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Por otra parte

Cuando hay que recordar obviedades

Hay que recurrir a películas como La Infiltrada o novelas como Patria para que se agite la memoria

María Luisa Gutiérrez, durante su discurso.
María Luisa Gutiérrez, durante su discurso.JULIO MUÑOZEFE
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Resulta que en la lucha contra ETA muchos policías arriesgaron su vida por defender el bien común y los principios de la democracia. Parece ser que es importante tener presentes a las víctimas del terrorismo, y que la de ETA es una historia que hay que recordar, "porque la memoria histórica también está para la historia reciente de este país". E incluso que es necesario reivindicar la libertad de expresión, el derecho a decir lo que piensas. Lo que en algún momento fueron obviedades convirtieron el discurso de María Luisa Gutiérrez, una de las productoras de La Infiltrada, en el más atrevido y diferente de la gala de los Goya en la que se premió su película. Sus palabras fueron precedidas por las de su colega Mercedes Gamero, que destacó la labor pedagógica de un filme que ya ha superado los dos millones de espectadores -¡en los cines!-, porque mucha gente joven ha hecho el camino inverso de la ficción a la realidad para saber qué pasó en España hace bien poco.

Así, digerido en una película de acción, el relato de lo que pasó entra mejor a un público acostumbrado a recibir la información muy triturada. El operativo que protagoniza la policía Elena Tejada, Arantxa Berradre en el mundo etarra, es una historia de película, pero sube enteros cuando se sabe que es real y que el relato cinematográfico es bastante fiel a los hechos. La infiltrada tiene clara su misión: "Quiero ver el fin de esto y quiero ser yo quien esté en primera fila", le dice a su jefe cuando pretenden interrumpir la investigación. El fin de ETA llegaría varios años después, no hace demasiados. Y, sin embargo, estando tan cerca, hay que recurrir a películas como esta o a novelas que parecen reales, como Patria, para que nos la recuerden.

La infiltrada, Maixabel o Patria son sólo pequeñas alteraciones en el camino de una "normalización" que muchos están empeñados en que incluya el olvido. Horas antes de que se celebrara la gala de los Goya, el partido heredero de aquellos a los que la infiltrada combatía reeligió al que ya apunta a convertirse en su líder vitalicio. Arnaldo Otegi ha cambiado el cargo de coordinador de EH Bildu por el de secretario general. Lo ha hecho con el apoyo del 95% de los militantes y ha señalado el camino: gobiernos colaborativos para seguir acaparando poder. En su discurso sí tuvo memoria para recordar que hace 50 años que murió Franco, pero asegurando que el franquismo sigue vivo porque el dictador dejó todo bien atado, también la Transición. Esto sólo tiene sentido dicho por alguien que participó en el principal obstáculo para la estabilización democrática del país, el terrorismo de ETA.

Para ellos, su lucha fue legítima y no hay por qué pedir perdón a las víctimas. No lo han hecho ni lo van a hacer. La "normalización" del País Vasco pasa por quitarle importancia a todo lo que pasó, pero los 850 asesinatos son tan reales como que Elena Tejada existe. Es obvio, pero hay que recordarlo.