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No hay peor sensación para una mamá o un papá que acaba de ver nacer a su bebé que tener que separarse de él. Más cuando ha llegado al mundo de forma prematura u enfermo. El susto en el cuerpo es inevitable, pero siempre hay iniciativas que se pueden poner en marcha para paliar el sufrimiento paterno y, lo que es más importante, beneficiar la recuperación del pequeño. En ello está ahora el Hospital 12 de Octubre, pionero en España -y de los primeros en Europa- en implantar el proyecto Cero Separación, que permite a los padres acompañar 24 horas a su bebé durante toda su estancia hospitalaria además de convertirles en sus principales cuidadores.
En una de las 42 habitaciones familiares que el hospital ha dispuesto en la nueva Unidad de Neonatos -que recientemente se ha modernizado al cambiar de ubicación dentro de esa gran reforma que está viviendo el centro-, llevan Nuria y Adolfo poco más de un mes instalados. En ese espacio que se ha convertido en su segunda casa, cuidan de Alan, su bebé, que nació a las 34 semanas tras una cesárea de urgencias que le provocó alguna complicación a la mamá y también al pequeño. «Él nació con el pulmón izquierdo cerrado y el derecho a medio gas», explica el padre mientras Alan, ajeno a todo lo que ocurre a su alrededor, duerme plácidamente en su cunita.
Durante ese tiempo estos papás no sólo han podido pasar el día y dormir junto a su bebé en una habitación sólo para ellos (con cama y servicio de comida), afianzando ese vínculo tan importante que se inicia tras el nacimiento, sino que además han podido participar en su cuidado. Para ello han sido formados por los profesionales que allí trabajan, los mismos que a pocos metros vigilan y controlan de forma permanente el estado de los niños y los dispositivos que necesita gracias a la tecnología vanguardista que ha implantado el hospital y que supone un paso más en la humanización de la atención sanitaria.
«Nos vamos de aquí con un aprendizaje grande. Esto es como un máster en Enfermería», señala Adolfo, agradecido, dentro de lo dura que ha sido la experiencia de su estreno en la paternidad, de las herramientas que se lleva para casa y de la «pequeña familia» que ha formado con otros papás. «Al final, tu vida social la haces aquí», dice junto a su mujer, quien agrega que, en estos casos, es importante compartir experiencia «con personas que viven lo mismo que tú». «A esto lo llamamos el búnker», añade con media sonrisa en referencia a esa especie de burbuja en la que se hayan para intentar sortear los virus que estos días nos azotan.
Los padres, los principales cuidadores
Para Salvador Piris, neonatólogo del 12 de Octubre y líder de este proyecto junto a la jefa del servicio, Carmen R. Pallás, «que los padres sean los principales cuidadores del bebé desde que nace hasta el alta tiene una ventaja principal, y es que se van a casa sabiendo cuidar a los niños». «Al principio les da miedo tocarles, cambiarles el pañal... pero aquí hacemos un círculo de seguridad y confianza», explica el médico.
De ese miedo del que habla sabe Ana, la mamá de Rodrigo, que lleva un par de meses en el hospital esperando a que el cuerpecito de su pequeño madure, pues nació con apenas 29 semanas. «Al principio no me atrevía a cogerlo. Nos lo ponían las enfermeras encima. Pero poco a poco nos han ido a enseñando», comenta la mujer, que gracias a este proyecto ha podido tener en canguro (piel con piel) a su bebé prácticamente desde el inicio. «Sólo estuvo unos días en la incubadora pero en esta misma habitación», añade antes de que el doctor explique que en las estancias familiares hay tanto niños en situaciones críticas como más estables y que en ellas no sólo habitan sino que se les realizan a pruebas e incluso pequeñas intervenciones. Pese a todo, «el ambiente no es de susto, es como de estar por casa. Tenemos intimidad y no hay mucho ruido», añade Ana.
Lo más importante de todo este proyecto es que permanecer junto al bebé 24 horas, y además tenerlo piel con piel, es fundamental para su desarrollo y tiene infinitos beneficios. «Reduce la mortalidad, el grado de hipotermia, la infección nosocomial (las que se adquieren en el hospital) e incluso los costes económicos, porque mejora la salud de estos niños», detalla el neonatólogo.
De ahí que en el hospital fomenten que la cero separación no sea sólo en el nacimiento. «Tendría poco sentido que se permitiese que los padres abracen a sus hijos cuando nacen y empiezan ese vínculo pero cuando ingresan no puedan cambiarles un pañal o contarles un cuento», indica el médico, que con esta iniciativa ha cambiado la forma de trabajar de los más de 300 profesionales de esta Unidad. «Si el niño ingresa, el piel con piel se mantiene, aunque el bebé este monitorizado, con electrodos o con pulsímetro», apunta el neonatólogo, quien asegura que antes, «en niños ingresados, se tardaba horas o días en establecer el vínculo con la mamá». «La idea es que el bebé pase el menor tiempo posible en la incubadora y el mayor en canguro», añade. Y eso no es mero capricho. «Tenemos datos que dicen que (el piel con piel) evita el 50% de los ingresos», agrega.
En estas habitaciones entran bebés que al menos tengan 28 semanas y siempre que no haya extrema gravedad. «Lo primero es la seguridad de los pacientes. Esto no se puede llevar a cabo si el bebé necesita masaje cardiaco, está intubado o si el ginecólogo o el anestesista dice que la mamá tiene alguna complicación. Pero si sólo necesita ayuda respiratoria u oxígeno, intentamos que la madre coja a su bebé», asevera Piris.
Una nueva mirada
«La mirada hacia el nacimiento ha cambiado en este hospital. La separación ahora se ve como tóxica», dice Piris, quien para hacer más llevadero el cuidado ha puesto en marcha una red de cuidadores. «Aquí hay bebés que pueden estar tres o cuatro meses ingresados y, si queremos que estén piel con piel, los padres tienen que descansar. Por eso invitamos a la familia a que elijan a una persona. Es una experiencia increíble para los abuelos, incluso para los hermanos mayores», detalla.
En todo esto, indica, «la arquitectura de la Unidad de Neonatos es clave para que la participación de los padres sea alta». «Si el bebé esta ingresado en una sala abierta, cuesta más que los padres participen que en una habitación familiar. Allí tienen una cama, pero no hay sensación de abandono, porque además cuentan con el apoyo de un psicólogo. Necesitamos que los padres estén bien», añade. Por este motivo, la nueva área de Neonatología cuenta con una sala de estar donde los progenitores pueden desconectar durante un rato del cuidado de su hijo y compartir experiencias con otros acompañantes.
Este proyecto, publicado a nivel internacional y finalista de los premios Best in Class 2025 en Humanización, también se complementa con una iniciativa de lectura compartida de cuentos, algo que está demostrado que refuerza el vínculo entre padres y bebés prematuros. Historias de los cinco continentes que también decoran cada una de las habitaciones.





