?

J. C. Ojalá que no y no lo creo. Este disco no tenía un concepto claro y eso fue a propósito. Tener un concepto claro y darle demasiadas vueltas a las cosas fue lo que acabó con Pulp. No puedes controlar tu vida por completo. Pero no puedo decir que esto será lo último que haremos porque nunca pensé que iba a suceder de nuevo.

N. B. Tener muy claro un concepto es restrictivo y si algo se sale de ese concepto lo vas a descartar. Si lo mantienes amplio, todo vale.

P. Toda la parte central de este álbum con ‘Slow Jam’, ‘Farmer Markets’, ‘My Sex’, ‘Got To Have Love’... Suena como un canto de amor desgarrado.

J. C. Espero que el amor no se muera nunca porque eso sería el final de la raza humana. Enamorarse de una persona no es algo lógico ni premeditado, es difícil de definir por qué te enamoras o, como en la música, por qué una canción te emociona o te deja frío. El amor es la base de la vida, si no lo tienes es muy aburrido. Got To Have Love es una letra antigua que no pude cantar cuando la escribí.

P. ¿Por qué?

J. C. Porque no me la creía bien, acababa de terminar una relación muy larga y no sabía dónde demonios estaba en términos de amor. Pero creo que ahora sin el amor no se puede construir nada bueno. Y creo que es razonable decirlo porque en muchos lugares hay gente que piensa que el amor no es necesario, que no es necesario tener sexo porque podemos clonar personas, ni casarse ni enamorarse porque todo será una línea de producción. Así que tenemos que luchar por el amor.

N. B. A nosotros nos gusta que estas cosas se mantengan. Somos seres físicos y queremos seguir amándonos. Yo soy fan de las películas distópicas, pero sería horrible que el mundo se convirtiera en una enorme máquina de producir a los mismos seres humanos.

J. C. Quiero dejar de vivir en este mundo distópico, me gusta un futuro utópico en el que la naturaleza está en el centro. Siento que muchos de los problemas modernos se deben a que la gente está engañada con el cambio climático y ve la naturaleza como un enemigo que va a derribar su casa o causarle un cáncer de piel.

P. ¿Cuáles son las prioridades de Pulp? Preparando esta entrevista me encontré con un artículo de un diario británico en el que decían que ustedes eran una mezcla de ideales punk con espíritu pop, hablaban mucho de la gentrificación, de cuestiones políticas, de su desprecio a la extrema derecha... y ahora todo eso está de vuelta.

N. B. La situación mundial da bastante miedo y ya lo dijo Jarvis en uno de sus discos en solitario: que los capullos siguen gobernando el mundo y no tienen intención de soltar el control. ¿Por qué si eres el hombre más rico del mundo querrías ser un completo imbécil y no hacer del mundo un lugar mejor? No entiendo por qué pudiendo erradicar la pobreza mundial, simplemente no lo hacen.

J. C. El mundo está en un estado lamentable ahora mismo, todo son cenizas. ¿Por qué esa gente se quiere ir a Marte a -200 grados? Estoy totalmente a favor de que esos capullos se vayan a colonizar Marte y La Tierra se quede en manos de quienes la quieran y la mejoren. Es una de nuestras únicas soluciones. Esa es mi utopía, que todo se vayan al espacio y nosotros podamos quedarnos aquí.

P. ¿Consideran que Pulp entonces es una banda política?

J. C. No lo somos. He escrito sobre temas políticos, pero siempre desde una perspectiva personal. No me considero un compositor político, pero creo que es importante escribir de algo que te haya sucedido y comprender el mundo.

N. B. Dicho esto, la política nos afecta a todos de alguna manera. Puede que no escribas sobre destrozar el sistema, pero de alguna manera te afectará la política.

J. C. Cuando montas una banda en Sheffield mientras ésta está completamente diezmada por el gobierno de Thatcher, con toda la industria cerrada y llena de parados pensando qué iba a ser de su vida, hay un efecto. Eso está dentro de mí como algo personal. Por eso es importante profundizar en las cosas en lugar de leerlas y soltarlas ahí. Eso es lo que pasa con el mundo moderno, que ves cosas y crees que las conoces... y sólo has visto representaciones. Es un elefante, hasta que no te lo encuentras en la vida real no sientes lo que grande que es y lo fácil que puede aplastarte.