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"Tu marido me ha llamado y me ha dicho que no sigas el viaje hasta España, que te dejemos aquí en Colombia y que te busques la vida". Esto escuchó Ana Cecilia (42) hace varios años en mitad de su periplo para llegar a Madrid desde su país de origen, República Dominicana. Estaba completamente sola en ese momento: su esposo, Franklin, estaba en Madrid trabajando, y toda su familia se encontraba en su ciudad de origen, San Francisco de Macorís.
Ana Cecilia relata su historia a EL MUNDO desde un colegio en el madrileño barrio de San Blas. Está acompañada por sus tres hijos: Saúl (15), Aitor (6) y Dana (5). Saúl tiene TDAH y una entusiasta pasión por el dibujo y el género de fantasía al más puro estilo de H.P. Lovecraft. Aitor también padece hiperactividad y tiene necesidades educativas especiales, además de una gran afición por el fútbol. Dana, la benjamina, vivió en el vientre de su madre una complicación denominada placenta previa. Ahora vive sonriendo constantemente.
Aunque esta familia lleva en Madrid bastantes años y Saúl, Aitor y Dana nacieron en Madrid, su vida en el barrio sigue siendo humilde. Franklin sigue trabajando en las reformas "cuando salen", explica Ana Cecilia. Ella se dedica por completo a sus hijos y a sus necesidades, que no son pocas, a la espera de encontrar un trabajo que no le impida hacerlo.
Como cada verano, muchos niños y niñas disfrutan ya de sus campamentos de verano. Pero muchas familias en situación de vulnerabilidad como la de Ana Cecilia no pueden permitirse estas ocupaciones. El acceso a los talleres de verano le llegó en un parque de Madrid, hace bastantes años.
"Yo estaba con Saúl en el parque", cuenta, "y una chica me dijo: '¿Sabes que hay una asociación que se llama Achalay donde los niños pueden disfrutar de tareas adaptadas?'". Y el cambio llegó. Achalay es una de las organizaciones que colabora con el programa CaixaProinfancia de Fundación "la Caixa", iniciativa que ofrece campamentos, casals, y centros abiertos gratuitos para familias en situación de vulnerabilidad social durante los meses de verano. "Siempre digo que mi familia son mis hijos y, gracias a Dios, Achalay también", revela Ana Cecilia. Este verano está previsto que hasta 30.000 niños, niñas y adolescentes de toda España participen en este proyecto.
De regreso a aquel aeropuerto de Colombia todavía le quedaba bastante a Ana Cecilia para llegar a Achalay, ese lugar en el que a Saúl, cuando acudía las primeras veces, "le entraba una alegría desde la barriguita". "Yo llamé a mi marido desde el aeropuerto", recuerda sobre su terrible hazaña, "y él me dijo que ni siquiera había hablado con esos hombres aquel día". "Imagínate, yo solita por ahí", comparte. "Me engañaron, me dejaron tirada".
Pero consiguió llegar a España huyendo de sueldos "muy bajitos" y de "una situación política que era un desastre". Y nació Saúl. "En ese momento me empecé a sentir mejor, pero echaba de menos a mi familia", aclara. En Achalay encontró "una familia unida". "Cuando empecé a ir yo estaba calvete", interviene Saúl. Allí le llegó la pasión por el dibujo y se le activó la creatividad. "Daría mi vida porque la gente vea mi serie", confiesa mostrando sus dibujos. "Eso de ahí son villanos".
Cuando Saúl tenía cinco años ocurrió algo que Ana Cecilia relata con tristeza. "Mi padre tuvo un accidente y murió", cuenta cuando sus hijos se han marchado. "Estaba muy unida a él y no pude llegar a tiempo para los preparativos".
Aitor, el hijo mediano, tiene algunas dificultades en el colegio. "Su personalidad es compleja", explica Ana Cecilia. "Sus compañeros tienen una mentalidad más avanzada y no quieren compartir tiempo con él". Prefiere no cambiarle de colegio porque en el suyo tiene un especialista en pedagogía terapéutica y otro en audición y lenguaje. En el campamento cuenta con ayuda, aunque el pequeño no lo ve así: "Tengo que trabajar, sobre todo, matemáticas y lengua". Aunque hay algo muy importante, según él, los compañeros de verano "se portan bien".
El embarazo de Dana fue muy complicado, y no solo por el problema con la placenta. "Estaba trabajando en una perfumería y me dijeron que no podía estar de pie y que tenía que guardar reposo absoluto". Pero Ana Cecilia no se podía permitir dejar de trabajar. Un día acudió cubierta de sangre al hospital. "Dana nació a los siete meses de embarazo. Me dijeron que la niña no iba a hablar ni a caminar". Ahora Dana es la más bailarina de la familia, y confiesa: "De mayor voy a ser bailarina de bachata".
"Algún día me gustaría tener algo para comprar un apartamento pequeñito en república Dominicana y poder ir de vacaciones"
Cuando Dana ve que a sus hermanos les toca ir a la asociación y a ella no, se enfada y llora. "Quiere venir todos los días", cuenta su madre. La vida de los tres hermanos mejora en verano a pesar del calor estival. A ellos se les ve en su propio terreno en el aula en la que les acompaña Virginia López, coordinadora de la Asociación Achalay. Y un miembro más de la "familia unida" de Ana Cecilia. "Tenemos logopedia, apoyo escolar, actividades de tiempo libre", explica la educadora, "vinculado todo al desarrollo de competencias".
Con la asociación también han acudido a CaixaForum Madrid, centro donde además de exposiciones se imparten talleres, entre otras actividades. "Son maravillosos", explica Iván Trujillano, educador de este centro. "Dana es más callada, pero es muy creativa. Aitor me ha sorprendido mucho, tenía mucho interés por la biología. Lo que más le ha gustado ha sido nuestra explicación. Y que le encantan los insectos y los dinosaurios".
Aquel desagradable episodio en un aeropuerto de Colombia que Ana Cecilia prefiere no recordar quedó atrás. Ahora tiene su vida en España, pero le gustaría que sus hijos conozcan su cultura y, sobre todo, a su familia. De momento, no solo Dana ha desarrollado amor por la música dominicana. "Me gusta la música clásica de allí", revela Saúl, y enumera: "Toño Rosario, Teodoro Reyes, Juan Luis Guerra". Quizá, con esfuerzo, puedan volver de vez en cuando. "Algún día me gustaría tener algo para comprar un apartamento pequeñito y poder ir de vacaciones", desea su madre. Ana Cecilia no tendrá que hacer nunca más ese viaje sola.



