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Nada por escrito

La culpa de la extrema derecha

En una semana, la Asamblea Nacional votará en contra del primer ministro francés. En las encuestas, el partido de Le Pen suma más que toda la izquierda

Starmer, Merz, Zelenski, Macron y Tusk, al teléfono con Trump.
Starmer, Merz, Zelenski, Macron y Tusk, al teléfono con Trump.
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Si nada lo impide, François Bayrou perderá el voto de confianza del próximo lunes en la Asamblea Nacional. Hace un mes, el primer ministro francés habló de la necesidad de sacar adelante unos presupuestos austeros para reducir la deuda y mejorar la productividad del país. Entre las medidas que han enfurecido a todos figuran la congelación y reducción del gasto en pensiones, en salarios públicos y en prestaciones sociales; el aumento del copago de medicamentos; la subida de impuestos a las rentas altas y la creación de nuevos tributos (ya solo les falta gravar las emisiones de CO2 al respirar). Pero lo que más indignación ha causado ha sido la supresión de dos festivos: el lunes de Pascua y el 8 de mayo, día de la derrota del nazismo.

Francia no está sola en este adelgazamiento presupuestario. Merz también ha advertido de que el Estado del bienestar está agotado -uno de cada tres euros se destina a pensiones- porque es imposible de sostener.

Las encuestas en Francia son claras. El partido de Le Pen y Bardella tiene un 31,5% de intención de voto, más que todos los partidos de izquierda juntos. (El grupo que apoya a Macron apenas alcanza el 27%). En las últimas elecciones más del 60% de los agricultores y obreros votó a Agrupación Nacional.

En Alemania, la AfD también encabeza los sondeos, pese al cordón sanitario pactado entre la derecha y los socialdemócratas. Otro estudio reciente confirma el hundimiento del frente republicano: solo un 26 % de los franceses se opone a poner barreras al partido de Le Pen.

A la caducidad del modelo de bienestar se suma la irrelevancia europea. Es penoso ver a Von der Leyen, a Macron y compañía como convidados de piedra en las conversaciones sobre Ucrania; o Gaza.

Puede que sea casualidad, pero desde que se empezaron a implantar (ellos dicen implementar) las políticas de la Agenda 2030, el crecimiento de la extrema derecha ha sido directamente proporcional a la pérdida de relevancia de Europa. La caída de la productividad y el desmantelamiento industrial están íntimamente ligados al empobrecimiento.

En los años 80 mi abuelo ya decía que Europa tendría que decidir entre llevarle el maletín a China o a Estados Unidos. Lo sorprendente es que nadie —ni siquiera Macron en su día— haya querido enderezar el rumbo del continente. La responsabilidad no gana elecciones.