MADRID
El Cubil

Octubres de aguamuerte: "En Valencia no sabe llover"

Octubres de aguamuerte: "En Valencia no sabe llover"
Biel AliñoEfe
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«En Valencia no sabe llover», repetía Paco Picó como un mantra meteorológico. No sé si por las inundaciones del 57, o por la catástrofe de la presa de Tous en el 82, o por alguna tromba que no tumbase los diques de la historia con un alud de muertos, pero lo repetía cada vez que el cielo se oscurecía de nubes negras. A Picó le escuchábamos en la redacción de la delegación valenciana de ABC como al oráculo de sabidurías populares. Mariano Gasparet esbozaba sonrisas al lado de su idolatrado Obdulio, depositario de la inteligencia más académica de la casa. Picó, a sus 92 años, volvió a tener razón el martes por la noche, cuando la DANA descargó un tsunami de desolación sobre su tierra.

Le llamé con el temor de que le hubiera cogido la riada en el pueblo, aunque por el pueblo (Benasau, provincia de Alicante) ya va poco. La edad pesa como plomo en sus piernas. Como si caminase con botas de buzo. Apenas sale de casa. Monique le demanda atención desde la niebla del olvido. «Todo en orden. Los nietos fueron al cine, están todos en casa». Su teléfono no ha cesado de sonar. Familiares inquietos, amigos preocupados.

La riada de 1957 le cogió en una timba de póquer. A la mañana siguiente le llamaron del banco donde trabajaba para que no acudiera. Paco Picó fue bancario antes que cronista de toros. O viceversa. Naturales e hipotecas, esa es la cronología exacta. Valencia colapsó de cadáveres en aquel otro octubre de aguamuerte. La decisión de desviar el cauce del Turia después de la tragedia dicen que ha evitado, ahora, cuando bajaba desbocado, una masacre mayor, esquivando la ciudad.

Picó cuenta la crónica telefónica con el oficio que da ser el decano de la prensa taurina valenciana y el ruido de la televisión de fondo vomitando esquelas. Su timbre de voz, metálico como si restallasen las palabras en una paladar de titanio, se enreda con el informativo en bucle. Los militares de la UME han vuelto a ser los que nunca fallan, y eso hincha el pecho de quien ostenta la Gran Cruz al Mérito Militar con Distintivo Blanco.

Lo de Tous no sucedió tan lejos en el tiempo, pero Paco lo recuerda menos en su prodigiosa memoria de ábaco. Clava la certera fecha del día 20 de otro octubre desbordado como si fuera la muerte de Antonio Bienvenida, la alternativa de Paquito Esplá o el advenimiento de Enrique Ponce en Monte Picayo. Esta columna no va hoy de Madrid, donde la gustaba tanto venir como repetir su mantra meteorológico: «En Valencia no sabe llover».