El primer año del segundo mandato de José Luis Martínez Almeida a la cabeza de nuestro Ayuntamiento se ha celebrado con pompa y circunstancia, y por nuestra parte le daremos un aprobado alto, algo superior al de la anterior etapa, con un esfuerzo visible por mejorar la limpieza del aire, del suelo y del subsuelo, así como otros pasos adelante que nuestro edil no puede apuntarse en exclusiva, como es el estallido de interés internacional -tanto turístico como empresarial- por Madrid. Pero las tareas pendientes, incluidas algunas que no se han acometido con excesiva eficacia, son importantes y determinarán el juicio que se pueda hacer del final de este mandato.
Hay cosas que el Ayuntamiento no rige directamente, y hay que buscar más responsables, desde el orden público hasta el Metro de Madrid. Y la seguridad y la movilidad van a ser, sin duda, dos grandes piedras de toque en una ciudad donde muchos automovilistas se van a encontrar con que ya no pueden circular a partir del 1 de enero próximo, con la entrada en vigor de nuevas restricciones.
El transporte público y colectivo es la clave esencial, junto a otros elementos más minoritarios para esa movilidad -bicis, motos, patinetes-, cuya reglamentación se ha hecho hasta ahora con demasiada laxitud, o incluso tolerancia, facilitando un incremento indeseable de los sustos y los accidentes. Las normas de tráfico deben aplicarse a todos los vehículos, igual que los festejos nocturnos deben regularse de manera similar en todas las calles. El madrileño y el visitante deben saber a qué atenerse.
Una coordinación mayor, y más presupuesto, debe lograrse para el que nos parece elemento crucial de esa movilidad, el Metro, que gestiona la Comunidad, no el Ayuntamiento. Mejor sería una gestión compartida para ejecutar las tareas de modernización, tan necesarias en muchas líneas y estaciones.
Si va a ser el medio dominante para una mayoría de los madrileños -y hacia eso vamos, porque es el único que no se topa con obstáculos en superficie, el más rápido- hay que dotar a todas las estaciones de ascensores y escaleras mecánicas porque, con una población que va envejeciendo, sin ellos el Metro es una tortura... o inutilizable. Que participe el Ayuntamiento.
Y, ya puestos a ello, evitemos desconchones inexplicables, arreglemos y hagamos más verde el entorno urbano. Vean un ejemplo: alrededor de la fuente de San Juan de la Cruz, con su Mano de Botero, el parquecillo es un erial de hierba reseca. Y a 10 metros, en los bulevares de la Castellana, el suelo está tapizado de lustrosa hierba verde. Un poco de cuidado, señores ediles...

