Las pistas de baile han vuelto a ser eso mismo desde esta madrugada en Madrid: lugares en los que la gente puede moverse al ritmo de la música como se hacía antes de que se prohibiera hace 19 meses por la irrupción del coronavirus. Pero en esa estampa de presunta vuelta a la normalidad hay tres diferencias básicas con la de la prepandemia: no se puede consumir bebidas, nada de agarrarse por mucho que suene una canción propicia para ello porque hay que «procurar mantener la distancia de seguridad interpersonal» y es obligatorio usar mascarilla «de forma correcta».
Los encargados de «velar» por que los usuarios respeten las normas son los «titulares» de los establecimientos, según consta en la modificación de la orden de la Consejería de Sanidad que flexibiliza las restricciones antiCovid de las discotecas. En ella se apunta a «una tendencia descendente y consolidada del número de contagios», pero también se recuerda que la situación no ha dejado de ser una «emergencia».
«El sector tiene que seguir demostrando su compromiso en el cumplimiento de las medidas higiénico-sanitarias, pero tenemos que ejercer un función de control y está claro que nosotros no somos policías ni tenemos atribuciones de policías», se lamenta Vicente Pizcueta, portavoz de la asociación Noche Madrid. «¿Que hay que asumir la responsabilidad? Efectivamente, pero aquí lo que hace falta es que nos corresponsabilicemos», añade apelando a la colaboración de trabajadores y clientes en esta nueva etapa.
Según los cálculos de su organización, sólo 1.100 de los 1.600 locales de ocio y espectáculos que había en la región antes de la pandemia han tenido actividad económica en los últimos meses, aunque todos «abriendo a pérdidas, porque se perdía más dinero sin abrir que abriendo». No obstante, confían en que con la vuelta desde el lunes al 100% de los aforos y la posibilidad de estar de pie junto al incremento paulatino del turismo se recupere la actividad de establecimientos como los tablaos flamencos y las salas de conciertos.
En Noche Madrid apuntan que éste es el primer mes en el que los negocios esperan salir de los números rojos y alcanzar, de media, al 47,9% de la facturación que tenían en octubre de 2019. Además, señalan que la región se ha convertido ahora en «una tierra de oportunidades» en cuestión de traspasos y de inversiones que les consta que «ya se están produciendo».
«Sin embargo, en términos de empleo ahora tenemos un serio problema: no estamos cubriendo las plantillas», advierte Pizcueta. «Al ser un sector con contratos a tiempo parcial y las minoraciones que se hacían, ha habido gente a la que la prestación que les llegó, cuando les llegó, estuvo en torno a los 250 euros. Se ha producido una fuga de talento dentro del sector porque la gente se tenía que buscar la vida», añade con preocupación ante la campaña de Navidad para cuando se espera la «recuperación definitiva» con un déficit de entre uno y tres trabajadores por local, en conjunto más de 1.000.
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