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Carme de Cañón

El desvergüenza del Gobierno de Sánchez a Cuerpo descubierto

Solo Nadal puede concitar consenso pese a algún idiota. Es deplorable el intento del ministro Cuerpo con el Banco de España. Más patético aún que la oposición...

El desvergüenza del Gobierno de Sánchez a Cuerpo descubierto
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Me ha dado pena la despedida de Nadal. No por la retirada en sí, sino por cómo se ha producido. Que no vaya a ser después de ganar otro Roland Garros o la medalla de los Juegos con Alcaraz. ¿Por qué cae mal Nadal a algunos? Quizás es porque representa todo lo que Occidente desprecia de sí mismo (quizás porque no lo cuida): mérito, espíritu de sacrificio y las tortas que suele devolver la realidad a los discursos ñoños y de meñiquito.

Se va Nadal y ojalá no se hubiera ido nunca; que se hubiera mantenido descarado y fresco como cuando era como un Mowgli con pantalón pirata y sobacos como cálices.

Pero hasta los jóvenes se hacen viejos pese a que tantas veces lo viejo se nos haga novedad. No es fácil irse como se ha ido Nadal; estoy segura de que a él le habría gustado marcharse de otra forma. Después de revolcarse en la tierra de la pista y tras firmar en la cámara. Ojalá hubiera escrito «que os den», porque él ya nos ha dado mucho.

El cuerpo ya no le daba más de sí porque tiene sus límites. O debería tenerlos. El único cuerpo que parecía ignorarlos es el ministro homónimo, Carlos. Este periódico ha puesto en suertes al ministro de Economía para que el PP evidencie -que haga oposición, vaya- los pocos límites que se pone este Gobierno. Es tal el escándalo que extraña que no se haya exigido su dimisión. Cuando por fin Cuerpo se libró del controvertido Escrivá en el Consejo de Ministros con destino al Banco de España, se dio cuenta de que no tenía a nadie afín en el «organismo independiente».

El ministro quiso entonces que Judith Arnal dejara su puesto de consejera pese a que debe ocuparlo hasta 2029. «Tienes que renunciar. Necesito tu plaza para otra persona». Arnal se negó a dimitir esgrimiendo la Ley de Autonomía del organismo y se lo contó enseguida a Escrivá, que la apoyó porque ya hemos dicho que su relación con Cuerpo no era precisamente idílica. Resulta llamativo que el ministro de Economía, con el desahogo propio del Gobierno, no mandara a un emisario a sondear a Arnal y que se reuniera con ella el pasado 30 de septiembre en su propio despacho. ¿Por qué no un lugar neutral -un reservado, por ejemplo- si se supone que el Banco de España debe estar libre de injerencias políticas? Cuando EL MUNDO dio la noticia el lunes, Cuerpo se debería haber convertido en protagonista de la semana (hasta que ha estallado lo de Ábalos) y que, al menos, la oposición hiciera su trabajo. Que el ministro de Economía trate de influir en el banco de España menoscaba la reputación del organismo, como ha señalado Político. «¿Por qué el ministro pensó que podía echar a Arnal?», se preguntaba el medio. Era retórico.

Cualquiera que lea la prensa y The Economist sabe que el descaro, el desahogo, la evidente falta de estética y decoro son la impronta de este Gobierno. El me la suda, con perdón. De Sánchez a abajo, todos. No sé si se acuerdan de cuando en 2013 la sobrina de De Guindos logró acceder a una plaza de directora de la CNMC. El puesto sólo le duró unas horas por el escándalo, a pesar de que tenía la mejor puntuación. (Y en el 2018 la ascendieron a aquel puesto que la presión mediática le obligó a dejar).

El PP debería haber mordido a Cuerpo descubierto. La oportunidad la tenían en bandeja, pero es como si faltara ese talento del que siempre había presumido la derecha. No se sabe a lo que están. (¿Y qué fue de los tecos y abogados del Estado que trabajaban para ellos? Y eso que tienen a huevo hacer una oposición efectiva.

El desahogo de Sánchez ha contaminado a todo el Ejecutivo. «El que la hace lo paga y la paga», ha dicho a propósito de Ábalos. A ver qué sale mañana de Bárbara Rey...

Volvamos a Nadal, uno de los pocos españoles que se puede ir sin peros, críticas, ni reproches. El que se los busque pues es un hilipo...