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Esa España nuestra

Ramoncín: "A la izquierda le cuesta demasiado decir que Stalin era un asesino y Maduro es un dictador impresentable"

No ha cambiado de ideología ("soy de izquierdas, feminista y animalista"), pero pide menos militancia. "La fama soy yo paseando por Gran Vía y lo llevo siendo 50 años", asevera

Ramoncín: "A la izquierda le cuesta demasiado decir que Stalin era un asesino y Maduro es un dictador impresentable"
Actualizado

Ramoncín (Madrid, 1955) tiene 70 años que no aparenta, pero todo lo demás es exactamente lo que se espera de él. La actitud, el cuero, la cultura, lo cheli… A estas alturas podría permitirse vivir de los réditos de una carrera que tiende a infravalorarse, pero se niega a ser el Rey Emérito del Pollo Frito y sigue en activo. Está de gira y protagoniza un capítulo de la serie Atasco 3, ya en Prime Vídeo. En él, se pasea de coche en coche viendo cómo todo el mundo le confunde con otros o, peor, le cree muerto. No lo está. Doy fe.

¿Te inquieta que la gente se olvide de ti?
No. Hoy, porque estoy en activo absolutamente y, cuando me muera, eso del legado me da igual. Ahora que hemos padecido un par de muertes en el negocio, la de Jorge Ilegal y la de Robe, me acuerdo de una frase que decía Enrique Jardiel Poncela: "Si queréis elogios, moríos". Todos tenemos nuestro público y muy pocos artistas son transversales. Lo es Serrat, lo es Raphael… Cuando se vayan ellos va a ser una conmoción, pero lo que se diga cuando muera yo no me preocupa. Tengo un concepto de la vida, en ese sentido, tan simple y tan realista que lo único que me preocupa es cómo vivirán mi muerte mis hijos. El resto me da igual.
No sé, siempre gusta que te recuerden.
Quien te tiene que recordar. Con todo este lío de Jorge y Robe, dije a mis hijos: "El día que palme, no lo contéis, que no se entere nadie hasta que dos años después alguien os pregunte". Quiero evitar todo ese circo del postureo, que es una cosa ridícula. Robe tenía más éxito de público que Jorge, pero tampoco era alguien al que escuchara todo el mundo y ahora lo quieren convertir en un santo de la iglesia. No, señor. Ni lo era ni querría serlo. Y Jorge, igual. En fin, las putas redes. La fama es otra cosa y se mide en vida. La fama soy yo paseando por la Gran Vía, tío. Y llevo siéndolo 50 años.
¿No ha bajado?
Tiene picos. La tele, sobre todo, da muchos subidones aunque antes más que ahora. Cuando yo salí cantando en televisión por primera vez, en aquel programa de Mercedes Milá e Isabel Tenaille que se llamaba Dos por dos, lo vieron 18 millones y medio de personas. Esa misma noche nos fuimos a París a actuar y cuando volví no había una revista en los quioscos que no tuviera mi cara. Eso ya no pasa, esas audiencias no las tiene ni una final del Mundial. De todos modos, luego hay gente que no te suena de nada, incluso estando en este mundillo, y te dicen que toca dos veces en el WiZink y lo llena.
Para saber más

¿Te molesta?
Para nada. He pensado siempre lo mismo: que alguien que no sabes ni quién es venda un millón de discos es cojonudo porque significa que tú también puedes vender un millón de discos. Es buenísimo que Bad Bunny llene 10 Metropolitanos o que haya gente llenando los locales porque los chavales les han visto en las redes. Algo ha cambiado y está bien que así sea, aunque a veces me da pena que se olvide a los que hubo antes, pero eso no es culpa de los jóvenes, sino de lo poco que cuida este país su cultura. Ayer estuve en una reunión en la que estaba Pedro Ruy-Blas y cantó un par de canciones de puta madre. ¿Cuánto hace que este tío, posiblemente el mejor cantante de jazz y blues que tenemos vivo, que no sale en la tele o una compañía se ha interesado por él? Si fuera americano, estaría en el Carnegie Hall ahora mismo, pero aquí no existe. Por eso te digo que la fama es poco trascendente y me molesta que me llamen famoso.
Pero lo eres.
Sí, pero no me interesa. Una cosa es la fama y otra, la popularidad. La fama es el cubo de basura de la popularidad. Yo no soy un famoso, soy un cantante. Famoso lo puede ser cualquiera sin mérito alguno, lo que pasa es que no te dan a elegir.
¿Qué queda del rebelde que fuiste?
Mucho. El rock no es un trabajo que te permita relajarte si lo respetas y para mí el escenario es el vientre materno, una cosa casi sagrada. Entonces, llevo a rajatabla mantenerme a la altura, desde el aspecto y el estado físico hasta la banda con la que voy. Si tú tienes ese respeto y la inquietud de seguir aprendiendo, puedes defender perfectamente lo mismo que pensabas y defendías hace 40 años. Eso sí, sin hacerte el auténtico. Odio esa palabra, odio a los auténticos. En la música, decir que eres auténtico es la mejor manera de detectar a quien no lo es.
¿Y del macarra?
De ese, todo. El macarra es el barrio y, si el escenario es el vientre materno para mí, la patria es el barrio. Tengo mal de barrio. Es llegar a él e, inmediatamente, cambiar el tono y el timbre. Mi hijo se dedica al mundo del cine, sale en la serie, habla inglés perfectamente y acaba de llegar de currar en Londres con Jude Law y Bill Murray, pero ha interiorizado todo mi acento, todo El tocho cheli [el diccionario de jergas convertido en best seller que escribió Ramoncín en los 90], y en cuanto llega aquí habla exactamente igual que yo. Eso no hay que perderlo. Tú te puedes ir del barrio, pero el barrio no se puede ir de ti.
Es habitual olvidarlo cuando llegan el éxito y el dinero.
Sí, pero yo no. Lo más lejos que me fui de mi barrio [Delicias] fue a tres estaciones de metro. Me fui a vivir a la Puerta del Sol durante muchos años y ahora he vuelto al barrio. Me jode, porque teníamos una casa maravillosa y en verano, cuando llegaba el gran calor, bajaba con el perro a la Plaza Mayor, los bares dejaban fuera las sillas y a las cuatro de la madrugada estaba todo el barrio allí charlando, pero el centro de Madrid se ha convertido en una cosa realmente repugnante. Que se haya permitido que una librería de 1602, como la que está en el pasadizo de la parroquia de San Ginés, se haya convertido en un sitio donde ahora venden azulejos es tremendo. Dije: "No puedo estar aquí más". Y cuando pensé a dónde irme, la respuesta fue sencilla: al barrio.
Estamos hablando de lo que queda de los 80 en ti, ¿pero qué queda de aquella España? ¿Se idealiza o era tan feliz como se vende hoy?
En parte sí lo era. Estuvo muy bien sobre todo para los de mi generación, los de mediados de los 50, porque vivimos el franquismo, sabíamos lo que era y de lo que salíamos. Yo estuve detenido en la Dirección General de Seguridad una noche enterita. En la universidad, estuve en Aparejadores, montamos el primer grupo de teatro universitario y estábamos vigilados. Te bajabas del metro en Moncloa, ibas andando hacia la Complutense y no sabías lo que podía pasar. Sabíamos perfectamente lo que significa una dictadura y pensábamos que cuando se muriera Franco todo iba a cambiar para mejor. Con sus cosas, así fue. ¿Sabes cuál fue la primera experiencia cojonuda para mí?
¿Cuál?
El nombre de mi hija. Fui padre muy joven, con 19 años, el 13 de noviembre de 1975. Un par de días después fui al registro de la calle Cañizares y el tío que me atendió me dijo que no podía llamarla Ainhoa, que le pusiera María o algo así. Le dije: "Hoy no se ha muerto Franco, pero mañana se morirá". Un poco por chulería y otro poco porque ya en esos años la cosa no estaba tan chunga. El gris que estaba allí me miró mal, pero no me dio una hostia. Eso había aflojado. Fui los días siguientes y se repitió la escena. Él me decía que no y yo que "hoy no se había muerto, pero se morirá". Y se murió. Volví el 24 o el 25 y ya no estaba el gris. Antes de que hablara, el tío me dijo: "Hombre, usted otra vez por aquí. Mire, vamos a hacer una cosa, le ponemos María Ainhoa y en unos meses ya le quita usted el María". Y así fue. Hasta ese punto nos limitaba la vida el anciano ese. Ese monstruo, porque Franco era un monstruo.
La liberación que sentisteis fue tremenda.
Claro. Llegas a la mayoría de edad y llegas con la democracia. A partir de ahí, asociaciones, barrios, conciertos, revistas... Libertad y alegría. O sea, es verdad que una parte de todo ese mito de la Transición es cierta, aquello era la hostia, era muy divertido, estaba todo abierto, por la noche salías y era un descojone, pero hablemos también del agujero de gente joven muerta por el tema de las drogas. Cuidadito, porque aquello fue como si hubiéramos tenido otra guerra y hubiéramos mandado a la juventud a morir al frente. La lista de víctimas de la heroína es tremenda.
¿Cuál fue tu relación con las drogas?
Yo es que era un hippie. Lo que nos molaba era Woodstock, leer On the road y a lo más que llegamos fue a la dietilamida de ácido lisérgico [LSD]. En Madrid te querían colar como ácido lo que era pura química, porque llegaba muy poco del de verdad. Conseguimos uno y lo dividimos entre cuatro. Tomé mi cuartito de tripi y vi el Circo del Sol 50 años antes de que existiera. El Paseo de las Delicias se llenó de hipopótamos de colores. En cuanto llegó la química, yo sentía un puro rechazo y no entré, pero cuando lo de la colza se hizo un festival para sacar dinero en Barcelona y ahí fuimos todos. Allí se engancharon a la heroína Antonio Vega y Antonio Flores. Estuvimos tres días y cuando salíamos de los ensayos nos estaban esperando los camellos, que vendían hachís y marihuana, pero la heroína la regalaban. El marketing que hicieron los grandes traficantes con las drogas duras fue darlas gratis y decir que no pasaba nada. Así crearon un ejército de adictos y fue tremendo. Yo he visto gente morir en tres meses.
En el mundo de la música y de la Movida fue especialmente cruel. Ariel Rot cuenta cosas terribles de su época de adicto.
Hubo un momento en que Ariel y Antonio Vega alquilaron un piso encima del Rock-ola para pincharse directamente allí y volver a bajar. Toda su inteligencia, toda su formación… Daba igual una vez se enredaron. Yo me libré porque era un poquito más mayor y, sobre todo, porque leía mucho. Siempre fui un bicho raro. Y luego otro peligro de idealizar aquella época es que en cuanto a derechos sociales, machismo y homofobia se estaba muchísimo peor que ahora. La verdad, no creo que ahora todo sea tan horrible ni que estemos tan mal. Lo que pasa es que las redes sociales están haciendo mucho daño a los jóvenes en las relaciones.
¿En qué sentido?
¿Cómo es posible que unos chavales de 15 y 16 años violen a una niña de once? No me cabe en la cabeza y creo que ese tipo de comportamiento enfermizo no se daba tanto. Si yo hago algo así, mi viejo me mata. Como no es normal que un chaval de 18 años diga que la dictadura y Franco estaban de puta madre o que acabe de ganar las elecciones en Chile un ultraderechista. Joder, después de haber vivido a Pinochet. Saben lo que fue, saben quién es Víctor Jara, saben lo que se hizo. Las redes están sirviendo para extender y normalizar barbaridades auténticas entre los jóvenes. Eso es lo que más me preocupa del presente. Por lo demás, todo es político: creo que hay una exageración interesada de las cosas que están mal y una ocultación descarada de las que están bien que te obliga a ser más curioso y más impertinente, a buscarte la vida para tener respuestas. Eso ya nos pasó a nosotros en la dictadura. Trolas ha habido siempre. Sobre mí, ni te cuento.
Ramoncín, aclamado por el público de un concierto en los 90.
Ramoncín, aclamado por el público de un concierto en los 90.E.M.

Sí, hombre, cuenta.
Por cantar Marica de terciopelo, maricón; como llevo pendientes, yonqui; por ser de Vallecas y lo del pollo frito, que me meaba en el escenario. Yo toda esa mierda me la he comido sin necesidad de redes sociales. Lo de que me meaba en el escenario, que es una mentira absoluta, me lo siguen diciendo cada vez que digo algo que no gusta.
¿Tienes la sensación de que caes peor o te buscan más las cosquillas que a la mayoría de músicos con tu trayectoria?
Sí, sí, hay un poco de ñiquiñiqui conmigo, pero a mí no me importa. De todos modos, de mi generación quedamos cuatro. Miguel Ríos, que es mayor que yo, Santiago Auserón y pocos más. Yo soy boxeador y si eres boxeador tienes que pegar y encajar. No puedes pretender pegar y que no te aticen y si tienes la mandíbula de cristal, estás jodido. Además, tengo a ese otro Ramón que no lo puede remediar y va a la televisión y dice cosas. Decir cosas es hacer enemigos.
Fuiste eslabón entre dos mundos: el rock urbano y la Movida.
No encajé en ninguno, pero me sentía cómodo así porque me permitía la libertad de hacer lo que me diera la gana. No tenía que mantenerme auténtico de mentira para los rockeros ni intentar ser el más moderno para gustarle a los otros. Ni me lo planteé. Yo no suelo presumir mucho de lo que hago, se lo dejo a los demás, pero lee Marica de terciopelo, a ver quién tiene un texto así en la música española ahora que con lo de Robe se habla tanto. Cuando Torrente Ballester lee Marica de terciopelo hace un artículo en el Informaciones: "Por mi amigo Umbral, he prestado atención a un cantante punk que se llama Ramoncín y no había leído una poema de métrica libre así desde los poetas franceses". Lo tengo enmarcado en casa.
Con Francisco Umbral tuviste una gran amistad.
Escribió un artículo, que está en Diario de un snob, y lo llamó Ramoncín. El mismo día que salió publicado conseguí su teléfono para llamarle y le pedí que escribiera el prólogo de un libro de poemas que iba a publicar. Cuando fui a su casa a recogerlo, me dijo María España, su mujer, que estaba en una peluquería allí cerca, por la zona del EuroBuilding. Entro, lo veo al fondo, me acerco y dice el peluquero: "Don Francisco, ¿este punki no se nos irá a mear en las plantas?". Yo, que entonces me calentaba, hice el amago de irme a por él y Umbral, muy tranquilo, me cogió el brazo y le dijo: "Este punki lee a Balzac" [risas]. Es decir, que entre los psicodélicos y los del hipermercado había un tío que hacía otra cosa y sonaba de otra manera. Me he comido todos los prejuicios del mundo, pero es que me daba igual. Coño, he escrito el diccionario de jergas más extenso en una lengua conocida, El tocho cheli. ¿Qué tengo que demostrar yo?
Y en los 90 presentaste, durante seis años, un concurso cultural de éxito, ‘Lingo’.
El primer concurso cultural de este país, antes incluso que Saber y ganar. Lo de Lingo fue una locura y lo veía mucha gente joven, estoy muy orgulloso, pero fue una de esas cosas que me quitó una de las capas de auténtico en el rock. Eso aún no se entiende. Eso de salir en una tertulia hoy y dar un concierto mañana hay gente a la que no le cabe en la cabeza, por suerte tengo una parroquia que me conoce muy bien y le gusto por las dos cosas. Últimamente me pasa una cosa que me abre los ojos.
¿Cuál?
Se me acerca gente mayor, mujeres de 80 años y me dicen que siempre les he gustado y pienso: "Hostia, cuando yo salí en la tele cantando Marica de terciopelo con 23 años, esta mujer tenía 33, Podría incluso haber ligado con ella". La señora me vería en la tele y diría: "¡Joder, cómo está el Ramón este!" [risas]. Uno sólo ve en los demás el paso del tiempo… Esto de la autenticidad en el mundo del rock español siempre me ha hecho gracia. Yo he visto cómo insultaban a Barón Rojo porque iban con un Mercedes los mismos que flipaban cuando Manowar se bajaban de una limusina. Eso les parecía de puta madre. Cuando grabé en Londres me daba envidia la naturalidad con la que Freddie Mercury llegaba en su Rolls-Royce blanco y a la gente se la sudaba.
Codeándote con leyendas.
Ese día le saqué una chocolatina de la máquina de vending a Freddie porque no se aclaraba y por eso luego Bryan May grabó conmigo Como un susurro. En fin, que si los Stones cierran un hotel les parece de puta madre y si unos chavales de los nuestros tienen un coche decente, son unos vendidos. Eso sigue ocurriendo. Es acojonante, pero el dinero está muy mal visto en el rock y en la izquierda antipática.
¿Te refieres a Podemos?
Sí, y sus satélites. Esa izquierda antipática que regaña tanto consigue que al final, como reacción, mucha gente se vaya al otro lado. Hace falta una izquierda mucho más simpática y más agradable, que no aleccione.
¿Sigues siendo de izquierdas?
Sí. Lo tengo clarísimo y hay que dejarse de historias y centrarse en la clave de todo: la plusvalía. Yo quiero, por encima de cualquier otra cosa, un reparto equitativo de la riqueza. Soy feminista y soy animalista.
Eras taurino.
Pero dejé de serlo. Pasé de ir con los toreros, de moverme ahí, a estar convencidamente en contra. Un día, en Las Ventas, hice el ejercicio de ponerme en la piel del animal y me dejó de gustar. Tan sencillo como eso. Y soy de los que ve salir el toro y te dice lo que le pasa y cómo hay que torearlo, pero... Sin embargo, ahí la izquierda también se equivoca porque no puede decir a todos los que les gustan los toros, muchos de ellos de izquierdas, que son fachas, asesinos y maltratadores. A base de regañar han ahuyentado al personal.
¿Crees que el wokismo ha hecho daño a la izquierda?
Sí. Como casi todos los ismos, no conduce a ningún sitio. Por ejemplo, lo de las letras de las canciones. Tú no puedes juzgar Marica de terciopelo en el 78 igual que ahora, pero curiosamente sirve para lo mismo: para denunciar que hace dos años han matado a palos a un chaval en A Coruña al grito de "maricón". Y tú no me vas a censurar a mí porque en ‘Noche de cinco horas’ cuente en primera persona el asesinato de una mujer. Hay que ser idiota para pensar que una canción hace apología en ello en vez de denunciar una barbaridad que sigue pasando. Y eso influye en que la izquierda haya perdido a tanta gente en los barrios y entre los jóvenes. Es una putada y es muy preocupante.

¿Qué es lo que te preocupa exactamente?
España es mayoritariamente de centro-izquierda y, después de centro derecha. Esos dos bloques representan a una amplísima mayoría y, al final, toda esta gente quiere básicamente lo mismo: trabajo, seguridad, un hospital donde te cuiden, que tu hijo pueda estudiar, que encuentre curro después y se pueda alquilar o comprar una vivienda. Eso es común a la mayoría y en lo que deberíamos estar también en la izquierda, pero es que ha llegado una serie de gente con la que no puedes hablar formalmente de Mao Tse-Tung. No les puedes decir que Mao era un asesino, no les gusta. Y yo he llevado el Libro rojo de Mao en el bolsillo cuando por eso te podían dar una mano de hostias y meterte preso tres meses en Carabanchel, pero hace poco se lo dije a mi hija: "El libro rojo de Mao es una sarta de gilipolleces. Ya he pasado por ahí. Ni se te ocurra perder el tiempo". Pero desde cierta izquierda, esa antipática de la que hablaba, se defiende lo indefendible.
¿Qué más?
A la izquierda le cuesta demasiado decir que Stalin era un asesino y hay que decirlo igual que de Hitler. Ese Maduro que defienden es un impresentable dictador que se dice de izquierdas y no lo es. Eso ahuyenta a mucha gente. Lo hablábamos antes, en la izquierda tú tienes que tener un concepto por encima de todos, el reparto justo de la riqueza. Empezar a pensar que la plusvalía es la clave. Tengo 10 millones, compro un solar y construyo un edificio que me da 100 millones. Vale, pero el que estuvo trabajando ahí con un salario mínimo no recibe nada de ese beneficio de 90 millones. Eso no puede ser.
¿Cómo valoras esta legislatura y este Gobierno?
El final está siendo muy feo, es indiscutible, pero hay que valorar que también han sacado adelante más de 50 leyes que han mejorado la vida de las personas de alguna manera. Desde el salario mínimo hasta la subida de las pensiones pasando por poner a 60 pavos todos los transportes públicos, todo eso es muy importante. Creo que Sánchez es el único tío capaz de haber hecho lo que ha hecho, y no lo digo como algo bueno ni malo sino como un hecho objetivo, que es ir sacando cosas cuando desde el primer día tiene que negociarlo absolutamente todo. Aguantar esto todo el puto tiempo es imposible. Yo no creo que pase de primavera.
Has sido polemista toda tu vida, ¿discutimos ahora más que antes? ¿Se nos ha olvidado cómo dialogar?
Se habla mucho de polarización, pero por eso la lengua es tan importante. Ahora mismo no hay polarización, hay enfrentamiento, que es muy distinto. Polarización ha habido siempre, unos a la derecha, otros a la izquierda y ya está. Ahora hay un enfrentamiento mucho más grave, más agresivo, más cínico. Con el tema de los abusadores y acosadores del Partido Socialista, que son unos impresentables a los que hay que echar y tirar la llave, no puede venir el PP a contarme cómo luchar contra el machismo cuando está dispuesto a pactar con un partido, Vox, que no cree ni en el feminismo ni en los derechos LGTBI ni en que a las mujeres las asesinan. ¡No me toques los cojones! Te estás echando una mano a la cabeza con lo del PSOE y con la otra estás pactando con la extrema derecha. Si ya este es el nivel, estamos jodidos. El bipartidismo ha desaparecido y, salvo que las mujeres vuelvan a salvarnos, va a entrar la extrema derecha y se va a llevar por delante mucho de lo conseguido.
El PSOE te ofreció ir en sus listas europeas siendo Felipe González presidente.
Sí, me dijeron que les iría de puta madre que fuera su eurodiputado y les dije que me lo pensaba. Al día siguiente iba a ver a Felipe y le quería preguntar, pero se me acercó él antes: "Me ha dicho mi gente que quieren que vayas en las listas". Le dije, medio de broma, que sí y que me habían contado que pagaban una pasta, y él se puso serio: "Escúchame. Como político, me haces feliz si aceptas, pero como amigo, ni se te ocurra". Y lo rechacé.
¿No crees que te hubiera gustado?
La política sí, pero eso no. Me dicen que podría ser alcalde de Madrid y no tendría ningún problema en serlo, pero desde el balcón. Si ahí asomado puedo convencer a la gente, me presento mañana, pero en la estructura de un partido político no encajaré nunca porque son espantosas. Las intrigas y los politiqueos no van conmigo. Te diré que me ofrecieron entrar en política otra vez mucho más reciente.
¿Quién? ¿Cuándo?
El día antes de nombrar a los candidatos para las elecciones a la Comunidad de Madrid de 2021, un partido me ofreció presentarme de cabeza de lista con ellos. Pensé que era una broma de muy mal rollo. No sólo porque no comulgara con ellos, sino porque me parece una abominación que te lo pregunten el día antes de presentarte. Era Ciudadanos. Me dijeron que todas las mujeres del partido habían pensado que yo sería el ideal. Les dije que no y al día siguiente presentaron a Edmundo Bal. La verdad es que, luego, Begoña Villacís fue la que más peleó para que me dieran la Medalla de Oro de Madrid. Todo el mundo dijo que de puta madre menos Vox, claro. Y también he estado en alguna lista de ministro de Cultura, pero no quiero saber nada.
En estas batallas internas del PSOE, ¿se ha movido mucho Felipe González a la derecha o se ha ido el partido a la izquierda?
Hostia, a mí este Felipe me cuesta mucho y mira que no me puede sorprender, porque él fue quien dijo que no había marxismo en el PSOE y Alfonso Guerra siempre decía: "Cualquier día éste nos quita lo de obrero". Mira ahora qué bien se vuelven a llevar los dos. Creo, sinceramente, que los que más han cambiado son ellos. Es habitual hacerte más conservador con la edad, pero yo todavía no he notado que me haya desviado tanto de mi pensamiento. Esa defensa tan potente de la monarquía que ha hecho Felipe hasta el último minuto no me ha gustado porque parece que quiere quitarle a la ciudadanía el mérito de conseguir la democracia para dárselo al Rey. Que muy bien lo del 23-F, pero sigue habiendo claroscuros y dudas. Ahora, este matrimonio de Felipe y Letizia me parecen majísimos, enrollados y estupendos, pero a elecciones. El rey Felipe es un tío de puta madre para ser presidente de la República. Dos mandatos y el siguiente. Ver a Felipe Intentando defender eso...
¿El PSOE no se ha movido?
También. Yo creo que Pedro Sánchez quebró al partido para llegar a dirigirlo y eso explica los personajes que le han rodeado. No tenía a nadie y cogió a cualquiera. No tiene otra explicación. Nosotros viajamos a los conciertos 12 personas y si uno de los músicos la lía con una niña en el camerino, te aseguro que me entero. ¿Cerdán, Ábalos, Koldo y Sánchez iban en el Peugeot hablando de Schopenhauer y cuando se bajaba a mear el presidente, empezaban a hablar de putas? Seamos serios. Es acojonante que al final a estos hijos de puta siempre les pillan igual: cocaína, putas y en calzoncillos.
¿Tenemos arreglo como país o estamos condenados al enfrentamiento de las dos Españas?
Me da mucha pena, pero somos así. Me jode porque hubo un momento en que sí creía que las cosas podían ser de otra manera. De hecho, por un tiempo lo fueron, pero hemos vuelto a lo mismo de siempre. Eso es lo que me duele. Hace 30 y pico años estaba convencido de que esto no iba a seguir sucediendo, que íbamos a ser un país mejor y más unido, pero nada. Ahora nadie piensa, todo el mundo milita, desde las tertulias hasta los bares.