MADRID
Ayuntamiento

Arantxa Cabello, la soldado de transición de Vox hacia la 'era post Ortega'... pendiente de la Justicia: "Han pinchado en hueso"

Un recurso del actual portavoz a una expulsión del partido podría dilatar el proceso hasta que concluya la legislatura actual

Cabello (dcha), junto a Ortega Smith y Toscano.
Cabello (dcha), junto a Ortega Smith y Toscano.EFE
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Poco antes de las 14.00 horas de ayer, el presidente de Vox, Santiago Abascal, remontaba la calle Alcalá rodeado de un nutrido séquito. Caminaba rumbo al restaurante Arahy, en el número 58, convertido en icono de la restauración de la capital por Mariano Rajoy. Allí pasó el político gallego sus últimas horas como presidente del Gobierno. Con aquella prolongada sobremesa que aún se recuerda por el lugar.

Curiosamente, minutos antes de que Abascal se dejase ver por esa calle de Alcalá, levantada en obras para dibujar ese bulevar que tanto se ha hecho de rogar, el Palacio de Cibeles -a un par de minutos a pie- había bajado la persiana de su gran salón. Se había celebrado el Pleno municipal de febrero y el nombre del líder nacional de Vox había sido pronunciado una y otra vez. Porque entre los muros del Ayuntamiento de la capital reside ahora mismo el mayor quebradero de cabeza de la formación que él mismo fundó. Lo hizo junto a quien fuera su amigo Javier Ortega Smith, que ayer se mantenía firme al frente de sus funciones, pese a las directrices del partido. Lo que parece seguro es que Abascal no compartió mesa y mantel con Ortega, en el lugar considerado como uno de los templos del atún, para limar asperezas. Eso habría requerido una sobremesa aún más larga que la que firmó el mismo Rajoy.

El caso es que Vox no quiere a Ortega y su deseo, expresado por escrito en una carta enviada al propio Consistorio madrileño, es que Arantxa Cabello sea quien lleve la voz cantante hasta que concluya la legislatura. Una cuestión -la de reconocer su mando en plaza- que desembocó en la división interna que ayer se escenificó en el Pleno.

Cabello amerizó en Cibeles en 2019, al mismo tiempo que Ortega Smith. De hecho, fue la número tres de la lista y volvió a repetir escalón en 2023, por detrás de la portavoz adjunta, Carla Toscano, persona de máxima confianza del número uno municipal de la formación. Desde entonces, ha sido la cabeza pensante en las cuestiones económicas de la capital, así como el azote de Almeida -o de Engracia Hidalgo, la delegada del ramo- con asuntos tan espinosos como el del «tasazo» de basuras. «Es muy concienzuda en la preparación de sus intervenciones», dicen de esta funcionaria, licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales, que además desempeña el cargo de tesorera del grupo.

Sobre ella, que fue captada para la causa de Vox desde un perfil independiente, ha recaído la incómoda misión de tallar el epitafio político de Ortega en Cibeles. Probablemente también porque la figura de Martínez Vidal, con un acentuado pasado en el Partido Popular -fue quien diseñó su logo-, no cumplía las directrices impuestas desde Bambú para liderar esa transición hacia el próximo candidato de Vox a la Alcaldía. Cabello sería, pues, un puente, toda vez que nombres como el del diputado madrileño Carlos Hernández Quero o, con menos intensidad, el de Íñigo Henríquez de Luna -víctima política de Almeida en su etapa popular- resuenan como posibles cabezas de cartel.

Sin embargo, aunque Cabello apuntaba a que para el próximo Pleno podría ser ya la portavoz municipal, el horizonte no se adivina tranquilo. «Han pinchado en hueso», pronunciaban ayer desde el corazón del Ayuntamiento. Ortega cuenta con el as bajo la manga de la Justicia para, bien mantenerse en el cargo hasta mayo de 2027, bien recuperar su portavocía en caso de que Cabello le apartase en el próximo Pleno. Hay escenarios tan locos como que Ortega, en calidad de líder, pudiera incluso apartar concejales. Veremos...