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El Gastronómada

Oporto, el renacer líquido y sólido de una ciudad

Como Lisboa, sus edificios señoriales vuelven a brillar y se detecta una mejora gastronómica notable para todos los bolsillos que combina a la perfección con su gran tradición vinícola

Oporto, el renacer líquido y sólido de una ciudad
Martin ZwickGETTY
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Qué verano para recomendar grandes destinos gastronómicos junto al mar... Figúrense que estábamos reuniendo viejas notas sobre Atenas cuando empezaron a llegarnos tremendas fotos de incendios forestales y de humaredas... Por si la pandemia fuese poco. Así que volvimos la mirada hacia nuestra querida península y nos quedamos con la histórica ciudad vinícola de Oporto, donde no han sufrido horrores semejantes. Empiezan las vendimias y sin duda es un gran momento para acercarse al país hermano.

Tras muchos años de decaimiento muy visibles en las fachadas desconchadas, Oporto está en pleno relanzamiento, al estilo de Lisboa, y sus vertiginosas calles con edificios antiguos y señoriales vuelven a lucir. Eso se nota también en una mejora notable del nivel culinario de sus restaurantes, antaño francamente olvidables. Así que al atractivo líquido de sus vinos se va añadiendo el sólido. Agreguen playas, acantilados mar y un paisaje verde y encantador... Hay que volver a Oporto.

Cosas de la vida y de la política, la fortuna de Oporto tuvo su origen en la malhadada incursión de Felipe II con su Armada Invencible contra Inglaterra. Hasta entonces, el gran proveedor ibérico de vinos para el mercado de Londres era el Ribeiro: los barcos ingleses entraban en el Miño para recoger los toneles. Eso se acabó con la guerra hispano-británica, pero dejó un vacío en aquel mercado. Unos años más tarde, la independencia de Portugal dio a Oporto su... oportunidad, claro.

A diferencia de los vinos de Jerez, los tintos dulces fortificados de Oporto no son antiquísimos, sino justamente hijos de ese comercio inglés: el añadido de alcohol los ayudaba a soportar el viaje. Y si el añadido se produce apenas iniciada la fermentación, el vino queda dulce. Se descubrió en el siglo XVII, y entusiasmó a los británicos.

Pocas viñas o ninguna verán cerca de Oporto: están muy lejos, en las escarpadas lomas de pizarra sobre el Duero, muy cerca de la frontera española. Allí se hace la vendimia, y en las quintas, se pisa la uva y se hace el vino. Luego se transportaba en los veleros rabelos a las bodegas en Oporto -en realidad, a Vila Nova de Gaia, que en la margen izquierda del río la ciudad cambia de nombre- para su crianza.

El lujoso hotel The Yeatman tiene el mejor restaurante de Oporto

El gran atractivo de Oporto son, pues, las bodegas de crianza históricas que se pueden visitar y en las que se puede catar y aprender la diferencia entre los vinos criados en bota y los criados en botella. Hay en Vila Nova de Gaia cien oportunidades, desde las visitas a bodegas muy destacadas (Ferreira, Cálem, Churchill, Taylor's...) hasta tours de varias horas con catas en varias bodegas. No se suele hablar mucho de la de Niepoort, pero vayan a conocerla. Dirk Niepoort ha hecho más que la mayoría por conservar las tradiciones e innovar también, incluida su decisiva aportación a la relativa novedad que son los vinos secos del Douro.

Sí, Niepoort es un apellido holandés, y Burmester es alemán, y hay una pléyade de grandes nombres ingleses, legado de tres siglos de intensa inversión europea en estos vinos que siempre compiten con los generosos españoles -que son casi todos secos, como aquí salvo algún blanco todos son dulces- para los aperitivos y las sobremesas de todo el mundo occidental.

Ahora, con ese renacimiento feliz y turístico de Oporto, la tradición vinícola se ve mucho más completada que antaño por la oferta gastronómica, muy volcada a pescados y mariscos como siempre en Portugal, pero mucho más diversificada que antaño. Con decirles que hay un restaurante con el desconcertante nombre de Semea by Euskalduna...

Si van a por lo más destacado, lo que nunca vimos antes aquí, en el territorio bodeguero de Vila Nova de Gaia, el lujoso hotel The Yeatman tiene el mejor restaurante de Oporto. Opulencia y precios acompañan a los crustáceos con curry y coco o la barriga de cochinillo con naranja china y wasabi que pueden o no encontrarse en el menú único: éste cambia constantemente.

Una breve excursión de unos kilómetros al norte, a Leça da Palmeira, nos lleva a la Casa de Chá da Boa Nova, maravilloso lugar -monumento nacional- frente al Atlántico. También aquí, menú único -esa bendición/maldición de la restauración moderna- de tres longitudes distintas y exclusivamente marinero, desde la vieira con tapioca hasta el bogavante con apionabo y avellanas.

Estrellas Michelin: dos cada uno para The Yeatman y la Casa de Chá da Boa Nova.

En plan más asequible pero igualmente atractivo apunten In Diferente, de la brasileña Angélica Salvador, con su fusión luso-moderna a precios imbatibles: arroz de pato, confit de bacalao o risotto de camarón de Mozambique (¡albricias, aquí no te engañan con el gambón como en España!).

Y ya en estilo popular portugués, sin pretensiones pero familiar, una tasquinha, O Caseirinho, que descubrimos por casualidad en el Cais das Pedras, uno de los muelles de la margen derecha del Duero cerca de su desembocadura. Este gastronómada se estrenó con el bacalhau a la brasa y la vez siguiente se pasó... a la lubina a la brasa. Sencillo, satisfactorio, barato.

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