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Antiguamente no era raro que en algunos bares y locales de ocio madrileños ciertos sujetos se dedicasen al trapicheo de sustancias estupefacientes. En la zona de Moncloa puntos clave fueron El Quinto Toro, La Eslava y el Dóberman.
Hablamos de los últimos 70 y primeros años 80. Nacho, un vecino del barrio, conoció esos entornos de primera mano: "El Dóberman era un bar de cañas que sólo funcionaba por la mañana. Ahí vendía mucha gente. El Dóberman era un bar de los 80, pero antes hubo otros, por ejemplo, La Eslava (en calle Hilarión Eslava). Éste era una especie de pub para jóvenes, con música, etc. Ahí, principalmente, vendía la Banda de los Muchachos".
Los originales de este grupo fueron cinco o seis, pero con el tiempo se amplió el grupo. Algunos de ellos fueron el Carpio, el Poe (de Poeta). Como comenta Nacho: "El Poe era un primigenio de la banda y se llamaba Antonio. Era un buen tío. Los Muchachos eran del Parque Móvil, hijos de chóferes y conductores. Eran más de clase obrera. Esas familias vivían en el propio Parque Móvil. Hay un gran garaje que da a Cea Bermúdez, por la parte de atrás hay un patio, una iglesia, y todo eso son viviendas".
El primer local de la zona donde se vendía era "un bar de cañas con futbolín que se llamaba El Quinto Toro", recuerda Nacho. "Estaba en la calle Benito Gutiérrez, al lado de Princesa. Originalmente fue el típico bar de viejos, pero a finales de los 70 estaba lleno de chavales. Ahí había menudeo de hachís, tripis, caballo, etc. La gente dejaba el hachís debajo de los parachoques, que entonces eran de hierro y tenían un hueco interior. Si venía la policía no te podían encalomar la mercancía porque no la tenías encima. Había otro bar donde había un movimiento de la hostia que se llamaba el Amok. Estaba en la calle Gaztambide. Amok es una palabra árabe".
Como hemos visto, los Muchachos se convirtieron en los principales proveedores de caballo en el vecindario. "Empezarían en 1977", explica Nacho. "Se pusieron el nombre ellos mismos, porque eran unos chavales, unos muchachos. Al principio eran chavales normales, rockeros, macarrillas... Pero lo que funcionaba en esa época era vender droga. Ellos empezaron a hacer sus viajes para traer tema y venderlo. Empezaron a vivir bien de lo que sacaban. Pero todo tiene un precio: si andas tocando un material, al final acabas enganchándote".
El impacto del 'caballo'
Continúa: "Aunque al principio eran muy reacios a pincharse, una vez se engancharon, comenzaron a atracar, porque es más rápido sacar dinero atracando. Esta gente era muy brava. A causa de ello, acabaron cayendo y entrando en la cárcel. El Poe se murió de alguna enfermedad; al Carpio lo perdí de vista, creo que se fue de Madrid. Desapareció. Mi trato con ellos fue bueno. Otra banda famosa eran unos rockers. Había un tío que se llamaba Charlie. Era hermano de Rocky, que era un tío cojonudo".
Durante una época Nacho iba diariamente al barrio de Valdezarza para comprar drogas a un camello llamado Antonio. "En esa época dominaba el menudeo de camellos independientes", comenta. "Ya en los 80 llegó el Poblado de las Bañeras [también conocido como Los Focos] en la zona de San Blas. Se decía lo de las bañeras porque ahí se vendían bañeras, retretes y lavabos. En ese mismo momento la policía empieza a desmantelar a los camellos de los barrios".
Sigue con su relato: "Esto ocurrió, por ejemplo, en el bulevar de Vallecas, donde se vendía mogollón. A partir de cierto momento, los camellos clásicos de los barrios empiezan a desaparecer y aparecen negros en la Plaza de España. Estos vendían bolsitas de heroína. Antes de eso había papelinas. Una forma clásica de repartir era que un tío con una papelina gorda cogiese una navajita para echar la heroína en otra papelina que le comprabas. No la pesaba, lo hacía a ojo".
Nacho acabó recalando en El Patriarca, unos centros de desintoxicación desperdigados por el mundo que fueron muy activos durante los años 80. Se integró en uno de sus establecimientos en 1983. Pasó por centros de España, Francia y Bélgica, aunque se escapó en varias ocasiones. No obstante, Nacho logró la desintoxicación definitiva sin ayuda de nadie.
Según confiesa: "Algunos nos íbamos a la Sierra de Gredos a pasar el mono, yo allí lo dejé. Descubrí la naturaleza y todo cambió para mí. Fui a pasar unos días al raso y descubrí un mundo fantástico, el mundo al que pertenecemos. ¿Tú has visto la película Trainspotting (1996)? Hay una escena en que uno lleva a los adictos al campo... Les hace ver todo un mundo fantástico, pero a un toxicómano eso no le vale. Para un adicto solo vale pillar. Yo ahí rompí ese rollo. Al principio fue duro, porque no tenía amigos, mi salud era muy precaria... Me tuve que recuperar físicamente, me tuve que recuperar anímicamente, tuve que recuperar a mi familia, a mis amistades, tuve que hacer nuevos amigos... No sé cómo, pero lo logré. Y aquí estoy".
Iñaki Domínguez
Es autor de Macarras interseculares, editado por Melusina, [puedes comprar el libro aquí], Macarrismo, editado por Akal, [puedes comprar el libro aquí] y Macarras ibéricos, editado por Akal, [puedes comprar el libro aquí]. Macarras ibéricos, editado por Akal, Macarras interseculares (cómic) [puedes comprar el libro aquí]

