OPINIÓN
La sombra del burro

Pumpido, el árbitro cautivo

Pumpido es el guardaespaldas 'de facto' de la acción política del Gobierno. El momento de su irrupción en la amnistía, justo después del acuerdo del PSOE con Junts en el Congreso, es la prueba de la vocación estructural de éste. El 'postprocés' se ha reactivado

Pumpido, el árbitro cautivo
GABRIEL SANZ
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Termina una semana en la que el mundo ha escuchado los ecos de los peores momentos de su historia. Este temible deslizamiento global hacia una gran abdicación colectiva tiene su origen en la progresiva tolerancia de la sociedad civil hacia la acción política de gobernantes democráticos que erosionan lenta y continuadamente las instituciones esenciales para eliminar las herramientas de control sobre el poder y garantizar su impunidad. Si nos impresiona, con razón, el desparpajo con el que Donald Trump captura a los árbitros del sistema en Estados Unidos para erigirse en un todopoder sin contrapesos, cualquiera advertiría que no es menor la situación de cautiverio de nuestro Tribunal Constitucional.

Cándido Conde-Pumpido volvió el viernes a una portada de EL MUNDO por la enorme desfachatez de devolverse a la deliberación y fallo de las demandas de amparo presentadas por los líderes del procés contra la aplicación que hizo el Tribunal Supremo de la Ley de Amnistía, pese a haberse abstenido "definitivamente" hace cuatro años de intervenir en "todas las incidencias" relacionadas con el 1-O. El Abogado del Diablo, como lo bautizó Pedro J. Ramírez en una memorable carta en esta página cuando era fiscal general del Estado, acepta así nuevamente gustoso que «el vuelo» de su «toga» quede impregnado por «el contacto con el polvo del camino», tomando otra vez «partido hasta mancharse».

Cuando la legislatura echaba a andar, parte de su entorno, quizá porque no las tenía todas consigo, dejaba caer a quien lo escuchase que no estaba escrito que alguien con tanto "prestigio" como él se cree que tiene fuese a someterse dócilmente a un abuso escandaloso como la amnistía porque no querría "pasar la Historia" como el firmante de esa sentencia. En fin: como si no lo hubiera hecho antes. Pumpido estará en los libros como el actor protagonista que abrió la puerta a la arbitrariedad institucional en España al reducir a los dos pilares del Estado que ha dirigido a una posición de lamentable sumisión al poder.

Todas las Cortes Constitucionales del mundo tienen una composición más o menos política: pero dentro de ellas, el que no es independiente del poder no es porque no pueda serlo, sino porque no quiere. La prueba de que nuestro Tribunal está cautivo es que podría anticiparse a ojos cerrados el resultado de cualquiera de las impugnaciones sensibles para el Ejecutivo, con el bloque de siete magistrados dizque progresistas votando al unísono incluso cuando se trata de innovaciones asombrosas como la anulación de los ERE. Esta invasión de competencias sobre el Supremo tiene una importancia capital porque convierte al Constitucional en una tercera instancia y a Pumpido en garante de facto de la impunidad del Gobierno o guardaespaldas de su acción política, potencialmente capaz de cortocircuitar cualquiera de los asuntos espinosos que tiene pendiente, como ya sugiere el aparato de propaganda respecto de la causa que afecta al actual fiscal general.

Así sucederá también con la amnistía y previsiblemente en tiempo récord. Nadie duda de que el movimiento de Pumpido, atendiendo a su muy elocuente trayectoria, se dirige a apadrinar un proceso con el final escrito de antemano y a atribuirse su sello. El momento de su irrupción, coincidiendo con el reciente pacto del PSOE con Junts en el Congreso, apunta así a la vocación estructural de éste, destinado a prefigurar una relación estable y una distribución de poder real para el partido independentista. Nadie puede atreverse a descartar ya que en algún momento haya Presupuestos.

El partido de Carles Puigdemont respondió a la debilidad de la que salió tras la victoria de Salvador Illa en las elecciones catalanas y a la estrategia del nuevo president de ocupar su espacio natural reforzando la capacidad de coacción de sus siete diputados en Madrid, diseñando un juego de apariencias destinado a hacer creer que estaría dispuesto a apoyar una moción de censura, de tal manera que Sánchez ante ese abismo ha terminado devolviendo al líder del 1-O la condición de indiscutible kingmaker de la legislatura. Los empresarios peregrinan a Waterloo para agradecerle que echara abajo el impuesto a las energéticas y ahora para implorarle que reconduzca la reducción de jornada.

El postprocés se ha reactivado. Una vía más lenta pero más útil que aprovecha la ambición de Sánchez para sobreponerse a su frágil y contradictoria mayoría en el Congreso. El Gobierno y la Generalitat presumen de una "normalización", en parte verosímil gracias al sentido institucional de Illa y su discurso inclusivo y tranquilo, pero también engañosa. El neopujolismo que practica el president, con el apoyo de los sectores empresariales de Cataluña, es una garantía de supervivencia y perpetuación del sistema nacionalista. Y el fin buscado por los independentistas no ha cambiado; sólo sus medios para alcanzarlo. Se negocia la "amnistía integral", en los términos de Miriam Nogueras, que incluirá tarde o temprano la foto con el prófugo que desacredita a la Justicia española. Pero también el "acuerdo histórico" del que habló Puigdemont en septiembre de 2023 y que se refiere a la superación de la Transición y la configuración que hizo de España como entidad solidaria.

El decreto para acoger a menores inmigrantes que excluye a País Vasco y Cataluña demuestra que los españoles ya no somos iguales. Y la reclamación de competencias de inmigración que hace Junts para rivalizar con Aliança Catalana -encuestas de Moncloa los sitúan con dos escaños en el Congreso- esconde en realidad la más sensible cesión de una estructura de Estado imaginable: el control sobre el territorio. Si el Estado abdica de vigilar la frontera exterior y entrega además a los Mossos la facultad de expedir los documentos para extranjeros -y por tanto, de decidir quién es ciudadano y quién no-, sólo quedaría el control de los recursos -"la llave de la caja"- para que Cataluña se convierta de facto en una confederación extractiva del resto de España y para que el protagonista del 1-O alcance pacíficamente todos sus objetivos excepto el último: el reconocimiento de Cataluña como sujeto de soberanía a través de un referéndum. España va saliendo de Cataluña antes de que Cataluña salga de España. Pero que nadie olvide que algún día todo ese poder estará en manos de los independentistas.