«En los pueblos, tranquilidad». Desde el PP de Madrid ayer se miraba de reojo al terremoto autonómico que Vox había desatado al forzar la salida de sus consejeros en los ejecutivos regionales. La sacudida, por el momento, no llega a los 24 municipios de la Comunidad donde el partido de Feijóo gobierna con el de Abascal desde que arrancó la actual legislatura, hace poco más de un año. Conocida la orden de la dirección voxera, en el PP de Isabel Díaz Ayuso repasaron el mapa de localidades donde necesitan el apoyo de su socio (y rival) para sujetar el cetro de mando. Eran 27 hasta hace poco, pero diferentes problemas, ninguno relacionado con asuntos nacionales ni, mucho menos, de políticas migratorias, forzaron la ruptura en tres de ellos en los últimos meses: Pedrezuela, Colmenar de Oreja y Humanes.
¿Las razones? De todo un poco, en esos micromundos que engloban la gestión municipal, con dinámicas muy diferentes a las de la primera línea política. Problemas personales, exigencias por encima de lo pactado, presiones ideológicas...
Divergencias que rompieron pactos y en algunos casos dejaron cojos a los gobiernos populares de esos consistorios. En Humanes lo logró salvar y en otros, como Torrelodones, la tensión ha provocado que la alcaldesa del PP, Almudena Negro, anunciara la semana pasada que ponía «en suspenso» el acuerdo de gobierno con Vox, al haberse abstenido la formación radical del pliego de limpieza.
Estos puntos de conflicto no creen en el PP de Madrid que se vayan a multiplicar a raíz de la decisión de Abascal. Al menos, no por el momento. A la sede regional del partido, en la planta primera de Génova, los reportes que llegaban ayer era de calma desde los 24 municipios que cogobierna su gente con Vox. «Hay que ver también la situación personal de algunos concejales de Vox, que han dejado sus trabajos para vivir de la política y que ahora se encuentran con esto. Muchos ya han están diciendo a los nuestros que ellos, si llegara el caso, no van a seguir esas directrices», revelan en el PP madrileño.
«Son acuerdos estables, beneficiosos para los pueblos, y en general las relaciones son buenas», explican fuentes de la formación que preside Ayuso, aliviada desde el 28-M al liberarse entonces de Vox, su incómodo socio. Ella vio cómo los de Rocío Monasterio le llegaron a tumbar unos presupuestos, en el tramo final de la anterior legislatura. Ayer mismo, la que sigue siendo portavoz en la Asamblea reconocía que no le extrañaba la postura rebelde de algunos de sus compañeros. «No he estado en la toma de decisión de cada uno de ellos, pero sería lógico que alguno no lo quisiera dejar», afirmó en Onda Madrid. «Hay gente que se acerca a la política para mejorar su vida, como en todos los partidos, y Vox no va a ser una excepción».
Ortega y Almeida
Ayer, en el número 72 de la céntrica calle Huertas de Madrid, durante la inauguración de la calle Plazuela del Turno de Oficio, coincidieron los principales líderes políticos de la capital. Entre ellos, lógicamente, el alcalde, José Luis Martínez-Almeida, y el portavoz de Vox(también diputado), Javier Ortega Smith, quien tuvo que elevar su ya de por sí potente tono de voz, no por las cuestiones a tratar (que también), sino por la desenfadada algarabía que revoloteaba a su espalda. Ambos pudieron ser socios de Gobierno en el Palacio de Cibeles, como recordó el propio Almeida en el último Pleno, cuando desveló que Ortega le pidió ser el vicealcalde camino de las elecciones del 28-M. Y ambos defendieron las posturas de sus partidos, sacando las uñas.
«Quien no quiere resolver problemas, quien no quiere sumarse a dar soluciones a los ciudadanos será el que tenga que dar explicaciones. Por tanto, será Vox quien tenga que decir por qué por una discrepancia, en este caso con el tema de los menas, quieren dejar de ser útiles. Han preferido ser un lastre», lanzaba el regidor, que también apuntaba hacia otros flancos, tras compartir también velada con Reyes Maroto (PSOE) y Rita Maestre (Más Madrid). «Lo que espero es que Pedro Sánchez deje de negociar inmediatamente con ERC, porque el Gobierno de la Generalitat de Cataluña, en el ámbito de la inmigración, ha demostrado tener la misma postura que Vox respecto a los menas».
Sin embargo, Ortega admitió que los pactos con el PP en las comunidades no fueron un error porque «muchas han avanzado gracias a ellos» y atacó a aquellas piezas de su partido que no tienen claro si dejarán su puesto: «Allá esos desleales con su conciencia, allá quienes prefieren los sillones al partido». E insistió en que sólo se romperán los pactos municipales donde pueda haber colaboración para atraer menas. «El acuerdo para permitir su entrada va a ser terrorífico», zanjó a pleno pulmón, con Almeida sin perder detalle.


