CASA REAL
Casa Real

Resucita el escándalo por la entrevista de Lady Di en la BBC, otro clavo en el ataúd de la cadena pública británica

Hace cuatro años el periodista que logró que la princesa confesara su adulterio dimitió por reconocer que la engañó. El escándalo se une a la manipulación del reportaje sobre Trump.

Imagen de la entrevista que la princesa de Gales concedió en 1995 al periodista de la BBC Martin Bashir.
Imagen de la entrevista que la princesa de Gales concedió en 1995 al periodista de la BBC Martin Bashir.
Actualizado

"Era un matrimonio de tres personas, así que estaba un poco abarrotado". Hace justo 30 años que la princesa Diana de Gales lanzó esa frase en el programa de la BBC Panorama. Diana y Carlos -hoy, Carlos III de Inglaterra- todavía estaban casados, aunque llevaban separados cuatro años, literalmente haciendo cada uno la vida por su cuenta.

Pero nadie esperaba que la princesa acusara al heredero de la corona de haberle sido infiel desde antes de su matrimonio. Fue, también, la primera vez que un miembro de la Familia Real británica -y, tal vez, de cualquier familia real del mundo- admitió en televisión haber sufrido depresión de la gravedad suficiente como para haber caído en la bulimia y en las autolesiones. Fue otro éxito periodístico de Martin Bashir, de Panorama, que en 2003 lograría su mayor exclusiva: el reconocimiento por parte de Michael Jackson de que había pasado la noche en la misma cama con niños.

Para saber más

Bashir se transformó en una de las grandes estrellas de la televisión mundial, a pesar de que muchos profesionales decían que el tipo no les inspiraba plena confianza. Y Panorama consolidó su papel como uno de los 'metro-patrón' del periodismo a nivel planetario.

Sin embargo, la princesa había sido una víctima de la BBC mucho más que de los Windsor. Bashir logró que Diana se sentara y hablara porque primero engañó al hermano de la (todavía) esposa de Carlos, Charles Edward Maurice Spencer, conde Spencer. El periodista le mostró documentos falsificados creados para probar la inexistente historia de que Buckingham había espiado a la que se suponía que iba a ser reina de Inglaterra. Spencer los aceptó por verdaderos, y se lo contó a Diana. Ésta, furiosa, accedió a hablar con Panorama como un acto de venganza contra los Windsor.

El príncipe y Lord Hall, director general de la BBC.
El príncipe y Lord Hall, director general de la BBC.G3

Así, la entrevista que abofeteó a la monarquía británica en 1995 lo ha hecho, en este 2025, a otra institución puramente británica cuyo prestigio, antes universal, se está hundiendo a una velocidad mayor que el de los Windsor en los 90: la BBC. Panorama se ha convertido hoy en una soga al cuello de la Corporación Británica de Radiodifusión. Primero, por el reconocimiento de que había manipulado un discurso de Donald Trump para que pareciera que había incitado a sus seguidores a asaltar el Capitolio. Después, por su sesgo en favor de la ideología woke. Y, ahora, ironía de las ironías, por la entrevista a Diana.

Porque el escándalo de la falsificación de los documentos, que había estallado hace cuatro años y costado el cargo a Bashir, que dejó la cadena hace cuatro años, acaba de regresar. Primero ha llegado el libro Dianorama, del periodista de investigación Andy Webb, en el que se detalla con todo lujo de detalles cómo Panorama engañó al conde Spencer para que éste manipulara inconscientemente a su hermana.

El libro, que llega en el peor momento para la BBC, cuenta, además, con la colaboración del propio Spencer, y aporta lo que parecen pruebas de que la entrevista de Panorama agravó los problemas personales de la princesa. Diana empezó a vivir en una cierta psicosis conspiratoria en la que todo el mundo la espiaba, lo que le llevó a despedir seis meses después de la entrevista a su secretario personal Patrick Jephson, que en 2022 recibió una "indemnización sustancial" de la BBC y una disculpa oficial de la cadena.

Y ahí ha vuelto a entrar el conde Spencer. Porque, en la noticia de la web de la BBC en la que se informa de la publicación de Dianorama, se dice que éste "ha esperado 25 años para desvelar el engaño". El hermano de Diana ha reaccionado pidiendo una rectificación a la cadena -lo que ha logrado inmediatamente- pero, también, una investigación más a fondo que la llevada a cabo en 2021, que destape quiénes estuvieron envueltos en la falsificación más allá de Bashir, cuyo afán de protagonismo acabó convirtiendo en el 'cabeza de turco' ideal para que la BBC pudiera hacer borrón y cuenta nueva. De hecho, la primera vez que Spencer se dirigió a las más altas instancias de la BBC fue hace exactamente 20 años, cuando escribió pidiendo responsabilidades a Mark Thompson, entonces máximo responsable de la cadena de radiotelevisión y, después, consejero delegado del New York Times y, ahora, de CNN.

Nada de eso va a arreglar el efecto de la entrevista, que convirtió a Diana en una víctima y dio un golpe brutal a la casa real de los Windsor. Aquel 20 de noviembre de 1995, el Reino Unido perdió la inocencia sobre la monarquía. También la perdieron los otros 15 países que tenían a la reina de Inglaterra como jefa de Estado. Fue la puntilla a una cascada de años catastróficos para la realeza británica, tras el 'annus horribilis' de 1992 y la 'Guerra de los Gales', que siguió a la separación de Carlos y Diana, príncipe y princesa de Gales, y que culminó en octubre de 1994 con la portada del semanario The Economist -en aquella época, una de las revistas del 'establishment' conservador del país- titulada La Monarquía: una idea cuyo tiempo ha pasado.

Hoy, la BBC afronta una crisis de imagen como la que hace tres décadas ella contribuyó a atizar contra los Windsor. Los escándalos sobre su sesgo ideológico y más allá, el debate sobre lo que es "verdad" y no en un país fragmentado política, social y hasta étnicamente como es el Reino Unido han puesto hoy a la BBC, por primera vez en sus 103 años de existencia, en peligro. Lo último que necesitaba la Corporación era una demanda del hermano de Lady Di. El 'annus horribilis' de la BBC, además, va a continuar en 2026. Lo único que le falta es una portada de The Economist que diga que su tiempo ha pasado.