Caramba, una importante calle -une Fuencarral y Barquillo- del centro histórico de Madrid con nombre de periodista, y ya con una larga historia que hace un siglo glosaba Pedro de Répide. ¿Cómo es eso posible? Pues, claro, porque Augusto Figueroa fue un nombre nuevo decidido en 1904 por el Ayuntamiento, rebautizando la calle del Arco de Santa María justo después de la muerte -en un duelo, por cierto- de aquel periodista malagueño «que gozó de gran autoridad en su tiempo», según explica nuestro cronista.
La calle, con su nombre anterior y con el actual, siempre ha estado llena de interés, pero hizo bien Répide -quien, por cierto, también tiene su callecita madrileña, pero remota y escondida junto a la Casa de Campo- explicando en detalle quién había sido nuestro colega Figueroa: «Su nombre va unido al de periódicos como El Resumen y El Heraldo de Madrid en su primera y gloriosa época, instalados uno y luego otro, por cierto, en la misma casa. Aquella, del número 8 de la calle de la Reina, que fue palacio del príncipe Masserano, coronel de guardias de Corps, sirvió de alojamiento al general Hugo y a su hijo Víctor con su madre y hermanos, y fue más tarde fonda de Genyeis, sirviendo de hospedaje a Rossini».
El último periódico de Figueroa, el Diario Universal, estuvo en el pequeño pasaje de la Alhambra, hoy desaparecido, que daba al número 32 de Arco de Santa María. Por eso el municipio madrileño decidió colocar allí la calle que recuerda al periodista.
Pues, ya ven, periodismo, literatura -Jardiel Poncela y García Pavón vivieron aquí-, música, hostelería y, como veremos, mucha política a lo largo del último siglo, generalmente de izquierdas.
La política, de hecho, ha tenido mucho que ver con esa calle, empezando por las convulsiones militares del siglo XIX. En este caso, a partir de la huerta de los duques de Frías, que la ciudad compró para prolongar la calle hasta la de Barquillo, y a esa parte daba el cuartel del Soldado, «en el que se alojaba la famosa Guardia Valona, y fue luego punto de partida de varias de las asonadas militares».
Lo que no recogía Répide, y es importante desde el punto de vista histórico, es que el primitivo Arco de Santa María, en la calle Mayor, perteneció a la muralla islámica que en el siglo IX mandó construir Mohamad I. El mismo nombre recibió más tarde, ya donde hoy está Augusto Figueroa, la «puerta de la caballeriza del marqués de la Torrecilla», y allí un lienzo representando a Nuestra Señora de la Soledad atrajo la devoción de los vecinos y llevó al marqués a construir una capilla en la esquina de Fuencarral.
Ya situados en el siglo XIX, cobraba su carácter intensamente comercial y hostelero una vía que, con su nombre antiguo y con el actual, lo ha mantenido hasta hoy. También tuvo su importancia hospitalaria con la Casa de Socorro del distrito del Hospicio, que aún existía hace un siglo, y una gran relevancia cultural como avanzada de la Institución Libre de Enseñanza, como nos recuerda hoy la plataforma en internet Somos Malasaña:
«Estuvo en la calle, desde mediados del XIX y hasta 1882, la Escuela Normal Central de Maestras. En 1869 en el mismo caserón que ocupaba ésta se fundó la Escuela de Institutrices, por donde pasaron Giner de los Ríos y la plana mayor del krausismo. Sus enseñanzas, que no eran oficiales como las de la Normal a pesar de compartir espacio, venían a modernizar una visión anticuada de la formación de las maestras decimonónicas. Recibían menos instrucción en labores y más en física e historia natural, francés, cosmografía, economía política, literatura española, dibujo y música».
Unos años después del relato de Répide, ya en la República, en Augusto Figueroa se fraguaron acontecimientos importantes en la violenta marcha hacia la guerra civil. En el número 4 estaba la Federación Española de Trabajadores de la Tierra, integrada en UGT, que protagonizó muchas ocupaciones de fincas y tuvo un papel relevante en la huelga revolucionaria de 1934. Dos años más tarde, el 12 de julio de 1936, José del Castillo, teniente de la Guardia de Asalto ligado al PSOE y participante en los incidentes en los que murió un primo de José Antonio Primo de Rivera, era abatido frente a aquella capilla del marqués de Torrecilla en la esquina de Fuencarral y Augusto Figueroa por pistoleros carlistas. El asesinato de José Calvo Sotelo por un guardia socialista fue la respuesta del PSOE y precipitó el inicio de la guerra.
Desde el final de la contienda ha sido más pacífica, por fortuna, la vida en una calle en la que residieron. Pero con sus reminiscencias políticas: todos conocemos como El Comunista la tasca cuyo nombre oficial reza Tienda de Vinos y Comidas, abierta desde 1890 y cuyo nombre popular y extraoficial en el barrio se debe a que allí iban los socialistas de la vecina Casa del Pueblo. Y quizá tuviese su nota política el restaurante que estuvo en esta calle, hasta hace unos años: La Bardemcilla, perteneciente a esa familia tan cinematográfica, izquierdista y opulenta.
Lo más notable comercialmente hoy en esta calle es el dos veces reconstruido Mercado de San Antón, modelo de esos mercados mixtos -con comercios y bares además de los puestos clásicos- del Madrid de hoy, nacido del mercadillo callejero del que ya hablaba Répide, y cuya actual estructura data de 2011. Además, una concentración de zapaterías sin igual en todo Madrid, y magníficos -éstos sí- restaurantes, de Roostiq al nuevo Per Se Bistró de Andrés Madrigal, sucesor del Arce del hoy jubilado Iñaki Camba.

