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Toda la verdad sobre los 'heavys' de Gran Vía: "Cambiamos las drogas por los libros y la noche por el día"

Los gemelos José y Emilio Alcázar se apostan cada tarde desde hace 20 años en la esquina donde estuvo Madrid Rock. Un documental explica por qué y les rinde homenaje: "Malasaña ahora es Buenasaña, sólo hay franquicias de tiendas de ropa"

Toda la verdad sobre los 'heavys' de Gran Vía: "Cambiamos las drogas por los libros y la noche por el día"
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¿Por qué los hermanos Alcázar, José y Emilio, llevan casi 20 años apostados en el número 25 de la Gran Vía de Madrid? La historia conocida es que, tras el cierre en 2005 de la tienda de discos Madrid Rock, estos gemelos del barrio de Chamberí decidenprotestar, yendo cada día a las siete de la tarde al lugar donde estaba el negocio. La historia desconocida dice mucho más: habla de una filosofía de vida personalísima y una existencia impactante, tanto por los extremos alcanzados como por los reversos conseguidos. Hablando en plata: hace también casi 20 años que José y Emilio dejaron de consumir drogas, de beber alcohol y hasta de fumar. Lo que no ha cambiado es su forma de presentarse al mundo.

Son los heavys de Gran Vía y punto.

"Hay mucha leyenda urbana a su alrededor", admiten otros dos madrileños, Abraham Mestre y Jaime Rodríguez que, desde hace más de un año, compaginan sus trabajos con el rodaje de un documental sobre estos hermanos. Till the end se estrenará en la primavera de 2025, justo cuando se cumplan 20 años del cierre de Madrid Rock. El 1 de marzo de aquel año se publicó en este periódico una página sobre el asunto, y los hermanos Alcázar salían retratados en la puerta del negocio. Para Mestre, que en 2012 fundó la productora Foguete Films, y Rodríguez, que hizo lo propio con la agencia de márketing y comunicación Melón Yubari, "José y Emilioson dos de los personajes más importantes de la capital".

En 2022 hubo hasta una propuesta de homenaje en el Ayuntamiento de Madrid que planteaba dedicar a los Alcázar una estatua, una placa o una calle, pero no fue aprobada finalmente. Poco después, Abraham y Jaime, que se definen como "gatos, gatos" - madrileños de pura cepa-, comenzaron a acercarse a ellos. "Somos amigos desde pequeños y siempre nos han fascinado los personajes de la ciudad, y entre los más importantes están los heavys de Gran Vía", afirman. "Queríamos conocerlos, al principio ni siquiera pensábamos en hacer un documental. Nos fuimos acercando poquito a poco, hasta les dejamos una carta debajo del banco donde suelen estar ahora [hasta que llegaron las remodelaciones de Manuela Carmena en la Gran Vía en 2017, los gemelos se apoyaban en una valla] porque de alguna manera nos imponían, con su altura y su presencia...". Los heavys leyeron la carta, "medio sonrieron" y, desde entonces, estos gatos comenzaron a ir a verlos "una vez a la semana".

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"Progresivamente entablamos amistad con ellos y descubrimos que no eran lo que parecían, dos heavy metals colgados bebiendo calimocho en esa esquina. Pero resulta que no es calimocho, sino café que se preparan todos los días y la gente no lo sabe, pues llevan 20 años sin beber alcohol ni tomar drogas ni fumar ni nada..". Abraham y Jaime se dieron cuenta de que "había historia", especialmente porque tienen los Alcázar "cierta filosofía de la vida", particular y bien concreta, que ellos mismos explican a Papel durante el último día de rodaje de agosto, en el bar Cocodrilo de Madrid, donde les esperaba el grupo Burning, uno de sus favoritos. "Para nosotros son mitos vivientes, los escuchamos desde que teníamos 12 años y ya vamos a hacer 59", se arrancan José y Emilio.

A la pregunta de por qué se han dejado liar por Abraham y Jaime, responden así: "Queremos que se transmita lo que queremos decir, un mensaje de trascendencia a través de la cultura y, en nuestro caso y especialmente, el rock and roll, porque todo tiene este hilo conductor". José, que está más hablador que Emilio, inicia el relato de su historia común: "En los años 80 mi hermano y yo, que por aquel entonces vivíamos cada uno con una mujer, nos encontrábamos siempre alrededor de las siete de la tarde en Madrid Rock para escuchar música y hablar de música, la tienda era nuestro punto de encuentro".

Cuando los Alcázar conocieron a Abraham y Jaime se dieron cuenta de que ésta sí era una buena oportunidad para reflejar la vida a través de su tamiz, el de dos hombres peculiares y perseverantes. Pero primero se hicieron amigos. Fueron un día a comer a casa de Jaime, que les preguntó qué les apetecía comer, y ellos respondieron que "huevos fritos con chorizo": Otra vez, en la casa de Abraham, pidieron paella, y en ambas ocasiones charlaron largamente. "Les propusimos el documental cuando ya teníamos amistad, y accedieron porque lo que les interesa es su mensaje, no mostrarse ellos sino contar su lucha diaria, porque la tienen, una batalla muteada. No quieren ser protagonistas de nada, sino luchar por lo que creen a su manera".

Los gemelos nos lo cuentan a las seis de la tarde en el bar Cocodrilo, tras rodar una de las escenas más importantes del documental y de la que nada se puede contar en este reportaje. Por preservar las maravillas de un producto audiovisual repleto de intenciones: "Nosotros somos de Malasaña, es nuestro barrio de siempre. Ahora es Buenasaña. Hemos visto la caída en picado de toda esta zona de Madrid. Donde había tiendas de discos y sitios de tatus ahora no hay nada, se han cerrado cines, teatros...Antes esto era como Candem Town y ahora es una mierda, no hay nada, sólo franquicias de tienda de ropa".

"La gente pensará: ¿qué hacen así vestidos, como frikis de hace 20 años?"

Los Alcázar prosiguen: "El meollo de la cuestión es el ser humano sin alma, aquel al que le da lo mismo todo, sea cultura o sean trapos, porque está muerto en vida, y eso es lo que queremos señalar, y por eso seguimos ahí y no nos vamos a mover nunca, vamos a seguir con nuestra alma de rock and roll porque sentimos el deber moral de hacerlo, especialmente tras 25 años haciéndolo, y porque representamos a mucha gente que no está viva".

Éste es, en verdad, un elemento fundamental: los gemelos persisten por todos aquellos que murieron entre los 80 y los 90 por causas relacionadas con las adicciones. "Es un trago que, cuando lo asumes, te das cuenta de que tu tarea es evolucionar, dar la vuelta a la tortilla, cambiar el alcohol por los libros, la noche por el día... Cuando ves qué hay dentro de ti y lo transmites todo comienza a cobrar sentido".

Cuentan Abraham y Jaime que las particularidades vitales de estos hermanos han condicionado el rodaje del documental. "Leen durante toda la noche y se duermen a las ocho de la mañana, así que se despiertan sobre las dos. Teniendo en cuenta que todos los días a las siete tienen que estar en la Gran Vía, la franja de horas en las que poder rodar se reduce considerablemente...".

Estos dos profesionales también dejan su impronta en el documental, pues escogen a los heavys de Gran Vía como conductores de una reflexión más amplia: "Los gemelos Alcázar representan un mundo analógico pre 2000 y son símbolo de un Madrid desaparecido. Cualquier ciudad europea se parece ya demasiado, con el imperio de la digitalización han desaparecido bares, relojerías, artesanos, cines, teatros...". Y matizan: "No queremos que sea un docu político. Ellos representan un mundo perdido en el que el contacto humano y la piel seguía siendo importante".

Ahora, dicen los cuatro, en la Gran Vía sólo hay gente caminando a toda prisa -típico de esta ciudad- con el móvil en la mano. Lo que los Alcázar llaman un "desfile de zombis". "No saben ni por qué se levantan ni por qué se acuestan ni qué hacen en medio. Si no le das vibración al asunto, sin trampas, sin drogas, pues estás apagado, muerto en vida. Hay que aprender a manejar tus energías para poder subir esas vibraciones. Nosotros recomendamos un mucho un libro que se llama El poder del ahora, te enseña que cada paso que das es meta si comprendes que tu sitio está dentro, no fuera".

A José y Emilio les gusta leer libros de mitología e historia, especialmente sobre yacimientos antiguos. Empezaron juntos la carrera de Arqueología: "Pero no pasábamos del bar de la facul. Luego, como te gusta de verdad pues lees los libros que un plasta te malexplicaba a las nueve de la mañana. Para mí, el documental...". Y nos quedamos sin saber qué iba a decirnos porque son más de las seis y media de la tarde y los heavys de Gran Vía tienen que irse para allí, como todos los días.

Abraham y Jaime contextualizan: "La gente pensará: ¿qué hacen así vestidos, como frikis de hace 20 años? Pero es que ellos lo han decidido así. Han decidido pararse en el tiempo, y no entrar en la rueda del consumismo salvaje. Hace poco entrevistamos para el documental a Lichis, de La cabra mecánica, y nos dijo algo muy interesante: 'No consumir, ahora mismo, es una forma absoluta de revolución'. Nosotros pensamos que se merecen una estatua porque son superhéroes en silencio, porque con su manera de vivir y su manera de luchar aportan mucho. Alguien tiene que hacer ese trabajo; no todo el mundo tiene que meterse ocho horas en una oficina".

"No hay nada que temer, eso es para nosotros el rock and roll y siempre lo será"

Hay en los directores del documental Till the end una mezcla de respeto, admiración y hasta cariño hacia los gemelos Alcázar. Por lo que fueron y por lo que son. Porque le dieron la vuelta a su situación, porque insisten en sus ideas, porque quieren perpetuar el recuerdo de los amigos que se llevó la mala vida hace décadas. ¿Les costó mucho dejarlo todo?

"Pues claro que cuesta, cuesta hasta que te vuelves loco. Pierdes a todos tus amigos de borrachera, a todo el mundo que tiene miedo y que paga para reírse. A los que cuando les dices lo que está haciendo sale corriendo de ti... Pero en esa soledad, en ese no-miedo, puedes aprender a quererte y a comprenderte, a descubrir tu propia alma, la que todos tenemos y que nos hace iguales. Eso es lo que queremos transmitir, que no hay nada que temer, eso es para nosotros el rock and roll y siempre lo será. Estoy muy contento, fíjate qué sitio tan chulo para decir esto...".

El bar Cocodrilo nos ha acogido durante media tarde, el tiempo exacto que tienen los heavys de Gran Vía cada día para el rodaje. Se tienen que ir, estar cada tarde allí es para ellos clave. Ahora es cuando empezamos a pensar que, seguramente lo sea también para mucha otra gente y que tal vez, en el "desfile de zombis", hay quienes los ven, sonríen y piensan en quienes fueron, en los que también se perdieron, y en lo que fue una vez Madrid.