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La semana pasada gran parte de las publicaciones y medios de comunicación declararon a la Infanta Cristina, vestida de Escada, como la invitada más elegante y guapa de la boda de José Luis Martínez-Almeida y Teresa Urquijo. Las loas a la que fuera duquesa de Palma recordaban a aquella fiesta Telva del año 2004 en la que Nati Abascal se levantó de su silla para acercarse a la mesa presidencial en la que cenaba tranquilamente la hija menor del Rey Juan Carlos y, clavando la reverencia rodilla en suelo (con esas piernas tan larguísimas tuvo su mérito), le espetó: "¡Ay alteza, estáis tan guapa que no la había reconocido". La maniquí tenía razón. Estaba impresionante. Doña Cristina solo pudo contestar con un tímido "gracias, Nati". Un halago de doble filo.
En 2004, aún no se sabía nada de lo que luego se llamaría caso Nóos y que acabaría con la Infanta Cristina imputada y condenada a una multa de 136.000 euros y su marido Iñaki condenado a cinco años y diez meses de prisión por "malversación, tráfico de influencias, prevaricación, fraude a la Administración y dos delitos fiscales".
Hace tan solo unas semanas terminó de pagar la multa de 1,2 millones de euros, de los que 200.000 correspondían a facturas que se habían pagado incorrectamente, tal y como cuenta a LOC Mario Pascual Vives, abogado de Iñaki Urdangarin desde que se inició el proceso y uno de los secundarios imprescindibles en esta historia de amor, dinero y poder. "El tribunal posteriormente le devolvió 35.000 euros. La Infanta pagó su sanción en 2016", cuenta.
El caso Nóos acabó con la Familia Real dividida entre ejemplares y no ejemplares, primero, y Familia Real y familia del Rey, después. Con el Rey Juan Carlos en Abu Dhabi.
Por otro lado Felipe y Cristina, que una vez fueron "uña y carne" por utilizar un lugar común de las revistas del corazón, siguen distanciados, aunque solo estén a unos pocos kilómetros cuando la Infanta pernocta en Zarzuela con su madre. Y en esa travesía vital, la Infanta no solo fue despojada del ducado de Palma y de la simpatía de los españoles, acuciados aquellos años por la brutal crisis económica y con un término -la corrupción de los políticos y cargos públicos- arraigado como preocupación principal, según el CIS. [y entonces Tezanos no estaba a cargo]. También, tras visitarle tantas veces en la prisión de Brieva (Ávila) durante tantos años, Cristina perdió definitivamente a su marido tras años de rumores de crisis, siempre saldadas con lealtad y firmeza.
Cuando Urdangarin estaba cumpliendo el tercer grado penitenciario entró a trabajar en Imaz Asociados, un despacho de abogados en el que conoció a Ainhoa Armentia, una compañera también casada y con hijos. En 2022 se publicaron las fotos que acabarían con el matrimonio de Iñaki Urdangarin y Cristina de Borbón, un matrimonio que parecía a prueba de la cárcel, de la condena social, del ostracismo, de la familia...
Este lunes Iñaki terminó su condena de cinco años y 10 meses de cárcel en libertad vigilada. Lo hizo en Vitoria, donde vive con Ainhoa Armentia y está su madre, Claire Liebaert, que ya tiene 87 años, y de la que quiere estar cerca.
"Siempre le digo a Iñaki que no mire atrás de lo que ha sido todos estos años. Que piense en el futuro. Ahora mismo lo que más le preocupa es encontrar un trabajo porque lo necesita económicamente pero también mentalmente. Y lo que más le gustaría sería poder trabajar en España, porque aquí es donde está la familia".
Este deseo desmiente esas afirmaciones que situaban a Urdangarin en el extranjero disfrutando de lo que algunos describían como un beneficioso acuerdo de divorcio para él. "El dinero de la multa lo ha pagado con la venta de la casa de Pedralbes y un apartamento que tenía en Barcelona", explica a LOC cuando le preguntamos cómo ha hecho para desembolsar en efectivo la abultada cantidad. El abogado de Urdangarin prosigue. "En la cárcel nunca se está bien (él estaba solo). Hizo dos cursos, no sé de qué, y se hizo más fuerte mentalmente".
Uno de los mayores apoyos de Urdangarin es la familia. La prueba de que, en efecto, los entonces duques de Palma eran el matrimonio que mejor funcionaba de la Casa Real fue que Cristina estuvo con su marido contra viento y marea y contra las presiones del propio Rey Juan Carlos y de su hermano Felipe para que se divorciara y se consumara así el famoso cortafuegos que debía preservar a la Corona del daño reputacional que podría generar el caso. La prueba de ello es que los cuatro hijos de la pareja nunca dan un solo escándalo, son discretos y deportistas y apenas se sabe de ellos, salvo cuando la prensa insiste en preguntarles, aunque ellos respondan siempre con exquisita educación.
"La Infanta Cristina es una mujer extraordinaria. Se mantuvo hierática (sic) y firme ante las adversidades al lado de su marido. Es fácil mantenerse así cuando se está arriba, pero cuando se está abajo tras la caída requiere de ese carácter del que he hablado", asegura el abogado.
El tipazo de Cristina
Urdangarin mantendrá sus antecedentes penales tan solo cinco años si no vuelve a delinquir. Otra cosa son los antecedentes matrimoniales, que no borraría ni el Tribunal de la Rota. Hubo amor y de verdad en esa pareja y buena prueba son sus hijos y el empeño de la Infanta en preservar su matrimonio. No es de extrañar que el divorcio de Iñaki, la exposición con su novia, hubiesen resquebrajado, al menos internamente, ese hieratismo que glosa Pascual Vives. Algunos especularon sobre lo mal que lo estaba pasando y señalaron que se aferraba al anillo de compromiso como si no se quisiera despedir de aquel que contrajo matrimonio en Barcelona en 1994. Un amigo lo desmiente. "Simplemente se ha puesto a hacer ejercicio, que es lo que mejor le viene a las mujeres cuando pasan por estas situaciones. Y se ha puesto estupenda. Tiene tipazo. El otro día se puso en bikini y... Con Iñaki tiene poco trato y cuando se ven son siempre cordiales. Esa familia ha vivido muchas adversidades y eso une mucho".
La Infanta poco a poco trata de encontrar su sitio en España y en la nueva estructura de la familia Borbón-Grecia. De momento seguirá en Ginebra, donde pasa tiempo con su padre cuando viaja a Suiza. Al mismo tiempo sigue trabajando en la fundación del Aga Khan, que como sabe cualquier persona que viaje por Oriente Próximo realiza una gran labor social y construye parques, jardines públicos y hospitales.
Como es lógico, su mayor preocupación son su familia y sus hijos. Tras la marcha del Rey a Abu Dhabi la Familia Real se ha visto reducida a Doña Sofía, los Reyes, la Princesa de Asturias y la Infanta Sofía. Y Cristina trata de pasar todo el tiempo que puede con sus padres. Don Juan Carlos tiene 86 años pero, según los que la tratan, la Reina Sofía está más frágil. De ahí que esta Semana Santa se dejara ver en compañía de su hija.
El acercamiento a su hermano -ya saben: uña y carne- es imposible. El Rey siente mucho el difícil trago de su hermana y lo mal que lo ha pasado. Sin embargo, la ejemplaridad, estar limpio de pecado, polvo y paja, es parte indispensable del carácter que quiere imprimirle a la Corona. La relación es casi nula, aunque entre los dos hermanos las cosas se han suavizado y el pasado fin de semana compartieron varias comidas toda la familia. Todo era como en los viejos tiempos, aunque todo hubiese cambiado.
Otra cosa son los hijos. Leonor y Sofía sí que hacen buenas migas con sus primos. Se lo pasan bien juntos, se bañan en la piscina... Sobre todo con Irene, que estuvo pasando unos días con su abuela -dicen que es su "nieta favorita"- en Zarzuela antes de marcharse a colaborar en la ONG de Kike Figaredo en Camboya. Para Cristina es casi una obsesión que Irene, de 18 años, no se convierta en un rostro habitual de los medios y ni mucho menos que la comparen con su prima Victoria Federica ni con Leonor porque "van a tener vidas muy diferentes".
De hecho, la Infanta está muy preocupada porque una agencia haya conseguido fotografiar a la niña en el país asiático hasta donde viajaron para seguirla durante dos semanas. "De hecho, en las fotos se nota el careto de hastío de la niña por la presencia de los paparazzi". El problema es que Irene vende y las revistas lo saben. El año que viene empezará la universidad.
El pasado sábado, la Infanta Cristina estaba muy guapa. ¿La hubiera reconocido Nati Abascal? Las caídas sirven para levantarse con dignidad.



