- Otro verano entretenido…
- Durante mi primer año en política Joan Tardà me dijo: "No te preocupes que el verano es tranquilo". Bueno, pues llevo ya diez y no he pasado ni uno tranquilo. Recuerdo especialmente un verano en el que tuve que suspender todo lo que tenía previsto porque abdicó Juan Carlos I y, sobre todo, el de 2022. Ese fue el más bestia porque tuve que volver de mi viaje de novios después de la boda porque a Pedro Sánchez se le ocurrió convocar un Debate sobre el estado de la Nación. Estaba en las vacaciones y tuve que dejar plantada a la novia y volverme.
- Debió hacerle mucha gracia.
- Lo entendió. Es importante para aquellos y aquellas que nos dedicamos a la política que tu entorno comprenda que esto es una locura que tiene que ser temporal, sobre todo en primera línea y si tienes según qué exposición porque mentalmente no es sano, pero que mientras estemos en activo tu vida depende de lo que pase en el mundo y en el mundo están pasando en un año una cantidad de cosas que antes no pasaban en una década.
- ¿Merece la pena esta vida?
- [Se encoge de hombros] Es el mejor trabajo que he tenido nunca. Vengo de una generación superprecaria, trabajé 10 años en lo que yo había estudiado, en selección de personal en una empresa de servicios, y te aseguro que esto es mucho mejor. Poder decir lo que quiero y plantar cara a quien quiero sin tener un jefe cabrón que me putee me parece espectacular. Además, todavía a día de hoy me levanto algún sábado pensando "hoy no curras" y eso es la hostia.
- Sin embargo, ese trabajo está atravesando una crisis reputacional tremenda. ¿Te preocupa la antipolítica?
- Sí. Ha pasado siempre, sobre todo cuando ha gobernado la izquierda. Si te das cuenta, la historia de este país tiende o muestra cierta pulsión hacia la violencia verbal y hacia la violencia política. En los últimos 190 años ha habido tres guerras carlistas, una guerra civil, represión en tiempos de paz, terrorismo de Estado, terrorismo de izquierdas, terrorismo de derechas... ¿Cuál es la diferencia con lo que está pasando ahora? Creo que lo más peligroso es que los partidos y los medios de comunicación estamos más en entredicho que nunca y ese sentimiento de provisionalidad, de que todo va fatal independientemente de los datos, siempre pasa cuando gobierna la izquierda. Los diputados más veteranos de la Cámara me dicen: ‘"Esto ya pasaba con Zapatero". Y a todos nos consta que a Adolfo Suárez casi lo echan a patadas de La Moncloa. Todas las derechas, también la catalana, creen que los países son suyos y que nosotros somos un accidente de la historia.
- ¿Qué sentido tiene un Gobierno sostenido por ERC y Junts? Es una aberración ideológica.
- Me hizo gracia cuando escuché a Feijóo decir que quizá el PSOE había falseado las elecciones. Pensaba: "Claro, Alberto, Pedro Sánchez ha falseado las elecciones para que las ganaras tú y para depender de Junts. Por las risas". A ver, es evidente que el actor novedoso y disonante en toda esta aritmética parlamentaria es Junts, que es un partido de derechas, muy de derechas, que está imitando algo por lo que a nosotros nos machacó durante cinco años: negociar con este Gobierno porque ¿la alternativa cuál es? Yo reivindico estos años en los que el PSOE ha estado exigido porque creo que esta especie de alquimia parlamentaria de ir número a número, diputado a diputado, de tener que negociar partido a partido, es agotadora para todo el mundo, pero ha traído cosas muy buenas. Insuficientes, pero buenas.
- ¿Cuáles?
- Siempre pongo el mismo ejemplo: la pandemia. Que todo el mundo se imagine lo que hubiera supuesto una pandemia con un gobierno del Partido Popular o del PSOE con mayoría absoluta. Creo que hubiera sido un drama y el ejemplo es Madrid.
- ¿Cómo el gamberro que eras se ha convertido en referente de la izquierda?
- No sé... Hubo un momento en que pensé: "Trabaja, trabaja, trabaja". Recuerdo perfectamente una conversación con Julio Anguita 15 días antes de morir. Hablamos por teléfono y me dijo: "Estudie, estudie, estudie constantemente". Y yo, humildemente, lo que he intentado ha sido estudiar, trabajar, hablar más para los de fuera que para los de dentro y confiar mucho mi actividad en un poder que hace unos años se menospreciaba y hoy hace decantar la balanza, que es el poder digital. Creo que el poder digital, más allá que todos los poderes clásicos, es el que hoy en día decanta voluntades. Hay muchísima gente, sobre todo joven, que no tiene ni idea de quién presenta el telediario ni de lo que es ‘Informe Semanal’. Tú y yo lo sabíamos de chavales, pero esta gente no y a cambio sí conoce a Vito Quiles, a Ibai Llanos y se informa por TikTok. Quizás no tiene ni idea de si es de izquierdas o de derechas, si es español o no, si se considera una cosa o la otra, pero puedes llegar a él o a ella sin filtros, sin intermediarios y sin nadie pagado por un partido en una tertulia que le diga lo que está bien y lo que está mal. Llegó un momento en el que entendí que, sobre todo en Cataluña, un tertuliano no iba a hablar bien de mí nunca. Entonces no trabajo para que hablen bien de mí, trabajo para llegar sin intermediarios al WhatsApp de la gente. Y creo que eso ha sido el diferencial.
- Te gusta gustar.
- Claro, como a todos. Pero en realidad soy súper antiexpertos en comunicación política, jamás en mi vida he hecho un curso de comunicación política, me parecen casi todos unos cuentacuentos salvo algunas excepciones muy loables. Soy súper reacio a las reuniones internas de 15 o 20 personas expertísimas y con 14 masters que te explican lo que tienes que hacer. Somos un equipo de dos o tres personas con un grupo de WhatsApp en el que intentamos ponernos siempre en el lugar de quien nos ve. Trabajé de comercial durante una temporada de mi vida y tenía un minuto para convencer. He aprendido a no aburrir. Si tienes un minuto, no aburras, tío, porque puedes hablar de la fórmula de la Coca-Cola y que sea un peñazo y no te escuche nadie. Quizás ahí he encontrado un estilo que me funciona y me resulta muy natural. No hay nada detrás, ninguna estrategia para gustar, de verdad.
- ¿Eres más de izquierdas o más independentista?
- [Risas] Creo que se puede establecer un proyecto de izquierda federal o confederal en este país que reconozca el hecho de que en Cataluña, en Euskadi, en Galicia, en Andalucía, en Valencia o en Baleares hay ciertas fuerzas políticas que quieren que el estatus político de esas regiones se decida o se vote de forma diferenciada. Durante un momento lo intentó Podemos, pero al final resulta que eran más jacobinos que Robespierre. Creo sinceramente que hay un espacio en el que tú puedes ser inequívocamente de izquierdas, inequívocamente valiente, feminista, ecologista y republicano y que eso conlleve defender el derecho de autodeterminación de quien quiera.
- Así no vas a ser presidente de España.
- No, no [risas]. Cómo de mal estaremos para que alguien plantee que lo sea. Antes de la pandemia, iba mucho a una cafetería cerca del Congreso en la que trabajaba una camarera dominicana maravillosa con una vida dura. Era 2019 y 2020 y me acuerdo de que me decía siempre: "Tú en cinco años, presidente". Y yo le respondía: "¿Pero presidente de qué?". Y ella: "De España". Estaba muy despistada. Me acuerdo mucho de ella ahora cuando escucho o leo esas cosas. No, no, ese no es mi toro.
- ¿Pero notas que ha cambiado cómo se te valora?
- Sí, pero creo que eso es persistir. En política muchas veces no prevalece quien tiene más talento sino quien más aguanta y a mí me han pegado tiros por todos lados, especialmente en Cataluña, no creo que haya un periodista importante que no haya escrito que estoy muerto allí.
- ¿Tienes más enemigos en Cataluña que en el resto de España?
- Sí, sí, allí me han matado constantemente. Ganar a Junts y ganar a Convèrgencia tiene un coste muy alto.
- Como has hecho carrera en Madrid, ¿el independentismo pone en duda que sigas siendo uno de ellos?
- Hace ya mucho tiempo que no hago caso al mundo mediático catalán, que es bastante insano y endogámico. Respeto mucho y trabajo para la militancia de allí, para el pueblo de Cataluña. Al final, somos un partido catalán independentista que trabaja para quien trabaja, pero sin obviar que hay causas justas más allá de la independencia y que no podemos dejar atrás a nadie. Por mucho que sea un eslogan manido, yo me lo creo y Bildu, Compromís y el BNG, con toda la humildad del mundo, han seguido nuestra estela. ERC fue el primero que dijo que aquí daba igual si eras de Jaén o de Hospitalet, que aquí hay que apretar para la clase trabajadora por encima de todo. Y, sí, eso en Cataluña me supone un coste muy determinado.
- Han llegado a llamarte botifler.
- En Cataluña ha habido tertulianos y periodistas que sabían perfectamente que no podía ir tranquilo por la calle en Madrid y han dicho allí que yo estaba aquí encantado de la vida. Junto con Junts, han querido fomentar esa imagen de que no soy uno de ellos, que me he vendido. Reconozco que durante un tiempo me dolió, pero al final me hizo superarme y no trabajar para ellos, sino para la gente.
- ¿Sigues sin poder ir tranquilo por la calle en Madrid?
- Sí, en según qué sitios, a según qué horas y en según qué barrios. Casi cualquier persona con cierta notoriedad está señalada en algún lado. Estamos viviendo un tiempo en el que canales de Telegram están filtrando direcciones y teléfonos de tertulianos, políticos y periodistas de izquierdas. Creo que eso jamás había pasado y es un señalamiento bastante bestia. Yo lo vivo con naturalidad porque durante toda mi vida he sufrido situaciones de abuso laboral y social y he tratado con mucho facha. Que cuatro de ellos me increpen por la calle no me supone ningún problema más allá de los que he tenido siempre: saber que la vida no es justa. Tengo compañeros y compañeras que han tenido otras experiencias vitales y les cuesta un poco más entender que estas cosas pasen.
- Porque no deberían pasar.
- Claro, tienen razón porque no debemos normalizar el acoso y la amenaza, pero a mí que uno de estos me siga por la calle, me grabe, me insulte o incluso me agreda, desgraciadamente, no me sorprende porque ya me pasaba en mi barrio cuando tenía 14 años.
- ¿Has sufrido agresiones aquí?
- Sí, tres veces de forma clara y muchas otras me he librado porque iba tapado o porque me he ido rápido, pero, tío, rabian tanto los fachas que merece la pena el riesgo. Yo cojo el atril y le digo a Abascal, el jefe de todos estos, lo que sea. Y rabian. Es justo y es bonito.
Gabriel Rufián posa en la terraza del edificio del su oficina en el Congreso.
- ¿Es necesario este clima político tan violento? Al ciudadano le produce hartazgo.
- Claro que no es necesario, pero la derecha lo promueve por eso mismo. "Todos son iguales" es una idea que es kriptonita para la izquierda porque conlleva el "yo no voto más" y el "yo no voto más" solamente cuaja en barrios obreros o, peor, les empuja a votar en contra de sus intereses. Lo más preocupante de todo lo que dicen y hacen Ayuso, Feijóo o Abascal es que les votan precisamente por hacer y decir eso. Cuando Ayuso, por ejemplo, menosprecia y vilipendia lenguas y la enorme riqueza cultural de este país, y lo digo yo que soy independentista, es una oda a la ignorancia, pero es que le da votos. Le da votos y a mí me parece terrible.
- ¿Cómo ha perdido la izquierda a la clase trabajadora?
- Muy resumido: porque les hemos dicho lo que tenían que decir o pensar antes que llenar su nevera. ¿De qué sirve que España vaya como un tiro en datos macroeconómicos si después la gente ve que el aceite lleva alarma en el supermercado? Es una burrada. Se han hecho cosas buenas en estas legislaturas, pero ha costado horrores. El PSOE es un drama en este país igual que lo es el Partido Popular, que no haya una derecha democrática decente, europea, laica... Al final, la victoria de Vox es que el PP le ha imitado. No le hace falta gobernar si, de facto, Feijóo repite las consignas de Abascal.
- ¿Se puede creer a Pedro Sánchez?
- En el PSOE no se puede confiar y no se le puede escuchar, pero se le puede apretar y se le puede obligar. Al PP no se puede, pero al PSOE sí. Este gobierno ha sido un tiempo en el que formaciones políticas que no estábamos llamadas a ello decidimos mejorar la agenda legislativa y hacer cosas buenas para la gente viviera donde viviera. Sánchez es un tipo que no tiene principios, tiene intereses y en función de eso tú puedes moverle y lograr cosas. Puigdemont es igual. Son personajes que la Historia ha traído y a los que se les puede obligar a hacer cosas que son positivas para la sociedad. Puigdemont estaría gobernando con Feijóo sin ningún tipo de problema si no fuera por la presión que todavía siente por nuestra parte.
- Si PP y Junts sumaran sin Vox, no habría duda.
- Ninguna, e incluso con Vox. Date cuenta de que en Cataluña no se habla de Vox, pero si Junts dice que la tierra es plana hay muchísima gente, sobre todo muchos medios de comunicación y opinadores, que se harían terraplanistas.
- Las zonas trabajadoras de Cataluña viven una enorme tensión racial y en el resto de España empieza a haber incidentes. ¿Es un problema real como defiende la derecha o pura xenofobia como suele argumentar la izquierda?
- Es un problema real, es evidente. Creo que la izquierda debe hablar de orden, de seguridad y de multirreincidencia y eso no nos hace menos puros. Igual que el tema de la guerra: yo quiero ir más allá de la pancarta. ¿Estoy de acuerdo con las guerras? No, evidentemente, y he sido el primero que he ido a manifestaciones con una pancarta de ‘No a la guerra’, pero sé que mi madre tiene miedo. Será fundado o no, pero lo tiene. Entonces, lo que no quiero es entregar esa gente con miedo a la derecha y a la ultraderecha. ¿Eso significa invertir más en guerra? No, significa debatir y, sobre todo, invertir mejor en Defensa porque el mundo es como es y no como nos gustaría que fuera. Y eso es extensible a la multirreincidencia, al orden y la seguridad. Yo lo que nunca voy a hacer, porque mis abuelos fueron migrantes que llegaron a Cataluña hace 60 años, es vincular la delincuencia con la migración, pero es cierto que la izquierda tiene que hablar sin ningún tipo de tapujos de estos problemas y decir, por ejemplo, que la gente que viene aquí tiene que aceptar un mínimo de códigos, de normas de convivencia y de sociabilidad igual que mis abuelos las aceptaron cuando llegaron a Santa Coloma de Gramanet hace 60 años. Eso es lo que creo y no me hace menos puro.
- ¿Con qué político de derechas te irías de vacaciones?
- ¿De vacaciones? No jodas…
- Algo corto, un puente de cuatro días.
- Me llevo bien con bastantes. Al final, el Hemiciclo es un sitio en el que te cruzas constantemente con las mismas personas durante diez o doce horas. Yo me iría con Borja Sémper a tomar algo sin ningún tipo de problema y ya lo hemos hecho. Creo que es sano. Respeto mucho a gente del PP. Guillermo Mariscal me parece un gran tipo. Bermúdez de Castro también, aunque justo acabo de darle un guantazo verbal en el Congreso.
- ¿Eso deja herida?
- Depende de cómo se haga. Yo soy buen encajador. Si el ataque tiene una base, no es gratuito y no utilizas nada personal, no voy a guardar ningún rencor.
- ¿No te ha dolido nada que te hayan dicho en el Congreso?
- Sí, porque era mentira. Lo que más me ha dolido en estos diez años es que Junts, durante cinco años, dijera que yo había votado a este Gobierno a cambio de nada. Eso me pareció terrible y me pareció aún más terrible que parte de los míos lo compraran. Y lo digo sin tapujos: muchos de los míos compraron totalmente una mentira de un partido rival sobre mí que me pintaba de traidor. Y aun así, como te decía al principio, es el mejor trabajo que he tenido nunca [risas].
- ¿Te preocupa que tu faceta pública salpique a tus hijos?
- He tenido suerte, y mira que mi apellido tampoco es muy común, porque mi hijo mayor va a un colegio público de barrio obrero en el que cuando voy a buscarlo muchas veces no saben ni quién soy… y si lo saben es para bien. Y el pequeño de momento va a la guardería y vivimos en el bosque. así que por ahora está todo controlado. Nunca he tenido problemas alrededor de mis hijos ni les han dicho nada desagradable. Es importante ver que aún hay ciertos límites que se respetan.
- ¿Qué tipo de padre eres?
- Poco pesado, sobre todo con el tema político. No les alecciono nada. A mí me inculcaron mucha política en casa, cosa que me ha traído hasta donde estoy, pero creo que sobre todo hay que educar en valores.
- A ver si uno te va a salir barcelonista o de derechas.
- Lo segundo sería muy chungo, lo primero está por ver… que espero que tampoco.
- ¿Prefieres un gobierno de izquierdas corrupto o un gobierno de derechas limpio?
- Me parece una comparación un tanto perversa. La trayectoria tanto del PSOE como del PP, desgraciadamente, es la que es y, por explicarlo muy claro, nosotros no vamos a escoger entre Santos Cerdán y Alberto Quirón [González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso], entre corruptos cutres y corruptos premium. Lo que sí puedo decir es que presidentes cercados por la corrupción lo han sido todos, desde Felipe González hasta el de hoy. Es endémico, forma parte de la Historia de este país y de sus dos grandes partidos, es una desgracia y convendría de una vez por todas lograr que no salga tan barato para los corruptores, en este caso para las constructoras. Yo no digo que el político sea víctima del constructor ni viceversa, me da igual cómo comienza esa relación podrida, pero lo que sí sé es que los políticos corruptos van cambiando y las constructoras son las mismas desde hace 40 años. Igual hay que intentar meter mano ahí…
- No me has respondido.
- Lo que sí te puedo decir es que cuando la izquierda roba, y evidentemente la izquierda ha robado, supone que la derecha entra en el poder para quince años y eso es un drama. A la derecha le sale mucho más barato robar nos pongamos como nos pongamos y se pongan como se pongan. Son lentejas. Está demostrado con datos. Cuando la izquierda roba, nos vamos al carajo y la gente se queda en el sofá. Cuando la derecha roba, su gente ficha y va a votar. Por eso un caso como el actual es una tragedia para la izquierda y algo profundamente asqueroso.


