MADRID
Indiano en Chamberí

Empieza un período frenético en la capital y su entorno

Obras en Atocha, hace unos días.
Obras en Atocha, hace unos días.ÁNGEL NAVARRETE
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La rentrée de 2024 no va a ser muy parecida a la de los otoños anteriores, y nos estamos encontrando con una ciudad de Madrid en plena ebullición o, mejor dicho, en varias ebulliciones simultáneas que se van a prolongar, en algún caso como el de las obras de reforma emprendidas por el Ayuntamiento de Almeida, durante un par de años de obras, atascos y un cierto caos -organizado, esperemos- general.

Pero el estallido turístico debe proseguir, como el del crecimiento de Madrid en el mapa de los grandes eventos musicales que atraen a público del mundo entero, y al mismo tiempo las necesidades de mejorar mucho el sistema de transporte público ahora que se va a prohibir la entrada en la ciudad de muchos miles de automóviles viejos, con lo que la suma de prioridades se dispara. Y esperemos que termine en paz y con una mejora general, y no que se detenga chirriando porque desde el palacio de la Moncloa -también, ¡ay!, en Madrid- se acaba de quebrar a España.

En los últimos días habrán leído interesantes informes en nuestras páginas sobre el ascenso de nuestra capital en el mapa de los eventos musicales de todo tipo. Por una parte, todos los detalles sobre ese WiZink Center -con Manuel Saucedo, veterano periodista, hoy a su cabeza- convertido en "el espacio multiusos (conciertos, deportes y espectáculos de toda índole, desde exhibiciones de motor a pistas de hielo) más importante de España, el segundo de Europa (solo por detrás del O2 de Londres) y el quinto del mundo".

Por otra parte, el formidable ascenso, ahora con nuevos horarios y mejor insonorización externa para abrumar menos a sus vecinos, de los eventos musicales y extradeportivos en el reinventado Estadio Bernabéu.

Frente a tanta actividad abrumadora pero con un objetivo constructivo, nuestras autoridades habrán de enfrentarse con un deterioro de ciertos barrios y aledaños de Madrid, con un aumento de robos y agresiones, con el renacer de las bandas juveniles, que tienen un aire diferente y quizá más violento que aquéllas de los años 80. Los vándalos, los de las pintadas siguen empeñados en afear lo que tantos intentan construir y mejorar.

Los contrastes entre progreso -con sus incomodidades inevitables- y abandono van a crecer, pues, y van a exigir de todos un esfuerzo y una adaptación que ya estamos observando y experimentando.

No va a ser una etapa fácil, pero es el signo de los tiempos de obligatoria transformación de unas grandes ciudades -Madrid, París, Londres, Nueva York, Berlín...- que encaran unos problemas y unas necesidades muy diferentes de lo que los ciudadanos de cierta edad recordamos de nuestra juventud.