Sin miradas, sin sonrisas, sin un mísero ¿estudias o trabajas?, sin que se pasen los años mirando a alguien en la marquesina del autobús. Sin que nadie te diga: "Sabes que a Fulanito le gustas, ¿no?". Sin un roce casual que traiga mariposillas, sin una conversación en un bar sobre el que caen las horas, sin una proposición formal después de un tiempo de amistad, sin que el amigo de toda la vida te diga: "Conozco a alguien perfecto para ti". Hace 30 años que las seres humanos comenzaron a relacionarse íntimamente sin verse las caras, sin percibir en el otro un interés que anime a dar el siguiente paso, sin escuchar la voz del presunto sujeto de deseo (al principio, al menos) y sin sentir que, de repente, cuando ya no se aguanta más, las palabras dejan de ser necesarias.
En 1995, cuando Match.com y el servicio de mensajería instantánea IRC arrancaban, las palabras comenzaron, sin embargo, a ser más importantes que nunca. Con internet, se iniciaba un nuevo mecanismo de interrelación que permitía, por primera vez en la historia, comunicarse con personas de cualquier parte del globo terráqueo de forma inmediata. Y antes de que iniciara el siguiente milenio ya lo cantaba Tam Tam Go: "Te di todo mi amor, arroba, love, puntocom. Y tú me has roba-roba-robado la razón. Mándame un e-mail que te abriré mi buzón. Y te hago un rinconcito en el archivo de mi corazón, uoh-oh-oh-oh...".
El mayor perjudicado de este fenómeno que alcanzó su punto álgido durante la pandemia es, según los psicólogos y sexólogos entrevistados para este reportaje, el cortejo. Algunos filósofos, como Alexander Lacroix, y algunos psicoanalistas, como Darian Leader, piensan lo mismo. Las artes amatorias, en definitiva, habrían mermado. "Las miradas, el lenguaje corporal y la seducción se han sustituido por una suerte de comunicación por escrito con alguien anónimo, que no sabemos si responderá o no a la imagen que nos construimos de esa persona. Yo creo que hemos salido perdiendo", dice al respecto Ana Fernández Alonso, miembro de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (EAPS).

"Los jóvenes sienten nostalgia por un tipo de amor que nunca han conocido"

"El espectador sólo quiere chuches y helado, pero para llegar a eso va a tener que comer también brócoli"
Su compañera Diana Fernández Saro menciona los "profundos desafíos" a los que nos enfrenta esta "nueva manera de vincularnos"; el hecho de que "cada vez más personas intentan -sin lograrlo- sustituir las relaciones por interacciones digitales que pueden resultar estimulantes pero que no llegan a aportar lo que sí consiguen los vínculos analógicos". "Hay una distorsión generada por la constante exposición a las pantallas. Llegamos a creer que somos lo que mostramos, y que los demás son lo que publican. Esa ficción sostenida en imágenes y filtros provoca que muchas personas se comparen, y comparen sus relaciones, con ideales irreales, lo que alimenta una insatisfacción vital creciente y dolorosa", considera.
A todo lo anterior acompaña la experiencia más cruel a la que uno se expone cuando liga en una aplicación: en cualquier momento, esa persona con la que se habla sin parar desde hace dos semanas (por decir algo, porque pueden ser años) podría desaparecer sin dar ningún tipo de explicación, porque las relaciones digitales a veces terminan así, de forma obscena y abrupta, con un ghosting de manual. Y al que asiste atónito a lo sucedido no le queda otra que tragarse la decepción y las expectativas y tirar p'alante.
Pero esto no es fácil. Habla la psicóloga y sexóloga Patricia Díaz Saco de un perfil de mujer "entre los 28 y los 35, profesional, con carrera o comenzándola, personas que no son dependientes en otros ámbitos y que tienen como motivo de consulta la ansiedad".
"Es el término paraguas que emplean; tienen buena adaptación laboral y familiar, buen círculo de amigos. En los últimos años, han roto una relación larga y te las encuentras con la autoestima por los suelos porque después han tenido una serie de experiencias encadenadas con el online dating en las que se repite el patrón". Un ghosting seguido de otro y tal vez de otro más: "Conocen a alguien, quedan, hay una segunda cita, no paran de hablar continuamente, con dinámicas propias de relaciones más avanzadas... hasta que esa persona desaparece por completo". Pero las consecuencias no terminan ahí porque, al hilo de lo que se apuntaba previamente, Díaz Saco refiere "una reducción de la capacidad de conocer gente nueva fuera de la red". "El online es cómodo, lo tienes en el móvil, estás en el sofá...", describe. Pero el resultado puede ser un profundo "daño emocional en el que uno acabe pensando que ha hecho algo mal y verse afectado en su autoestima". Según un informe de 2020 del Pew Research Center, un 46% de los usuarios de apps de citas ha experimentado ghosting alguna vez.
De modo que el problema termina por instalarse en el piel con piel, donde a veces parece que la cosa no fluye tanto como en el móvil. El propio verbo fluir merece su párrafo pues es uno de los mandatos sexuales de nuestra época: hay que fluir, dejarse llevar, experimentar, tener orgasmos alucinantes y poder decir que una es multiorgásmica y, al cabo, considerar la práctica sexual como la medida de nuestra valía como ser humano. Por eso los sexólogos dicen que una de los beneficios del online dating es que se hable de sexo abiertamente. Pero, al mismo tiempo, manifiestan su preocupación por la aparición de gurús del sexo que, al calor de las redes sociales, venden talleres en los que ser la diosa de las felaciones (por decir algo, porque las variantes son infinitas).
"El mundo digital ha puesto a nuestra disposición más información sobre sexo, e incluso ha facilitado que se conozcan prácticas sexuales menos convencionales, como los fetichismos, el BDSM, las parejas liberales... Pero también hace que los más jóvenes (y no tan jóvenes) se pierdan fácilmente entre el porno y la difusión de ideas equivocadas en cuanto al sexo", argumenta la psicóloga y sexóloga Ester Álvarez Guillén. Como todos sus colegas, también aplaude que "movimientos como el feminismo y las asociaciones LGTBI+ promuevan la igualdad y la inclusión, especialmente en espacios digitales donde los gurús del sexo continúan propagando creencias erróneas sobre la sexualidad, afirmaciones referidas a cómo ser el mejor o la mejor en el sexo, convirtiéndolo en una competición más que en algo para disfrutar y relacionarnos".
"Hay una distorsión por la constante exposición a las pantallas. Llegamos a creer que somos lo que mostramos, y que los demás son lo que publican"
Por eso Díaz Saco dice que se nos ha olvidado que "el buen sexo es, ante todo, íntimo y lúdico". Y según afirma el filósofo Ferran Sanz Mateu en su reciente libro La intimidad perdida (Herder), "el concepto de intimidad fue lo que verdaderamente nos hizo modernos". En una entrevista por videollamada, señala que "el cambio en las relaciones humanas derivado de la tecnología afecta tanto a la intimidad como a la privacidad", términos que se suelen emplear como sinónimos, pero que no lo son en realidad. Eso sí, la segunda contiene a la primera porque la privacidad es el derecho de todo individuo a que sus asuntos no se expongan ante el ojo público y la intimidad serían sus sentimientos, sus relaciones, sus deseos...
De ahí que la constante exposición de nuestras vidas en redes sociales se llame ahora extimidad y que vivamos inmersos en el culto a la emoción, dice Sanz Mateu. "Y también a la espontaneidad emocional", matiza. Cree que el individuo comienza a "elaborarse a partir de las redes sociales" y que esto, aunque ahora parezca subterráneo, puede acarrear muchos cambios en el futuro.
La especialista en terapia sexual y de pareja Diana Fernández Saro, al frente del gabinete Afrodisia, hace hincapié en "plataformas como OnlyFans y webcams, asistentes de inteligencia artificial como ChatGPT, y también el porno, el sexting, las relaciones virtuales e incluso el sexo con robots". "Observamos como su uso y consumo crea y alimenta dificultades para los encuentros presenciales", advierte. Y relata que, en la consulta, "cada vez es más frecuente ver a personas que prefieren no conocer a nadie fuera del entorno online. Algunas buscan evitar el daño emocional; otras, el riesgo físico (como embarazos no deseados o infecciones) y otras, permisos para ser sin restricciones morales, como es el caso de la infidelidad. En ciertos casos acceden a estas experiencias de forma gratuita (pornografía, sexting). En otros, pagando (OnlyFans, cámaras web...), pero en todos los casos predomina un mismo patrón: relaciones sin responsabilidad, compromiso ni obligación".
Pese a todo, y a pesar de que los más jóvenes comienzan a alejarse de las apps para conocer gente, en 2025, el online dating persiste en posicionarse como opción para más de 4,7 millones de personas al mes en España, según un informe del medidor de audiencias digitales GfK DAM, que también refiere que su uso aumenta cada año; el último, en un 17%. Tinder es la aplicación más popular entre los españoles y, de cerca, le siguen Badoo y Bumble. En concreto, un 20% de los españoles ha conocido a su pareja a través de la red en los últimos años y un 30% ha tenido una relación con una persona que conoció online, según datos recabados a través de encuestas de la plataforma YouGov. Se sabe también que ellos emplean estas apps más a menudo que ellas, y también que el 12% de la población las usa cada mes una media de tres horas y 31 minutos por persona. Los millennials (y más mayores) las disfrutan masivamente (1.5 millones de usuarios mensuales de entre 25 y 44 años, según datos de la consultora Nielsen).
Desde apps liberales como JOYclub, especializada en swingers (parejas estables que mantienen relaciones sexuales consentidas con otras parejas) y en promover encuentros presenciales, destacan que el auge de las aplicaciones "haya permitido un mayor acceso a la diversidad sexual". Dice la socióloga y divulgadora sexual Cecilia Bizzotto que "las personas con orientaciones, identidades o prácticas no normativas (como las no monógamas, queer, BDSM, etc.) encuentran comunidades y potenciales parejas más afines". "En JOYclub lo vemos a diario, ya que nuestra comunidad es un espacio seguro no sólo para conocer gente, sino también para resolver preguntas, aprender... Han favorecido la conexión cultural y han permitido que personas que probablemente nunca se hubieran conocido debido a la brecha territorial y cultural, hayan podido establecer conexiones significativas con gente de otros lados del mundo". Bizzotto también reconoce que "algunas teorías apuntan hacia un mayor individualismo y hacia una sobrerracionalización de las emociones".
Se espera que, alrededor de 2030, el número de usuarios haya superado los siete millones en España. Ahora la pregunta es qué tipo de relaciones se establecen y cuáles son las consecuencias de llevar tres décadas enganchados a un catálogo de fotos en el que se desecha o se aprueba a las personas con un movimiento rápido del dedo: hacia la izquierda, no interesa, hacia la derecha, interesa. Una búsqueda a menudo de sexo, más que de personas o relaciones.
"El mundo digital ha dado más información sobre sexo, pero también hace que los jóvenes se pierdan entre el porno y la difusión de ideas equivocadas"
En Reddit, foro especializado en conversaciones sobre mundo digital, un usuario preguntaba recientemente: "¿Qué experiencias tenéis con las apps de citas en España para encontrar relaciones a largo plazo? ¿Y qué apps recomendáis?". Y los que respondían hablaban así: "Los españoles tienen amigos que pueden convertirse en amantes, y luego volver a ser amigos, y luego quizás en amantes otra vez. Tener citas por tenerlas es un poco antiespañol, pero hay gente que lo hace, aunque no creo que para buscar una relación a largo plazo". O bien: "Es una mierda. Muchas mujeres de mi zona tenían una actitud que sólo he visto en España, algo como: 'No mereces mi tiempo porque todos los hombres son unos capullos nueve de cada 10 veces'". Todos afirmaban que el uso de apps estaba circunscrito al deseo sexual. Algunos contaban que al final conocieron a su actual pareja en la vida no virtual y daban su lista de apps preferidas, entre las que sobresalía Tinder, que se fundó en 2012 y consiguió que se superara el estigma de quedar con personas conocidas a través de internet. A día de hoy, la dueña de Tinder (y también de Hinge y OkCupid) es Match.com, la misma que en 1995 inició el fenómeno.
En el auge de la última década también ha influido, además del aislamiento provocado por la pandemia, el estado general del mundo. Esto es, las guerras y la incertidumbre generalizada. Así lo afirma la investigación de 2024 Un nuevo mundo de citas a partir de 2020, explorando las relaciones online de hoy en día, publicada en Journal of Psychological Perspective. Sus autores denuncian la "necesidad de una mayor investigación sobre las complejidades de las citas modernas" puesto que tienen "implicaciones en el bienestar", además de riesgos importantes, como "el acoso y la estafa".
Una situación reciente, del verano pasado, incumbe a cinco mujeres españolas a las que un falso Brad Pitt les hizo creer que se había enamorado de ellas y luego les pidió que invirtieran miles de euros en sus negocios. En octubre de 2024 la Guardia Civil detenía a cinco personas e investigaba a 10 más por haber estafado a dos de ellas un total de 325.000 euros. Encontraron cuadernos con frases anotadas para engañar a las víctimas. a las que contactaban en páginas de fans del actor estadounidense en Facebook. "Los ciberdelincuentes, para captar a las víctimas, previamente habían estudiado sus redes sociales y les habían hecho un perfil psicológico, descubriendo de esta manera que ambas mujeres eran dos personas vulnerables, con carencias afectivas y en estado depresivo. Asimismo, utilizaron plataformas de mensajería instantánea para intercambiar mensajes y correos electrónicos con las dos mujeres hasta llegar a un punto en el que ellas creyeron estar wasapeando con el mismo Brad Pitt, quien les prometía una relación sentimental y un futuro juntos", se lee en el comunicado emitido entonces por el Instituto Armado.
Superadas las connotaciones sociales que llevaban a ocultar, a menudo, que se ligaba a través de apps -el propio Tinder publicó un informe en 2022 donde aseguraba que "el futuro de las citas sería fluido" y que un 50% de los usuarios no buscaba ninguna relación en particular- se calcula que, en la actualidad, este formato cuenta con más de 320 millones de usuarios en todo el mundo. "Una manera flexible, a menudo gratuita, no intimidante y que requiere menos tiempo para conectar", afirma el estudio recientemente mencionado.
Pero mucho ojo con creer que hay aquí un verdadero cambio evolutivo porque la sexología insiste en que lo que ha cambiado es la cultura de las relaciones, mientras que "hombres y mujeres seguimos siendo, en esencia, los de antes". "Lo que ha cambiado es el medio, que ahora es online. Y los juegos de seducción se han diluido, como anticipó el sociólogo Zygmunt Bauman. Habitamos un mercado de imágenes y videos, de representaciones estereotipadas, un escenario vacío, plano, seco, sin olor, sin calor, sin textura. Se busca aquello que se desea poseer, no amar", reflexiona Fernández Saro.
No lo parece, pero las citas online también han traído beneficios, que ninguno de los profesionales consultados se olvida de mencionar: permite mantener relaciones a distancia con mayor facilidad y, sobre todo, un acceso a la sexualidad para personas que tienen dificultad a la hora de conocer a otras cara a cara: individuos con agorafobia o fobia social, o con serios problemas de timidez. Piensa Isabella Magdala, psicóloga y sexóloga, que las últimas tres décadas de conocerse a través de la red "nos han hecho libres, pero también esclavos".
"Nos ha permitido abrir los cajones y airear lo que había dentro, lo que se deseaba, lo que se ignoraba, aquello que ni te planteabas o no te atrevías a preguntar, por miedo o por vergüenza. La gente empezó a compartir su vida con desconocidos a través de la pantalla y esto permitió conocer mejor qué pasa en la cama del otro", razona. Pero, en el camino, no se han conseguido sustituir los estereotipos de género, sino que se habrían acentuado. "Nos movemos entre patrones impostados y desafectados, donde se imponen estándares de feminidad y masculinidad cada vez más rígidos, basados en valores tradicionales: el poder adquisitivo y estatus en los hombres, la deseabilidad y la fidelidad en las mujeres", apunta Fernández Saro.
Y añade: "Guiados por una lógica maniquea de banderas verdes y rojas, solo queremos ganar: sin pérdidas, sin dar, sin ofrecimiento ni propuesta. Porque lo merezco. Porque yo lo valgo. Mi valor es igual al número de likes que recibo en este mundo paralelo. Ya no hay encuentro, hay casting. Y el encuentro requiere estar. Requiere presencia, tiempo, escucha; ver y sentir al otro, y permitir que el otro me vea y me sienta. Crear la posibilidad de que emerja la intimidad. Se evita el dolor y, con ello, se impide el vínculo. Sin sentir, sin sensar. Solo superficies, ninguna profundidad". Lo explica: "Sensar es sentir sensaciones".
Su compañera Isabella Magdala, que en 2019 publicó el libro Tu vagina habla (Urano), dice lo mismo: "Las posibilidades de contacto se han acelerado, pero también la superficialidad de esos vínculos". Para esta experta en el asunto amatorio, "quizá lo revolucionario sea bajar revoluciones, aceptar que no todo vale y sumergirnos de lleno, con presencia y vulnerabilidad, en la relación con la persona hacia la que sintamos un vínculo real, y que nos dejemos ver sin filtros, sin apariencias ni pantallas ni realidades virtuales", dice. "Una relación en la que la mirada sea tan profunda que ni todas las inteligencias artificiales del mundo puedan emular. Aceptemos lo imperfecto porque ahí está el aprendizaje y la evolución. Hoy el amor empieza con un clic, pero las heridas siguen siendo muy reales".



