La semana pasada fui dos veces a Qi Li Xiang (Ayala, 81). El lunes lo probé con una amiga abstemia y me gustó tanto que, cuatro días después, volví con otra más viciosa, con la que me bebí una botella de Finca Resalso. En la primera ocasión nos gastamos 25 euros por persona y, en la siguiente, 35. El precio es francamente llamativo, considerando la ubicación y, sobre todo, que la comida estaba buenísima.
La web de Qi Li Xiang dice que ofrece cocina tradicional china (es cierto), pero lo hace en un restaurante moderno y limpio, casi aséptico, sin delicatessssssens (esta palabra es ironía) como lenguas de pato o pangolines de Wuhan. Al contrario: se trata de elaboraciones delicadas y muy buenas, que se complementan con una carta de vinos corta, pero muy al gusto de los españoles (no falta ni un clásico).
Uno de los aspectos que más destaca de este restaurante chino es la elaboración artesanal de las pastas de los dumplings y de los tallarines. Está bien probarlos todos. La finura de las empanadillas hace que se deshagan en la boca y que se mezclen en la lengua la carne y la verdura con la masa. Lo mismo puede decirse de las obleas del pato, servido con poca ceremonia y sin los rollos de otros restaurantes más elegantes. También está buena la ensalada de wantun o la berenjena aliñada con soja y vinagre.
El día más frío tomamos además una sopa agripicante en un cuenco tan grande que hubiera reconfortado a todo el batallón de guerreros de terracota de Xi’an. Por otro lado, el personal es muy amable, como la propietaria.
El sábado siguiente mandé a Edurne, una de las fundadoras del periódico, que siempre anda quejosa de los precios del barrio. Se fue con un grupo de amigos y cayeron dos botellas de tinto. El lunes me comentó, maravillada, lo bien que se lo habían pasado. ¡Y a qué precio!
Madueño, otrora la redactora trans de LOC, quiso que le reveláramos el nombre de nuestro descubrimiento gastronómico. Nos negamos a hacerlo para que no se nos llenara de putillas que beben lambrusco. (Además, intuía que Arcadi me propinaría unos merecidos azotes por recomendar dos restaurantes asiáticos seguidos).
Pero ¿qué quieren que haga? ¿Cómo no voy a compartir un restaurante en Ayala en el que se come fenomenal por 35 euros? Me puede el pundonor periodístico.
Apunten: Qi Li Xiang.

