- Usted compara la guerra arancelaria de Donald Trump en Europa con la carga de un hipopótamo en la naturaleza. ¿Por qué?
- A primera vista, cuando uno mira a un hipopótamo parece calmado y apacible, incluso podemos decir que casi no se mueve. Pero en realidad los hipopótamos son animales extraordinariamente mortíferos, el mamífero grande más letal de la Tierra, y llegan a matar a unas 500 personas cada año. En ese sentido yo creo que hay cinco principios que nosotros, como europeos, podemos aprender de los guías de safari y aplicar al choque con Donald Trump. El primero es que debemos tener claros los hechos: mucha gente cree que puede correr más rápido que un hipopótamo, pero en realidad son capaces de alcanzar 50 kilómetros por hora. De la misma manera, es muy importante que los europeos tengamos claro que, si intentáramos imponer aranceles a las importaciones estadounidenses, serían los consumidores europeos quienes pagarían ese impuesto. El segundo principio es resistir la tentación de tomar represalias. Intentar vengarse de un hipopótamo es una mala idea, que se aplica también a una eventual escalada arancelaria de la Unión Europea contra las tarifas de Estados Unidos: acabarían dañando la economía europea. De hecho, hay estudios que muestran que tomar semejante iniciativa duplicaría el impacto económico de los aranceles de Estados Unidos sobre las economías europeas de cara a 2030, así que digamos que nos terminaríamos haciendo mucho daño.
El tercer principio es mantenerse unidos. Si el hipopótamo ataca y cada uno sale corriendo por un lado podemos tener un problema. - Europa tiene que actuar en bloque.
- A Trump le gustaría ver a los europeos divididos, dispersos y con posiciones diferentes sobre la guerra comercial. Así que es muy importante mantenernos cohesionados. El cuarto principio tiene que ver con no luchar contra lo que no podemos cambiar: si el hipopótamo ha decidido cargar, no hay manera de convencerlo mediante negociaciones de que no lo haga. De manera similar, creo que las únicas dos cosas que podrían influir en la mente de Trump son, por un lado, los desafíos legales contra sus aranceles -y sobre esto los europeos no tenemos poder- y, por otro, los mercados financieros.
Hay, finalmente, un quinto principio: conocer nuestra fuerza interna oculta. Por ejemplo, los humanos no pueden correr lo suficientemente rápido para escapar de un hipopótamo, pero sí pueden trepar a los árboles. Aquí hay otro paralelismo para los europeos: ser aburridos puede ser una buena estrategia frente a Trump, porque quizá así consigamos que pierda interés en atacarnos. - Se ha acusado repetidamente a Ursula von der Leyen de firmar un pacto «humillante» con el presidente estadounidense. ¿Había otras opciones?
- Ha habido infinitas discusiones sobre la supuesta «humillación» y la «capitulación» de Europa en el acuerdo comercial que Von der Leyen firmó este verano en Escocia. Pero hay que preguntarse por las alternativas: qué ha pasado con otras economías que han firmado acuerdos comerciales con Trump. Yo diría que el pacto europeo es mucho mejor para la UE que, por ejemplo, el que ha ratificado Japón, que ha comprometido 550.000 millones de dólares de inversión en suelo estadounidense con dinero de los contribuyentes para enero de 2029. No ha habido un compromiso de ese calibre por parte de los europeos. En otros países, como Corea del Sur, ha ocurrido algo similar. Así que creo que el pacto europeo es mucho menos malo.
- Tampoco parece que hubiera escapatoria para la UE según la lógica de Trump, que siempre ha mostrado una especie de obsesión por el déficit comercial estadounidense.
- No tiene ningún sentido, pero él cree que es un problema y está convencido de que los aranceles son la mejor herramienta para atajarlo. Desde esa perspectiva era muy poco probable que los europeos pudiéramos rehuir un arancel estadounidense, porque, por ejemplo, Alemania tiene el segundo mayor déficit comercial con Estados Unidos, sólo por detrás de China. Así que un arancel base, en este caso del 15 %, era inevitable.
- Otro aspecto controvertido del pacto es el compromiso de inversión europea en EEUU.
- Hay que aclarar que esa inversión de 600.000 millones de dólares no proviene de dinero público, solo representa planes actuales de inversión de empresas privadas en Estados Unidos. Nada nuevo, por otra parte. La Unión Europea también se comprometió a importar 750.000 millones de dólares en productos energéticos estadounidenses, pero esto ni siquiera ocurrirá porque Estados Unidos no tiene capacidad para exportar tanto. Por último hay un compromiso de importar más equipamiento militar de Washington, pero hay que tener en cuenta que ya es el principal proveedor de muchos países europeos.
- A su juicio, ese arancel del 15% ha sido, entonces, el mal menor. Pero hay sectores europeos que son más vulnerables que otros.
- Si miramos la estructura de las exportaciones europeas a Estados Unidos, diría que son tres. El primero, los productos farmacéuticos, que, de hecho, tienen algunas exenciones arancelarias, claves para muchas exportaciones europeas. El segundo sector incluye todo lo relacionado con aviones, con lo cual Airbus se verá afectado en la competencia con Boeing. Y en tercer lugar están los coches. Howard Lutnick, secretario de Comercio de Trump, ha señalado que, esencialmente, las negociaciones UE-EEUU se centran en aviones, coches y mercancías generales, que juntas representan alrededor del 40% de las exportaciones a territorio estadounidense. El impacto también depende de la circunstancia de que algunas empresas exporten exclusivamente a EEUU y puedan ser reemplazadas allí; esas serán las más afectadas. Pero en general, los datos apuntan a un impacto limitado de los aranceles sobre las economías europeas, siempre que los europeos resistan la tentación de imponer aranceles de represalia, que sí dañarían nuestras economías.
- ¿Y cómo pueden afectar a los consumidores europeos?
- Si la Unión Europea entrara en una guerra comercial con Estados Unidos entonces, claro, los consumidores europeos correrían riesgo de inflación. Un arancel es un impuesto sobre las importaciones que pagan las empresas, y sabemos que las empresas estadounidenses están trasladando esos costes a los consumidores. Así que los consumidores estadounidenses ya están sintiendo los efectos de esa política arancelaria de Donald Trump.
- ¿Se puede decir que las tarifas de Trump están perjudicando ya a la economía estadounidense?
- La inflación se ha convertido en un tema políticamente candente en Estados Unidos. Recientemente ha aumentado un poco, pero hasta ahora no ha sido demasiado porque antes de imponer los aranceles muchas empresas tenían stocks que están utilizando. Eso ha limitado el impacto de las tarifas en los precios, pero yo diría que a principios del próximo año veremos una repercusión más fuerte sobre la inflación y también sobre los datos de crecimiento. Aunque el crecimiento agregado parece sólido, sectores expuestos a los aranceles, como la construcción, muestran ya un panorama sombrío.
- Trump no se caracteriza por respetar los términos de los contratos, así que el acuerdo comercial con la UE tampoco garantiza una estabilidad a largo plazo. ¿Sería eficaz en caso de incumplimiento que la Unión Europea respondiera con medidas más duras?
- Trump no suele cumplir sus promesas, pero también hay que tener en cuenta que en el futuro habrá más negociaciones. Si la Unión Europea suaviza la legislación tecnológica, por ejemplo, podría haber un acuerdo sobre aranceles del acero. Y habrá más frentes: tecnología, inversiones, finanzas... Algunos políticos estadounidenses también quieren depreciar el dólar frente al euro, lo que afectaría a la competitividad europea. La cuestión para la UE es mantener la calma y continuar. Con Trump todo cambia constantemente, pero la cuestión es cómo responderle sin hacernos daño y cómo convertirle incluso en una oportunidad para impulsar reformas importantes a largo plazo, entre ellas profundizar en el mercado único. Un pequeño aumento del 1,25% en el comercio intraeuropeo podría compensar la pérdida del 10% en exportaciones a Estados Unidos. Pero el Fondo Monetario Internacional estima que las barreras internas en la UE equivalen a un arancel del 44%, mayor que cualquier tarifa que Trump pueda imponer.
- ¿Estados Unidos ha dejado de ser un socio fiable?
- EEUU va a seguir siendo un socio importante porque continuamos siendo miembros de la OTAN y del G-7, imponiendo sanciones a Rusia por la guerra de Ucrania y compartiendo intereses comunes. Pero los retos son numerosos: comercio, inversiones, defensa, tecnología... La cuestión clave es si Trump es un fenómeno temporal y todo regresará a la normalidad en 2029, o si su llegada es el reflejo de un cambio más amplio en Estados Unidos. No lo sabemos. Las elecciones de medio mandato del próximo año darán algunas pistas, pero aún es pronto. Mi consejo para Europa sería no romper nada, no reaccionar en exceso.
- El Gobierno español ha apostado, en cambio, por estrechar la alianza con China como contrapeso de Estados Unidos. ¿Qué le parecen ese tipo de iniciativas?
- Lo importante es mantenernos unidos en Europa, y hoy por hoy no hay un consenso europeo sobre China: algunos gobiernos, como España, buscan acercamiento mientras otros, como los nórdicos o los bálticos, son mucho más reacios. China observa estas divisiones, especialmente de cara a un posible conflicto con Taiwan.
- ¿Considera entonces un error acercarse demasiado a Pekín en pleno choque con Trump?
- Tenemos dos choques simultáneos: con Estados Unidos y con China. Pero con Pekín no compartimos ni los valores democráticos, ni la postura sobre los derechos humanos o la cuestión de Taiwan. Por eso sería un error saltar a otro socio simplemente porque tenemos problemas con nuestro aliado tradicional. Y, de nuevo, necesitamos unidad: fuera de Europa, la gente no distingue entre España o Italia, solo ven a Europa.
- ¿Qué otras alianzas pueden compensar el debilitamiento de los lazos con Washington?
- La alianza clave es el G-7, donde la UE tiene su propio asiento y que es una coalición de países con valores similares: Canadá, Japón, las economías europeas… Además, es esencial en materia de seguridad económica. Muchas sanciones contra Rusia se han coordinado, de hecho, en el G-7. La crisis es también una oportunidad para profundizar relaciones con otros bloques, como el Mercosur, muy relevante para España. Si Europa no avanza, estos países latinoamericanos pueden girar hacia China, su mayor socio comercial.
- Usted insiste en que la UE necesita unidad, pero ¿como puede mantenerla con socios próximos al trumpismo como Hungría o Eslovaquia?
- Trump sabe que la UE es un gran mercado de casi 500 millones de consumidores. Si Europa habla con una sola voz, tendrá más poder que cada país negociando por separado. Y ahora hay divisiones, pero compromisos europeos que siguen saliendo adelante, como la renovación de las sanciones a Rusia, muestran que se puede lograr unidad.
- ¿Qué reformas económicas tendría que impulsar Europa aprovechando esta crisis?
- Primero, profundizar el mercado único. Segundo, invertir más en alta tecnología; la UE no lidera globalmente en innovación. También hay que preparar pasos hacia el endeudamiento común, para enfrentar cuestiones como el envejecimiento de la población, el cambio climático y el aumento de los gastos de defensa. Esto permitiría además fortalecer al euro como moneda global.
- ¿Cuáles son los principales obstáculos a la emisión de eurobonos?
- Los llamados estados frugales, como los países nórdicos, se resisten a compartir riesgos porque implicaría compartir deuda. Sin embargo, países como España muestran crecimiento fuerte y métricas económicas sólidas; con shocks como el que está protagonizando Trump, espero que la resistencia disminuya.
- Los males de la UE están diagnosticados hace tiempo. Pero la cura no termina de aplicarse, como ha advertido Mario Draghi recientemente. ¿Hacen falta reformas políticas?
- Sabemos lo que hay que hacer, pero falta voluntad política. Trump puede generar sentido de urgencia para implementar esas reformas difíciles. Por ejemplo, a raíz del plan de EEUU para acabar con la guerra de Ucrania Trump ha sido un factor de motivación a la hora de empujar a los países europeos a intentar utilizar los activos rusos congelados para transferirlos a Ucrania.
- A menudo se acusa a Europa de lentitud y sobrerregulación, pero ¿cuáles son las capacidades de la UE que no estamos aprovechando?
- Europa tiene muchos activos: el mercado interno, casi 500 millones de consumidores, banca global y sistemas financieros clave como Swift. No somos los líderes globales, pero sin Europa muchas cadenas críticas no funcionarían. Los puntos estratégicos que tenemos nos permiten influir en la economía global si los usamos correctamente.
DNI
Nació en el sur de Francia. Estudió en Sciences Po Paris (Francia) y Columbia University (EEUU) con la beca Fulbright.
Trabajó como diplomática francesa en Moscú (2011-14) y Beirut (2014-17), es columnista de 'Foreign Policy', asesora del Ministerio de Asuntos Exteriores francés y autora de 'Backfire', un libro sobre los efectos globales de las sanciones y los controles a la exportación. Profesora visitante en el Colegio de Europa.

