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Esa familia pudo ser la nuestra

Hay personas que pierden la Navidad de golpe y luto

Esa familia pudo ser la nuestra
EFE
Actualizado
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Por si fuera necesario, que en realidad no lo es, el CIS ha vuelto a confirmar que lo más importante en la vida de los españoles y de las españolas es la familia. Pertenezco a ese 83,8% que, según el estudio hecho público ya pasados los Reyes, asegura que sentir la Navidad es acercarse a la familia y a ese 81,2% que lo que más siente en esas fechas es la añoranza. Hay personas que pierden la Navidad de golpe y luto. Es mi caso. Enterré a mi madre en la mañana de Nochebuena. Hace mucho, pero en ocasiones parece ayer. No obstante, la familia ha seguido su curso, ha aumentado de tamaño con la llegada de los niños y así las ausencias siguen doliendo mucho, aunque los Reyes Magos vienen todos los años y, por fortuna, cada vez más cargados.

Hay varias familias en Valencia a las que esta Navidad les ha arrebatado la Navidad, tal vez para siempre. No he dejado de pensar en esas familias. Perdieron un padre y tres hijos el día después de Navidad. El 26 de diciembre, a la misma hora que las familias españolas apuraban los restos de la cena de Nochebuena, el padre, dos niños y una niña, se quedaron a morir en uno de los paraísos de la tierra. Estaban de viaje donde las agencias venden experiencias exóticas, islas de ensueño, naturaleza virgen, animales que son únicos.

He visto a esa madre, Andrea, esperando a que los rescatadores encontraran los cuerpos de su marido y de los tres niños -dos hijos de ella y uno de él y de otra madre- que naufragaron por quedarse en los camarotes, mientras que ella y otra de sus hijas se salvaron porque estaban fuera del camarote. Así de simple es la muerte y así de simple es la vida. Tu familia cree que estás en el paraíso, menuda suerte de viaje, y de pronto ya no estás en ninguna parte.

He visto a esa madre implorar por Dios al gobernador de aquellas tierras lejanas que no la dejara volver a España sin todos los niños. Y la he visto, allí en tierras y aguas tan lejanas, dando las gracias con las manos, los ojos y los brazos, dando las gracias a los rescatadores por su esfuerzo.

Pero ni siquiera he podido imaginarme cómo y cuánto es el dolor de esas familias. Ni qué fuerza del destino ha sido capaz de sacar de la cama cada mañana a la madre que esperaba a los rescatadores en el puerto, a la madre que esperaba en Valencia y al padre del único que no apareció.

Todas las familias que viajamos en Navidad podíamos ser los padres, las madres y los niños que organizaron el viaje con el entusiasmo, la alegría y la intención de que fuera inolvidable.