Cuando era Príncipe, Felipe VI temía que «más difícil que reinar en una situación excepcional como el 23-F, fuese hacerlo en la normalidad democrática de una sociedad del siglo XXI». El Rey accedió al trono de España cuando empezaba el desacoplamiento de las fuerzas políticas respecto a los consensos del 78, en medio de la desafección y de la desconfianza de los ciudadanos hacia las instituciones por la Gran Crisis.
Diez años después, la Corona ha recuperado la autoridad moral entre los españoles tras superar un asalto a la legalidad constitucional y el conflicto vivo que desgarra el corazón del Monarca y desgasta el cimiento de la institución, provocado por los comportamientos de Don Juan Carlos. «Felipe VI transita hacia el afecto por la vía de la rectitud, no de la campechanía», escribió en estas páginas Javier Redondo: «Es un Rey para resistir tiempos líquidos». Como Eneas, el héroe de Virgilio, funda su virtud en la pietas: la fuerza moral que nace del valor de hacer lo correcto.
La Corona es hoy un elemento sólido de certidumbre y esperanza hacia el futuro entre los vaivenes de la sociedad del cambio. El verdadero vínculo de resiliencia de la normalidad democrática y el proyecto compartido de vida en común.
Comienza el reinado de un Rey constitucional [...]. La Corona debe buscar la cercanía con los ciudadanos, saber ganarse continuamente su aprecio, su respeto y su confianza; y para ello debe velar por la dignidad de la institución [...]. Porque solo de esta manera se hará acreedora de la autoridad moral necesaria para el ejercicio de sus funciones [...]. Una Monarquía renovada para un tiempo nuevo.
(Discurso de Proclamación, 19 de junio de 2014, Cortes Generales)
La presentación del Rey Felipe VI es una pieza histórica de hierática racionalidad democrática con la que el Rey respondió a la irrupción del momento populista en España.
De un solo golpe dejó atrás la abdicación de Juan Carlos por sus escándalos y dio paso a la modernidad constitucional. De la Constitución emana la principal legitimidad del Rey, servidor de los valores de la libertad y escrupuloso cumplidor de la letra de la ley, pero al mismo tiempo consciente de que ganarse el afecto popular le exigirá transparencia y ejemplaridad ética para ejercer auctoritas en el escenario de crisis. También empatía hacia las preocupaciones sociales de las nuevas generaciones en el siglo XXI.
El Monarca inició entonces, con un destacado protagonismo de la Reina Doña Letizia, un proceso de regeneración en la Casa del Rey, a veces con medidas duras hacia el núcleo familiar, y una intensa agenda pública. Empieza así la construcción de la Monarquía de mañana.
Millones de españoles llevan, llevamos, a Cataluña, en el corazón. Como también para millones de catalanes los demás españoles forman parte de su propio ser. Por eso me duele y me preocupa que se puedan producir fracturas emocionales, desafectos o rechazos entre familias, amigos o ciudadanos. Nadie en la España de hoy es adversario de nadie.
(Mensaje de Navidad, 24 de diciembre de 2014, Palacio de la Zarzuela)
El desafío independentista ha sido y seguirá siendo el principal de todos los que enfrente Felipe VI durante su reinado. Ya en la Proclamación, reivindicó la unidad de España en la diversidad de sus lenguas, culturas y tradiciones y la Constitución como fuente de convivencia «basada en la igualdad de los españoles, en la solidaridad entre sus pueblos y en el respeto a la ley». «Cabemos todos, caben las distintas formas de sentirse español», concluyó. Sólo una semana después, en la entrega de los Premios Princesa de Girona, habló en castellano y catalán: «Estas visitas me han permitido conocer y comprender mejor la realidad de Cataluña, el sentir y el pensar de los catalanes». En Navidad, ya tras el 9-N, por primera vez explícitamente expresó con severidad su preocupación.
No es posible concebir España sin Europa, ni Europa sin España. Soy europeo porque soy español [...]. Debemos trabajar para construir una Europa más integrada, que pueda afrontar con éxito la gestión de un futuro plenamente globalizado.
(Discurso ante el Parlamento Europeo, 7 de octubre de 2015, Estrasburgo)
Fue una sesión memorable, en la que por primera vez intervinieron juntos en el Pleno del Europarlamento el presidente de la República Francesa y la canciller de Alemania. El Rey mantiene la agenda iberoamericana, pero muy particularmente se ha implicado en promover el proyecto europeo y «los ideales de los padres fundadores» como parte de la identidad de España. Esa línea se ha hecho más intensa en este año crucial para la UE, y después de que el abogado del Estado Jaime Alfonsín, inteligente y leal jefe de la Casa durante casi toda la década, fuese relevado por el diplomático Camilo Villarino, profundo conocedor de la arquitectura europea. Así lo vimos en abril en Palma -«no todos los conflictos son europeos, pero todos interpelan nuestra conciencia como europeos»- o el viernes en Yuste junto a Mario Draghi -«Europa se juega su futuro»-.
Desde hace ya tiempo, determinadas autoridades de Cataluña, de una manera reiterada, consciente y deliberada, han venido incumpliendo la Constitución y su Estatuto [...], demostrando una deslealtad inadmisible hacia los poderes del Estado. [...]. Sé muy bien que en Cataluña también hay mucha preocupación y gran inquietud con la conducta de las autoridades autonómicas. A quienes así lo sienten, les digo que no están solos, ni lo estarán.
(Mensaje a la Nación, 3 de octubre de 2017, Palacio de la Zarzuela)
El momento supremo que le hizo grande y le reservó un sitio en la Historia. Felipe VI ejerció aquí con toda determinación, en pleno golpe secesionista, la función que le otorga la Constitución como «símbolo» de la «unidad y permanencia» del Estado. Sus palabras resultaron un aldabonazo que despertó de su letargo a los poderes del Estado, que desde ese momento iniciaron una respuesta implacable con las armas del Derecho que desactivó el golpe, y a la sociedad civil, que protagonizó una manifestación emocionante solo cinco días después que sirvió para descubrir al mundo la Cataluña plural. Se trata del discurso más decisivo de todos los pronunciados por la Corona, al menos, desde el 23-F. Fue el mensaje que los españoles necesitaban, y que quizá esperaban de sus representantes políticos, con una claridad diamantina y una fuerza muy alejada de todo frío protocolo.
Nuestra Constitución es la culminación de un proceso que supone el mayor éxito político de la España contemporánea. Un proceso del que todos podemos sentirnos auténticamente orgullosos porque en el espíritu, en los valores y en los ideales que inspiró este periodo de nuestra historia se encuentra la mejor España.
(Discurso por el 40º aniversario de la Constitución, 6 de diciembre de 2018, Cortes Generales)
Durante todo su reinado, Felipe VI dibuja la Transición como el basamento histórico de nuestra convivencia y la Constitución y los consensos que esta diseña como necesarios espacios de encuentro. Por ese motivo, este discurso no podía dejar de incluir un reconocimiento explícito a Juan Carlos I como lo que es: motor del cambio, impulsor de la Monarquía parlamentaria en el seno de una democracia moderna y abierta al mundo. La Transición fue el momento de la reconciliación entre los españoles, el gran acierto colectivo de nuestra historia, al unir nuestras voluntades para romper con el pasado y convivir libres e iguales desde la tolerancia y el respeto, haciendo posibles la discrepancia y la diferencia: «Una España, en fin, que es de todos, construida por todos y sentida y compartida por todos». «La Constitución es un mandato permanente de concordia» y, por ello, «el alma viva de nuestra democracia».
Los principios morales y éticos nos obligan a todos sin excepciones; y están por encima de cualquier consideración, de la naturaleza que sea, incluso de las personales o familiares. Así lo he entendido siempre.
(Mensaje de Navidad, 24 de diciembre de 2020, Palacio de La Zarzuela)
Precisamente porque la Transición es el basamento histórico de nuestra democracia, los comportamientos escasamente ejemplares de Don Juan Carlos, su hacedor y protagonista, y la actitud díscola que mantiene hacia lo que representan su hijo y él mismo constituyen una desoladora fuente de desgaste. En plena pandemia, el conocimiento de la donación de Arabia Saudí y de las tribulaciones millonarias con su amante acabaron provocando su salida del país hacia Abu Dabi en agosto de 2020. Felipe VI renunció a la herencia para trazar un cortafuegos. En este mensaje, aludió sin ambigüedades a esa situación y elevó el listón de la ejemplaridad exigible a su propia familia mucho más allá de aquel «la Justicia es igual para todos» que su padre enunció en 2011: deberá actuar conforme a principios éticos irreprochables.
Querida Leonor [...], debéis saber que la democracia y la libertad no se construyen de un día para otro, sino día tras día, y que precisan de un cuidado continuo. En esa tarea, apasionante e inacabada, debéis tener presentes los principios y valores que nos unen y nos han unido a lo largo de nuestra historia reciente. Los principios y valores de la Constitución que acabas de jurar. Ésa es la manera de encarar el futuro con confianza.
(Almuerzo tras la jura de la Princesa Leonor, 31 de octubre de 2023, Palacio Real de Madrid)
La luminosidad de la Princesa convirtió la confirmación de la continuidad dinástica en una jornada para la esperanza: «En este día tan importante, que voy a recordar siempre con emoción, les pido que confíen en mí, como yo tengo puesta toda mi confianza en el futuro de España» fue el mensaje de la Heredera. La ceremonia sintetizó la renovación del compromiso histórico de la Corona con los principios constitucionales y la democracia pluralista. En plena negociación de la amnistía, Felipe VI concentró su discurso en el respeto a la independencia judicial. Tres años antes, en la entrega del Toisón de Oro, el Rey había exhortado a la Princesa con los valores de la pietas: «Tus acciones -todas- deberán guiarse por el mayor sentido de la dignidad y la ejemplaridad, por la honestidad y la integridad, por la capacidad de renuncia y de sacrificio, por el permanente espíritu de superación, y por tu entrega sin reservas a tu país y a tu pueblo».
Evitar que nunca el germen de la discordia se instale entre nosotros es un deber moral que tenemos todos. Porque no nos lo podemos permitir. [...]. Cada institución, comenzando por el Rey, debe situarse en el lugar que constitucionalmente le corresponde.
(Mensaje de Navidad, 24 de diciembre de 2023, Palacio de La Zarzuela)
Con toda seguridad, el mensaje de contenido político e institucional de mayor envergadura del reinado, en medio de la polarización desatada como consecuencia de la investidura de Pedro Sánchez a cambio de la amnistía y tras el anuncio del presidente de levantar un «muro» entre los españoles. La Constitución está en peligro «y junto a la Constitución, España». Felipe VI avisó de la amenaza que representa la fractura social para la igualdad y la solidaridad interterritorial. Una dura advertencia de que el clima de división que atraviesa el país está erosionando de manera irremediable el modelo de convivencia.
A pesar de la circunstancia crítica que sin duda atraviesa el país, nadie duda de que la Corona es hoy más fuerte que cuando Felipe VI fue proclamado Rey. La encuesta que hoy publicamos así lo atestigua. Entre todas las dificultades, representa hoy los mejores valores de una sociedad abierta, plural y capaz de enfrentarse a un futuro ilusionante. Como escribía Jordi Canal, nuestro flamante premio Fies de periodismo, «la Monarquía de España es una de las más sólidas garantías para seguir hacia adelante, salir de las sombras críticas e iluminar nuestras legítimas aspiraciones a la hora de pensar en el país que, sinceramente, nos merecemos». En la rectitud del Rey está la esperanza.

