Sería muy necesaria poner esta prueba que explicaré a continuación para diagnosticar la enfermedad del sectarismo en periodistas, columnistas, tertulianos, politicastros y otras gentes de bien vivir que con una facilidad muy suelta, poncista quizá, escriben y dicen con asiduidad «ultraderecha» o «extremaderecha», pero se muestran incapaces de escribir y decir «ultraizquierda» o «extremaizquierda» para el polo opuesto. De tal manera, que a fuerza de repetir la emisión y la omisión, la extremaderecha abunda por todas partes, incluso más allá del propio espectro de la extremaderecha, y la extremaizquierda no existe, aunque el régimen dictatorial venezolano se haya gastado millones en adoctrinar y financiar a sus líderes en España.
Habría que suplir el «diga 33» de la auscultación paramédica, no en busca del origen de la tos pulmonar o faríngea, sino del origen de la persistente manifestación ideológica de un solo lado.
-Diga usted ultraderecha y expulse el aire.
-Ultraderecha.
-Bien. Ahora diga ultraizquierda y exhale.
-No puedo.
-¿Qué tengo, doctor?
-No se preocupe, es sectarismo, muy común en estos días.
-¡Fascista!
Es un fenómeno que despierta en mí una curiosidad siempre insatisfecha. Sucede algo similar a la hora de escribir fascismo, con alegría. Pero tampoco funciona en el sentido contrario: el comunismo no existe. Ni los muertos del comunismo para confrontarlos con los del fascismo en la Europa del siglo XX.
-Diga usted fascismo y exhale.
-Fascismo.
-Perfecto. Diga ahora comunismo.
-No puedo.
-¿Qué será esto mío, doctor?
-Dogmatismo, muy frecuente.
-¡Facha!
Del mismo modo sucede cuando se trata de pedir cordones sanitarios -¿habrá algo más antidemocrático?- para las formaciones de ultraderecha, nunca de ultraizquierda. Ahora viene la ultraderecha por Aragón. «¡Que viene la ultraderecha!». Obsérvese cómo la ultraderecha siempre «viene» en una suerte de levantamiento; nadie la vota nunca, se infla. En la tierra de Federico, a la ultraderecha la han inflado, según distintas voces analíticas, anulando la capacidad de discernimiento del votante de Vox. El inflador se lo echan en cara PP y PSOE en un tikitaka como del medio campo del Real Madrid, que no va a ninguna parte. Menos mal que en Madrid tenemos ya empadronado al independentista catalán Gabriel Rufián para capitanear la defensa de la ultraizquierda nacional. ¡Ups!

