Concha D'Olhaberriague se define a sí misma como filóloga, paseante, lectora, espectadora y trotaparques, por lo que no es extraño que esta catedrática de griego, doctora en Lengua española y profesora de instituto, nacida en la Casa de las Flores de Chamberí, un bloque de viviendas en el que vivieron Pablo Neruda y Emilio Carrere, entre otros literatos, haya convertido su amor por las bellas artes y por su ciudad natal en el libro Paseos singulares por Madrid, publicado por Arzalia ediciones.
Se trata de una obra que no se entiende sin los profundos conocimientos de Madrid que la autora ha obtenido de sus innumerables lecturas e investigaciones, y sobre todo, de una mirada siempre curiosa, arqueológica, «como la de los niños de los cuentos que leía de Enid Blyton cuando era pequeña, Los Cinco, que eran muy osados y se metían en casas abandonadas, en cuevas, en los sitios que suscitaban su curiosidad», dice risueña.
La escritora, tras estudiar Clásicas en la Complutense y Filología Española en la UNED, dedicó su vida a la enseñanza y a explorar el mundo. «He recorrido tres continentes con estudios clásicos, viendo excavaciones o haciendo la ruta etrusca», dice, «pero siempre vuelvo a Madrid, a sus murallas y a sus rincones ocultos». La obra no es una guía turística al uso, sino una invitación a descubrir la ciudad con ojos de explorador, y está compuesta por 10 capítulos independientes que invitan a descubrir la ciudad a través de sus lugares más emblemáticos y ocultos, siempre con un enfoque literario y personal. Y por supuesto, arquitectónico, pictórico, histórico o musical.
«Es un libro vivencial, hecho a sentimiento, como diría Ortega». D'Olhaberriague especifica que no es necesario leer los capítulos, a los que denomina retazos, de forma cronológica, aunque sí recomienda que el primero sea el dedicado a los miradores «porque te da una visión panorámica de Madrid». Los otros se adentran en los barrios de Las Letras y en Carabanchel, en el Madrid de Goya, entre jardines semiocultos, como el del Cerro del Tío Pío en Vallecas, en la ruta franciscana, en la ciudad murada, en sus rincones favoritos de los Austrias, por iglesias periféricas, o en un paseo que deambula entre el Palacio del Buen Retiro y el parque del Retiro. «Quiero que cada uno sea redondo. Por eso hay repeticiones, como la aparición de Goya y su cuadro La Pradera de San Isidro, que para mí representa el Madrid aristodemocrático que describía Unamuno». En el prólogo, el también escritor Gonzalo Hidalgo Bayal define estos recorridos como «los paseos matritenses de Concha».
El episodio más amplio es el dedicado al barrio de Las Letras, que ocupa un lugar central por llevar visitándolo más de media vida y por residir muy cerca en la actualidad. De hecho, ayer mismo se presentó allí el libro en el Ateneo, la institución cultural donde GRAN MADRID conversa con la escritora. En sus paseos, D'Olhaberriague evoca en Las Letras a figuras literarias cuyas huellas aún perduran entre sus calles. «Me imagino a Cervantes en la taberna donde trabajaba la que fue madre de su hija, que era una mujer casada», comenta. «O a Cadalso desenterrando a su amada en un pequeño cementerio que había en la trasera de la iglesia de San Sebastián, como él mismo cuenta en Noches lúgubres». El barrio también alberga joyas como el Teatro Español, el más antiguo del mundo, o la casa modernista de la plaza de Matute, donde estuvo la redacción del periódico El Imparcial.
Entre los lugares menos conocidos que la autora rescata en Paseos singulares por Madrid están el Pasadizo del Panecillo. Se trata de un rincón romántico cerrado al público con un ciprés que parece salir de la piedra, el Huerto de las Monjas, vestigio del monasterio cisterciense del Sacramento, la Virgen de la Flor de Lis, un cuadro medieval que sobrevivió a los avatares del tiempo, o la casa donde nació Gómez de la Serna, su principal acompañante en los paseos. «Ramón era muy curioso, y como él dice, gulusmeaba sin prisas, que es fundamental. Si no, no se ve nada».

