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Plazo de enmienda

Cuando Sánchez se vaya, el rebaño dejará un erial sembrado de cagarrutas

El presidente se irá. Es la ley de la política que se impone tarde o temprano a cualquier tipo de resistencia. Y cuando esto suceda, el PSOE se preguntará si hay alguien para tomar el testigo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.Kiko HuescaEFE
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¿Saben de aquel que dijo: «Con Bildu no vamos a pactar, si quiere lo digo cinco veces o 20». Era 2015. Y que después, en 2019, aseguró a propósito del procés: «El acatamiento de la sentencia del Tribunal Supremo significa su cumplimiento, su íntegro cumplimiento». El mismo también que, en noviembre de 2022, recalcaba: «La amnistía es algo que este Gobierno no va a aceptar y que, desde luego, no entra en la legislación y en la Constitución española»; y que en la misma campaña del 23-J, un año más tarde, insistía campanudo: «El independentismo pedía una amnistía y no se le ha dado».

No hace falta el nombre. Pero sí una cita más. Es la misma persona que sostiene sin empacho eso de «vamos a avanzar con determinación con o sin apoyo de la oposición, con o sin concurso del poder legislativo». Esto fue en septiembre de 2024. De momento, el plan no avanza. Estamos estancados. No podía ser de otra manera.

Con estos precedentes y con estos bueyes aramos. O sea, descreídos, desconfiados y con la mosca detrás de la oreja. Los ciudadanos y los partidos políticos. También el PSOE que, de tantos cambios de opinión, no sabe ya desde donde sopla el viento y salta de Maduro a Delcy, de Gaza a Ucrania, de los alquileres a Groenlandia y de la solidaridad a la ordinalidad.

El socialismo está en un sinvivir. Todo el socialismo. Los sanchistas, porque lo suyo es una alerta continua para reconducir el rumbo según se pronuncie el oráculo. Y vaya usted a saber de cuántos grados será el giro. Cansados de dar vueltas, se aferran a penosos argumentarios intentando camuflar con dientes-dientes el sonrojo de quien ve en su interlocutor el estupor, cuando no la sorna, pintados en el rostro. Y los críticos, esforzados en agitar avisperos, que haberlos haylos, quedan hasta la fecha ahogados por la apisonadora del rebaño mayoritario.

Hace unos días, Jordi Sevilla, el ex ministro que empleaba alguna que otra tarde en enseñarle a Zapatero los rudimentos de la economía, ha tenido el coraje de intentar mostrar a sus compañeros un nuevo camino. Él es un hombre con la cabeza bien amueblada, valores claros y espíritu crítico. Pero demasiado buenista. Así como un poco blandengue.

Sevilla habla de socialdemocracia confiando en poder concitar adhesiones. Algunas hay pero, entre que el miedo se impone en unos y, en otros, la oquedad de su cabeza no da para un palabro tan largo, todo se queda en agua de borrajas. Es una pena. Sevilla se marcó un manifiesto de unas cuantas páginas y la mayoría no pasó de la primera.

El ex ministro ha sembrado en tierra poco fértil y aún así espera brotes verdes. Veremos. Si el desaliento no ha prendido todavía en él, si cree realmente en el proyecto, le queda mucho trabajo por delante. Insistir y abrir la puerta de par en par. Algo grande no cabe en este PSOE pequeño que se acobarda ante el intento, no vaya a ser que malogre la aspiración de quienes ahora figuran en unas listas diseñadas, previa purga, por quien ustedes ya saben.

Pedro Sánchez se irá. No sabemos cuándo, pero se irá. Es la ley de la política que se impone tarde o temprano a cualquier tipo de resistencia. Y cuando esto suceda, del rebaño espantado y sin guía sólo quedará un erial sembrado de cagarrutas. Entonces, se preguntarán: ¿hay alguien para tomar el testigo?