Sunnyside es una app de mindful drinking. No hay nada como una aplicación y un nuevo palabro en inglés para adivinar una tendencia... Mindful drinking es algo así como consumo de alcohol consciente y lo que permite la plataforma en cuestión, básicamente, es llevar la cuenta de tus cubatas antes de que pierdas la consciencia. «No se trata de dejar de beber, sino de ser consciente de la cantidad de alcohol que se ingiere y de su impacto en el momento», asegura la empresa que impulsa esta herramienta.
En pocas palabras, se trata de pensar mientras se bebe... en vez de beber para no tener que pensar.
No es la única aplicación que trata de controlar el consumo de alcohol. DrinkControl o DrinksMeter rastrean desde tu móvil el número de copas y el dinero que te están costando, pero también las calorías, como quien apunta sus clases de crossfit pero acodado a la barra de un bar. Easy Quit te ayuda a abandonar el alcohol por completo. Y I Am Sober (Estoy sobrio) registra tus días de abstinencia. Con la opción Sobrio Plus, puedes incluso formar tu propio grupo de alcohólicos anónimos en la red. En serio.
La lista de webs, perfiles en redes, hashtags, influencers abstemios y hasta recetas de mocktails (cócteles sin alcohol) no ha dejado de crecer en los últimos tiempos. Y la razón es evidente. Hay un nuevo mercado a la vista: la nueva generación 0,0.
Según el último estudio HBSC, que analiza cada cuatro años junto a la Organización Mundial de la Salud (OMS) el bienestar de los jóvenes en más de 50 países, el consumo semanal de alcohol de los adolescentes de entre 11 y 15 años ha descendido en todo el mundo desde 2002. Sólo el 8% toma ahora alcohol cada semana, una tercera parte de lo que ocurría en 2006. Ha caído también el porcentaje de jóvenes que beben por primera vez antes de los 13 años, los que se han emborrachado alguna vez en esa edad y el número de chavales que han alcanzado el estado de embriaguez al menos dos veces antes de los 15.
¿Son los jóvenes de hoy más saludables que los de antes? ¿Son acaso más responsables? ¿Ha perdido el alcohol el glamour de tiempos pasados? ¿Es la bebida el nuevo tabaco? ¿Y si vamos hacia una nueva generación nini, que ni fuman ni se emborrachan?
«Es un complejo puzle de hipótesis», asegura Eva Leal López, miembro del equipo de investigadores de HBSC, experta en el consumo de drogas en adolescentes y autora de una tesis que explora todos los posibles motivos que se esconden tras la nueva tendencia a la abstinencia.
Existe hoy -explica ella- una mayor concienciación entre los jóvenes respecto al cuidado de la salud, potenciado además tras la pandemia del coronavirus. Los adolescentes no sólo beben menos alcohol, sino que también fuman menos, se drogan menos y comen de forma más saludable. «Detectamos también una reacción frente a los hábitos de las generaciones previas», asegura Leal. «Para muchos jóvenes el alcohol es algo que pertenece al mundo de los adultos».
Tomarse un gin tonic puede ser hoy algo tan viejuno como abrirse una cuenta en Facebook.
A esto se añaden las nuevas formas de socialización. El llamado botellón, es decir, la costumbre de juntarse en la calle para consumir alcohol, también está en retroceso. Si en 2020 casi un 10% de los españoles reconocía beber con los amigos en la calle, hoy el porcentaje no pasa del 7,4%. «Son muy importantes las nuevas formas de relacionarse», explica la investigadora. «Ha disminuido el tiempo que los jóvenes pasan cara a cara y sus formas de juntarse son menos presenciales y más virtuales».
«Ahora los jóvenes pueden socializar en un mundo en el que nunca tienen que conocerse, nunca tienen que mirarse a los ojos», comparte desde Londres Mark Forsyth, autor en 2019 de Una borrachera cósmica (ed. Ariel), un ensayo que analizaba la función social del alcohol desde que los chinos empezaron a destilar vino de arroz 7.000 años antes de Cristo. «No creo que las redes hayan sustituido al alcohol como droga, pero sí hacen que beber sea menos probable. Una de las grandes razones sociales para beber es que relaja, facilita la socialización cara a cara, acaba con las inhibiciones... Los humanos siempre han bebido juntos, pero hoy los jóvenes no lo necesitan. Si no están en la misma habitación, tienen muchas menos razones para beber».
No creo que las redes hayan sustituido al alcohol como droga, pero sí hacen que beber sea menos probable
Eva Leal añade un último ingrediente al cocktail (perdón, al mocktail): los padres. Los padres helicóptero, diríamos. «El nuevo conocimiento sobre la vida de nuestros hijos e hijas es un factor muy importante», asegura. «Los padres de hoy en día, y especialmente las madres, saben mejor que nunca quiénes son los amigos de sus hijos, dónde van y en qué se gastan el dinero. Y no es que los controlen más, es que tienen mayor comunicación y una relación mucho más cercana con ellos».
Los datos de la última encuesta sobre uso de drogas en enseñanzas secundarias en España (ESTUDES), elaborada por el Ministerio de Sanidad, dicen que hace 15 años un 41,4% de adolescentes se agarraban al menos una buena cogorza al mes por mera diversión (lo que se conoce como binge drinking en inglés, que de esto saben más). Hoy este porcentaje se ha reducido casi a la mitad (27,9%).
Desde la Fundación FAD Juventud matizan el optimismo. Aunque los datos se reduzcan, siguen siendo muy altos. «No es que los menores de edad deban beber menos, es que no deberían beber nada», subraya su directora técnica, Eulalia Alemany.
Según sus encuestas, el alcohol sigue siendo la droga más consumida por los más jóvenes, la más conocida y la que se percibe como de menor riesgo. Un 76% de los estudiantes de entre 14 y 18 años ha bebido durante el último año y un 58,5% en el último mes. «Es cierto que gracias a las campañas de concienciación ha habido un pequeño descenso y globalmente se bebe menos litros de alcohol en todo el mundo, pero las cifras siguen siendo preocupantes, sobre todo en un país como España en el que la cultura del alcohol es muy social y donde cuesta tanto aprobar una Ley que regule el acceso de los menores».
Y aun así, el escenario nos dice que la tendencia está cambiando y que los jóvenes ya no necesitan ir pedo para pasarlo bien. Al menos no tanto. De hecho, cada vez son más los eventos que presumen de lo contrario. En 2013, por ejemplo, se puso en marcha en Londres un experimento llamado Morning Gloryville, una rave matutina con todos los elementos de una fiesta salvo el alcohol, las drogas y la resaca del día después. Algo parecido ocurrió en Nueva York el mismo año con las fiestas Daybreaker, pensadas para pasarlo bien y bailar un rato justo antes de entrar a la oficina. Aquí sólo se beben batidos, zumos y café orgánico. Diez años después, este tipo de eventos han dado la vuelta al mundo y han celebrado ediciones también en Canadá, Japón, Australia, India, Francia, Italia, Alemania o España.
«El único motivo por el que un joven estaba borracho a las cuatro de la mañana en la discoteca es para intentar ligar, pero hoy puedes ligar desde el sofá de casa y ya no necesitas ese desinhibidor social que es el alcohol», explica el publicista Adrián Mediavilla, co-fundador de la compañía creativa Slap Global. «Estar borracho da mal en cámara y los chavales de hoy en día prefieren no beber a salir mal en las stories de Instagram o de TikTok».
Estar borracho da mal en cámara y los chavales de hoy en día prefieren no beber a salir mal en las stories de Instagram o de TikTok
Karla es de Valencia, tiene 18 años y responde a ese nuevo prototipo de joven abstemio. Cuando sale siempre pide un nestea. «La verdad es que no bebo porque el alcohol no me atrae nada», cuenta. «No sé si es por el sabor, por el olor o porque veo cómo el abuso puede llegar a perjudicar la salud. No me gusta no tener el control de mi propio cuerpo».
Y Karla no es ningún bicho raro. Ya no. Hay miles como ella en cualquier red social. «Nunca me he sentido presionada o avergonzada por no beber alcohol», asegura.
Busquen, si no, las millones de publicaciones con las etiquetas #sinalcohol, #alcoholfree, #soberlife, #mindfuldrinking, #sobercurious... o #hangxiety, un juego de palabras entre hangover (resaca) y anxiety (ansiedad).
Un informe de Google publicado en 2019 reveló que para el 76% de los miembros de la llamada generación Z (los nacidos después de 1995), es muy importante controlar todos los aspectos de su vida en todo momento. El 86% considera que la salud mental es tan importante como la salud física a la hora de beber, el 70% cree que beber en exceso es una actividad «muy arriesgada» y el 41% asocia el alcohol con la «vulnerabilidad», el «abuso» y la «ansiedad».
El resultado es que hoy en día las citas para ligar ya no pasan (sólo) por salir a cenar o tomar una copa, sino por hacer un picnic, tomar un café, jugar al minigolf u organizar una barbacoa. No lo decimos nosotros, lo dice el último balance anual de la aplicación Tinder: «Cada vez más solteros brindan por las citas sobrias. Las citas sin alcohol se han convertido en una manera de ser más auténticos y desafiar las normas tradicionales».
Más del 25% de los jóvenes solteros encuestados por la aplicación de ligoteo aseguran que beben menos en las citas que hace un año, el 72% de los usuarios que tienen cuenta en Tinder presumen en sus perfiles de no beber o de hacerlo sólo ocasionalmente. Y aquí viene un dato revelador: el uso de los emojis de las jarras de cerveza o la copa de vino ha caído un 40% y un 25% respectivamente en las conversaciones para ligar que registra la aplicación.
«La generación Z tiene mayor aversión al riesgo que otras generaciones, en particular tras la pandemia», insiste Mediavilla. «El alcohol y las drogas son consideradas un potencial peligro, de ahí que se consuman con mayor moderación. Además están más preocupados por la salud. Se ve claramente en los influencers, que por lo general son gente bastante fit. La excepción podría ser el streamer Ibai Llanos, pero él también se ha declarado públicamente abstemio en varias ocasiones».
También el cómico David Broncano, presentador de La Resistencia, uno de los programas de televisión más seguidos por la gente joven en España, ha admitido en más de una ocasión que no bebe y que jamás se ha emborrachado. «Mejor un abstemio famoso que un alcohólico anónimo», bromea.
Celebrities internacionales como Jennifer Lopez, Miley Cyrus, Kim Kardashian, Cameron Díaz, Brad Pitt, la modelo Bella Hadid o Bradley Cooper (sí, el de Resacón en las Vegas) han contado públicamente que no prueban el alcohol o han revelado sus problemas con la bebida en el pasado para hacer campaña a favor de una vida sobria.
La cantante Katy Perry incluso sacó su propia línea de bebidas 0,0, un nuevo nicho de negocio. «Hay un renovado interés por el mercado de la vida sana», explica Mediavilla. «El éxito de los alcoholes con bajo contenido alcohólico o directamente 0,0 tiene tanto que ver con el hecho de no emborracharse como con el control de las calorías».
Los datos siguen siendo preocupantes. No es que los menores de edad deban beber menos, es que no deberían beber nada
España es ya el país europeo que más cerveza sin alcohol bebe, con casi un 16% del total, según datos del Panel de Consumo del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Un 41% de los españoles pide habitual u ocasionalmente cerveza sin alcohol y, según un estudio de IWSR Market Analysis, el mercado de la 0,0 crecerá más del 11% hasta 2025.
La novedad es que ya no hablamos sólo de cerveza sin. El mismo análisis de IWSR asegura que la industria de las bebidas sin alcohol o con bajo contenido superó los 11.000 millones de dólares en 2022 y su negocio se incrementará un 8% en los próximos dos años, una subida 10 veces superior a la que se espera de las bebidas con alcohol en el mismo periodo. Se estima, por ejemplo, que las ventas de vino sin alcohol crecerán un 9% y bebidas destiladas clásicas como la ginebra, el whisky o el ron también se han sumado a la tendencia con sus propias versiones 0,0.
En enero de este año, el grupo Pernod Ricard, distribuidor de marcas como Beefeater, Ballantine's, Ruavieja, Seagram's o Absolut, lanzó en exclusiva en el mercado español su ginebra Seagram's 0,0%, para entrar por primera vez en la categoría de bebidas sin alcohol. «Como líderes del sector, nuestra ambición es dar respuesta a las tendencias del mercado y estar presentes en todos los momentos de consumo», asegura en un comunicado de la empresa su director general, Guillaume Girard-Reydet.
«Las marcas 0,0 son una gran opción nueva», celebra desde Estados Unidos Edward Slingerland, autor de Borrachos (Deusto), un ensayo que se pregunta por qué la humanidad se ha empeñado durante años en buscar la gran melopea.
El filósofo cree que quizás es cierto que el alcohol ha perdido el aroma «cool» de tiempos pasados, está convencido de que internet ha sustituido parte de la función social que tenían las copas «en la vida real», pero alerta de que si los jóvenes beben menos es también porque fuman más cannabis.
Y no le falta razón. Un estudio del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la Fundación FAD acaba de desvelar que los españoles de entre 15 y 29 años están más predispuestos al consumo de cannabis que hace unos años. «Todas las civilizaciones han buscado alterar puntualmente la consciencia», justifica el autor de Borrachos.
La buena noticia -explica Slingerland- es que incluso las nuevas bebidas sin alcohol pueden ayudarnos en ese objetivo con un par de funciones útiles: los no bebedores pueden mezclarse con los bebedores «sin ser estigmatizados» y, si se consumen en un ambiente de bar, las 0,0 pueden darte también ese «subidón placebo» que la humanidad lleva años persiguiendo.
También han logrado una última cosa, celebra el filósofo: «Por fin han conseguido tener un sabor decente».
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