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De lo que nos salvan los de Puigdemont

Arnault ha acusado al nuevo Gobierno de Francia de querer llevar el país a la ruina con la imposición de la tasa Zucman a los que tengan más de 100 millones.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron.
El presidente de Francia, Emmanuel Macron.YOAN VALAT |EFE
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La pasada semana, el nuevo primer ministro francés, Sébastien Lecornu, anunció que estudiaba introducir la llamada tasa Zucman (por el economista de la Universidad de Berkeley), que afectaría a los contribuyentes con más de 100 millones de euros y con la que se prevé recaudar 25.000 millones. La propuesta ya fue rechazada en junio, pero ha vuelto con fuerza porque Macron necesita seducir a la izquierda.

La opinión de Bernard Arnault, presidente del grupo LVMH y el tío más rico de Francia, no se hizo esperar. En cuanto se produjo el anuncio, declaró a The Sunday Times: «Este debate no es un debate económico-técnico. Lo que claramente se quiere es acabar con la economía francesa». Luego despachó a Zucman -uno de los 300 economistas que apoyaron el programa económico del Nuevo Frente Popular- como un seudoacadémico y, sobre todo, un activista de la extrema izquierda. Según Forbes, si se aplicara la tasa Zucman, Arnault (fortuna estimada en 140.000 millones) tendría que pagar 2.800 millones.

No sería la primera vez que Francia introdujera un impuesto sobre la fortuna. Entre 1989 y 2017 existió un impuesto progresivo para patrimonios de más de 1,3 millones, que provocó que muchos ciudadanos se largaran con su dinero a otra parte. Al otro lado de Macron está Philippe Aghion, que sostiene que la tasa Zucman machacará a los propietarios de empresas incipientes, obligándolos a vender acciones para pagar impuestos. Es un hecho: los mejores se van.

A los ricos no les importa que les suban los impuestos. Más bien les importuna. No les cuesta irse a morir de asco a Dubái o a cualquiera de los emiratos donde no se pagan tributos. Al menos se mueren ricos. También se las prometían muy felices Starmer y Reeves cuando eliminaron las exenciones fiscales a los capitales extranjeros domiciliados en Reino Unido y subieron la fiscalidad de las fortunas. Meloni ya ha sido acusada de dumping fiscal.

Los que no podemos pagar ingeniería financiera afrontamos lo que haya que pagar con resignación, aunque luego sepamos que nuestros impuestos no sirven para costear pulseras telemáticas efectivas para maltratadores. O que sirven para que Sánchez y Begoña no se bajen del Falcon. Intuyo que Sánchez iría por un camino similar en lo relativo a la tasa Zucman si no necesitara los votos de Puigdemont. Eso hay que reconocerlo.