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Rufián y sus burbujas de amor en la pecera

Hace unos días, Producciones La Moncloa usó a sus terminales para circular un mensaje: "Se nos ha ido de las manos" esto de inflar a Vox

El portavoz de ERC, Gabriel Rufián.
El portavoz de ERC, Gabriel Rufián.Javier LizónEFE
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Si quedaba alguna duda, la portada de El País de ayer y el azul eléctrico del Rufián más galán, penetrante y reflexivo las despejaron: Rufián es el nuevo artilugio de Sánchez, que lo arroja a la pista de baile, lo usa como pez y como anzuelo. Rufían se deja; Madrid seduce; es demasiado golosa y de todos. Hace tiempo que Rufián se arrima al querer: mucha cuestión social y poca estelada. Ya es otro mamporrero de Sánchez. Hizo méritos contra Mazón; servil y mezquino, al gusto del boss.

Rufián es simpático y dicharachero: un cordial pepito grillo de Sánchez que detesta a Yolanda Díaz y compadrea con Iglesias. Pero, sobre todo, llegado el caso, si las cosas se ponen realmente feas para Sánchez, es el rostro amable para un frente electoral constituyente. Sánchez no descarta nada y lo anticipa todo. En 2023, Sánchez arañó más de 300.000 votos a ERC, casi la mitad de los que cosecharon los separatistas en 2019. En ERC no gusta la idea, pero en el bazar subastan la Generalitat.

Las fuentes socialistas dicen lo mismo que cuando Díaz: "Lo vemos con distancia"; "No nos inmiscuimos en ese espacio"... O sea, operación programada aunque sea de prueba. El tercer indicio del conchabamiento son las últimas sesiones de control parlamentario a propósito de la corrupción: Rufián endurecía el gesto y acaramelaba el tono. Tan incisivo como sonó: "¿Y ustedes, qué van a hacer?". Sánchez respondió: "Lo que estamos haciendo (...) Contra la corrupción, tolerancia cero". Rufián aprieta los ojos; contorsiona el cuello y tensiona el brazo izquierdo, a punto de entonar un quejío, de escupir fuego, lanza un clavel: "No es suficiente", mariposea zalamero. Su cara fue un guion. Todo pactado. "Es tu hora", le ordena Sánchez.

Mientras nos ciega y distrae el entallado -de sastrería- azul eléctrico de Rufián, que ocupa el vacío y agotamiento programático y cromático de la izquierda, los guionistas de Sánchez se apuntan otro tanto a cuenta de Vox en las autonomías. Hace unos días, Producciones La Moncloa usó a sus terminales para circular un mensaje: "Se nos ha ido de las manos" esto de inflar a Vox. Ahora giran, lo explotan contra el PP y ponen otro cepo. El PP pica y entra al trapo. De repente, populares y socialistas se enzarzan sobre la responsabilidad de la crecida de Vox. Mal marco para el PP, que extiende una solicitud de indulgencia y traza una contradictoria censura a Vox.