COLUMNISTAS
El mundo en breve

¡Nos están robando nuestra democracia!

El vídeo de María Guardiola es una muestra más del desconcierto de los partidos clásicos en todo el mundo. Una opción, mala, es emular a sus rivales populistas. Otra, igual o peor, es no hacer nada

La presidenta extremeña, María Guardiola, en su vídeo sobre el robo en Correos.
La presidenta extremeña, María Guardiola, en su vídeo sobre el robo en Correos.
Actualizado

1. Extremadura, república independiente

Aunque es bastante probable que no pueda deshacerse de Vox, María Guardiola ganará hoy las elecciones extremeñas tras una campaña curiosa.

Si lo habitual es ver al candidato hasta en la sopa, la presidenta ha optado por esconderse con el fin de evitar errores y controlar sus dos mensajes clave: un no es no a Vox que la última vez se transformó en no es sí; y la idea, singularísima, de que Extremadura es diferente. ¡Una república independiente!

A la pregunta de por qué apenas se prodiga por los medios nacionales, Guardiola ha respondido: «Lo que no quiero es que se nacionalice una campaña que tiene que hablar de la tierra, de los problemas de los extremeños y de las extremeñas». Lo de huir de los periodistas de Madrid es un clásico en Cataluña y el País Vasco.

Pero hay más: «Las encuestas dicen que soy la candidata más valorada. (...) Los demás partidos tendrán que decir y explicar si van a escuchar a la mayoría de los extremeños o si, por el contrario, escucharán a sus líderes nacionales». ¡Extremadura versus España!

En Euskadi pasa algo parecido: socialistas y populares son marionetas en manos de Madrid, mientras que el PNV decide en Bilbao, pensando exclusivamente en los vascos.

2. El experimento de la "vía Guardiola"

Por suerte, Juanma Moreno lo ha explicado bien en La Vanguardia. «Catalunya es evidente que tiene un fuerte sentimiento de pertenencia, y además tiene una singularidad cultural, social, económica, y por tanto el PP debe parecerse lo más posible a Catalunya».

A continuación, Moreno recomendó a su partido la «vía andaluza», aunque en esto la baronesa extremeña no le ha hecho demasiado caso. Su vídeo denunciando el robo de votos -un total de 124- en una oficina de Correos no es un monumento a la moderación. Conviene detenerse en sus palabras: «Están robando nuestra democracia delante de nuestros ojos. Alguien quiere que los extremeños no tengamos derecho a decidir. [¡Vaya!]. Alguien está dinamitando los cimientos de nuestra libertad. Nos quieren silenciar. Quieren elegir por nosotros. Quieren robarnos nuestro futuro. Y yo desde luego no me voy a quedar callada mientras pisotean los derechos del pueblo extremeño. ¡Basta ya!».

Luego supimos que los ladrones no querían robar el futuro sino 14.000 euros y que su apodo es «la banda de la radial». Pero esto tampoco hizo mella en la candidata. El viernes reincidió: «El derecho a votar se ha hurtado».

3. Europa, entre la victoria y el desistimiento

El vídeo de María Guardiola ha sido calificado de trumpista, aunque tampoco hay que irse tan lejos. No sé si recuerdan aquella vez en la que Óscar Puente explicó un robo de cable en el AVE como «un acto grave de sabotaje» para desestabilizar al Gobierno. O cuando unos hackers antisanchistas apagaron España. Así que en esto Extremadura no es tan singular. ¡Si incluso el magnífico Gallardo acude a las urnas casi como lo hizo Trump: condenado!

En todo el mundo los partidos clásicos están desconcertados, buscando su sitio a base de prueba y error. Una opción, mala, es emular a sus rivales populistas. Otra, igual o peor, es no hacer nada. La Unión Europea es un ejemplo tristísimo. Empezó bien la semana: al relajar la prohibición total de los coches de combustión, demostró que puede adaptarse a la realidad. Parece lógico que si nuestra competitividad se hunde, no habrá agenda verde con la que comprometerse.

Sin embargo, la semana europea se ha cerrado con el mensaje contrario: no utilizaremos los activos rusos congelados para financiar a Ucrania y el pacto de Mercosur se aplaza a enero (si no lo hace eternamente). Europa actúa como el boxeador debilucho del ring en medio de un combate sin reglas.

4. El activismo que crece ya no es de izquierdas

El péndulo también se mueve en el campo del activismo. Si durante décadas se multiplicaron los colectivos que desde la izquierda batallaban contra el machismo, la homofobia y la llamada islamofobia, ahora las asociaciones conservadoras son las que avanzan.

La cristiana Alliance Defending Freedom (ADF), con sede en Arizona y filial en Viena, se hizo conocida en 2022 cuando contribuyó a que el Tribunal Supremo de EEUU revocara la legalidad federal del aborto. Desde entonces se expande con rapidez: dedica unos 9 millones de euros anuales a programas internacionales y ha duplicado su presupuesto de lobby en Bruselas hasta los 1,1 millones. Son algo así como el hermano mayor de nuestros Abogados Cristianos.

En Gran Bretaña han defendido a una activista antiaborto condenada por violar la zona de seguridad de una clínica. En Finlandia ayudan a Päivi Räsänen, una parlamentaria acusada de incitar al odio porque, cuando la Iglesia Evangélica Luterana apoyó el Orgullo LGBT de Helsinki, ella tuiteó: «¿Cómo puede la Biblia ser compatible con la exaltación de la vergüenza y el pecado como motivo de orgullo?».

A veces ocurre que las causas más nobles -desde la libertad de expresión hasta la igualdad entre sexos o razas- se defienden por las razones equivocadas.