- Indiano en Chamberí La fruta que llega a Madrid, la que desaparece y la que regresa
Uno de los componentes más mencionados y a la vez más imprevisibles -porque no existía casi ninguna tradición aquí- de la transformación de Madrid en meca turística de fama mundial a lo largo de los últimos años ha sido la explosión del teatro musical, con múltiples obras constantemente en cartelera que atraen a millones de espectadores de aquí y de muy lejos. Se ha llegado a colocar a nuestra ciudad a la altura de Nueva York y Londres como las tres mecas mundiales de los musicales. Pero, como revelaba hace días en estas páginas un estremecedor reportaje de Ruth Díaz, no es oro todo lo que reluce tras las candilejas de nuestros proscenios, y la Gran Vía esconde muchas más trampas y miserias que Broadway o el West End.
Así, hemos sabido que hace muy poco que por fin se ha formado aquí una Coordinadora de Músicos de Teatro Musical (CMTM), con 250 miembros, que es toda una cifra en un oficio tan bohemio y poco dado al asociacionismo. Y nos hemos enterado del muy pobre nivel de ingresos de esos músicos y de un fenómeno que se va extendiendo y del que los espectadores que pagan sus buenos euros y creen oír música en directo no son en absoluto conscientes: los dueños de varios teatros acostumbran a grabar una de las primeras representaciones, y luego, en otras sesiones y desde luego en giras, lo que el público escuchará será música grabada, porque en el foso no habrá nadie y la empresa tendrá un gasto cero en músicos.
Lo tremendo, dicen los intérpretes, es que son el único colectivo del teatro que no se rige por el Convenio de Teatro de la Comunidad de Madrid, sino tan solo y sin más por el Estatuto General de los Trabajadores. Añaden que sus ingresos están en caída mientras suben los beneficios de las empresas. Hemos leído comentarios según los cuales siempre ha sido así, pero aunque fuese cierto sería de un tercermundismo inaceptable en un país avanzado frente a estos artistas. Y no comparen con los activos sindicatos de músicos británico y norteamericano: la sección neoyorquina (Local 802) del sindicato American Federation of Musicians ha arrancado convenios colectivos y mejoras a la patronal de Broadway y frenado la tendencia, que allí también surgió, a la música enlatada haciéndose pasar por música en directo.
El Convenio en el que deberían integrarse los músicos es un reglamento de la Comunidad de Madrid, y por eso quien hoy debería tomar cartas en el asunto es Isabel Díaz Ayuso, su presidenta, para demostrar que las proclamas de libertad y oportunidad en esta comunidad no son letra mojada, subcontratas incluidas. Que ya está bien.

