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El jueves, en Abu Dabi, el rey Juan Carlos se levantó pletórico. Los mensajes no cesaban de llegar. La mayoría le remitía artículos en los que se alababa su papel en el 23-F tras la desclasificación de los documentos. "Al final van a reconocer lo que hice. Voy a acabar ganando". El Rey habla así: directo, sin rodeos. Es caballo viejo; no puede perder la flor que le dan.
El Rey Juan Carlos dedica buena parte del día a intercambiar mensajes con amigos. Muchos le preguntaron si no había llegado ya el momento de regresar a España. La respuesta es una ecuación compleja en la que intervienen Zarzuela, el Gobierno de Sánchez y el propio Don Juan Carlos. No es sencillo alinear miradas que a menudo son divergentes.
La desclasificación de la documentación del 23-F ha devuelto al Rey Juan Carlos al papel de héroe, respaldado por grabaciones y documentos, tras varios años en los que las teorías sobre su implicación en el golpe habían ganado terreno en el imaginario colectivo y en la conversación pública. No es extraño que Alberto Núñez Feijóo escribiera en X que "sería deseable que el Rey Emérito regresara a España" y que "debiera pasar la última etapa de su vida con dignidad y en su país". Más allá de la denominación -emérito, término que detesta-, tampoco debió de agradarle la alusión a la última etapa de su vida. El rey viejo es supersticioso y rechaza cualquier insinuación de ocaso. No le gusta que se subraye su soledad en Abu Dabi. Le acompañan tres escoltas; a veces lo visita su nieto Felipe (Froilán), que trabaja en los Emiratos, y mantiene contacto frecuente con sus dos hijas. En Abu Dabi le dan el tratamiento de anterior jefe de Estado que no se le da en España. Se mueve como quiere y la familia real del emirato le ha puesto todo lo que quiera a su disposición. Hospitalidad árabe.
El mensaje de Feijóo no puede confundirse con la iniciativa de un grupo de monárquicos -Esperanza Aguirre, Iván Espinosa de los Monteros, entre otros muchos ciudadanos- que abogan por un regreso inmediato que compara con "la vuelta del Madrid después de ganar la Champions". El padre del Rey sabe que solo podría volver con la aquiescencia de Felipe VI y, previsiblemente, con el acuerdo del Gobierno.
Estabilidad institucional
Esa sería la única vía. La eventual vuelta debería estar tan medida como la decisión que le llevó a abandonar España el 3 de agosto de 2020 para evitar que las investigaciones judiciales se convirtieran en el flanco débil del reinado de su hijo, que lo condicionaran. La prioridad sigue siendo la estabilidad institucional.
Algunos sectores conservadores intentan utilizar la distancia entre padre e hijo como ariete político. Ya advirtió Cayetana Álvarez de Toledo de que la desafección hacia la Monarquía desde posiciones extremas, sobre todo en la derecha, entraña riesgos. Gabriel Rufián, por su parte, afirmó el jueves que era preferible que "los delincuentes no regresaran a España". Es su estilo.
En el entorno cercano del Rey también se defiende su retorno, aunque por motivos distintos: "Que vuelva ya. Sería una pena que el rey que nació en el exilio se muriera lejos de España". Sin embargo, incluso quienes sostienen esta posición reconocen que la decisión no depende exclusivamente del padre del Rey, que es lo que se apunta desde Casa Real.
El ministro Félix Bolaños fue más matizado: "La decisión de si regresa o no a España le corresponde exclusivamente a él y también, en su caso, a la Casa Real".
La cuestión fiscal es determinante. Actualmente tributa en Abu Dabi y lo seguirá haciendo mientras no permanezca en España más de 183 días al año. La Casa Real puso ayer como condición para su regreso que "recupere la residencia fiscal en España". En unas semanas tiene previsto instalarse unos días en la casa de su amigo Pedro Campos en Sanxenxo, prueba de que no está exiliado ni tiene prohibida su entrada a España. Otra cosa es que decidiera quedarse, como parece que es su deseo.
Para residir de forma estable, explican los que le quieren bien sin peloteos, sería necesario redefinir su estatuto institucional, su papel. Desde 2020 no percibe la asignación anual de 194.000 euros que le correspondía como miembro de la Familia Real. En otros países, un ex jefe del Estado suele disponer de una estructura que garantice independencia económica y operativa. González, Rajoy y Aznar disponen de una oficina con secretaría, dos personas de apoyo y durante dos años el 80% de su sueldo.
El fantasma de Corinna
Quienes conocen su situación recuerdan que tuvo que afrontar una regularización fiscal de 4.395.901,96 euros, incluyendo intereses y recargos. No todos los que se consideraban sus amigos cuando era jefe de Estado estuvieron dispuestos a ayudarle entonces (los nombres les sorprenderían) a pagar lo que le correspondía a Hacienda. La pérdida de los 65 millones de euros vinculados al conflicto con Corinna Larsen también ha pesado en su situación patrimonial. Según publicó EL MUNDO, ha manifestado a personas de su entorno la necesidad de "monetizar su legado", lo que explicaría la publicación de Reconciliación, sus memorias escritas con Laurence Debray, y la posibilidad de que hagan una serie en Netflix.
Desde su llegada a Abu Dabi el 4 de agosto de 2020, las rutinas del Rey Juan Carlos han cambiado. Llegó con 83 años; hoy, a los 88, se desplaza en silla de ruedas y ha tenido que adaptar su residencia en la isla de Nurai. Temporalmente se aloja en un hotel del emirato, invitado por el jeque Mohamed bin Zayed. Quienes le han visitado aseguran que mantiene bien la sesera. "De cabeza está muy bien", afirma un amigo cercano. Otra cosa es la movilidad; lo que le impidió acompañar a Doña Sofía cuando murió su hermana, la princesa Irene.
Ayer todos los medios volvían a poner sobre la mesa la conveniencia de que el Rey vuelva. No diremos a morir porque ya sabemos que lo que quiere es vivir en España. Por supuesto, insisten sus cercanos, lo tendrá que hacer cumpliendo con sus obligaciones, pero de acuerdo con su dignidad de ex jefe de Estado y de lo que ha significado para la Historia. Otra cosa sería impensable y perjudicial para la institución, como ya saben los que señalan a Zarzuela como culpable de que no pueda volver a España. Evidenciar la brecha entre padre e hijo no es positivo para la jefatura del Estado.
Sus memorias
Reconciliación ha vendido, según fuentes editoriales, cerca de 250.000 ejemplares en cuatro meses. Cuando decidió publicarlo, pese a las reticencias de los que le quieren -incluido su hijo-, dijo que sentía que le estaban robando su propia historia. La de un príncipe designado por Franco que impulsó la transición a la democracia renunciando a los poderes heredados a título de rey del dictador.
La encargada de supervisar las ventas de una conocida cadena de Madrid relata que, en su mayoría, los compradores eran personas mayores. "O chicos jóvenes que le querían hacer un regalo a su abuelo". Un perfil claro, como los que les gusta a los que segmentan los libros, aunque coincide con lo que los vulgares llaman señoros. Cualquiera preferiría llamarlos caballos viejos.
El padre del Rey no va con su pasito apurado como el caballo de la canción, pero a Felipe VI tampoco le sobra precisamente la edad. El tiempo de su padre sigue corriendo pero ya pasó. Él quiere ganar todas sus batallas, sobre todo la de su propio relato, la de la historia, antes de muerto. Esta semana, la desclasificación de los papeles del 23-F le ha hecho ganar una batalla. Es seguro que él preferiría ganar el presente y que su vuelta no supusiera debate alguno que perjudicara a su hijo.
Carlos Herrera, un amigo leal
Una de las últimas fotos del Rey Juan Carlos ha sido con Carlos Herrera, que acudió a visitarle al hotel de Abu Dabi en el que se hospeda mientras duran las obras que adaptarán su casa a la silla de ruedas que utiliza para desplazarse.
El popular periodista de Cope ha señalado al Ejecutivo de Pedro Sánchez como el responsable de que el padre del Rey no pernocte más días en Madrid: "Él no vuelve de visita a Madrid porque no puede dormir en su casa, porque se le ha dicho, 'no te puedes quedar en La Zarzuela'".
El periodista también preparaba un libro de memorias que con mucha lealtad ha postergado. En estos seis años le ha visitado en varias ocasiones y charla con él con asiduidad.





