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Atrapados en la 'mierdificación' de internet: cómo las redes sociales cambiaron a tus amigos por basura

El tiempo que pasamos interactuando con amigos o familiares en la red se ha desplomado en los últimos años, sin embargo su negocio sobrevive a cambio de llenar nuestras pantallas de bazofia. El escritor Cory Doctorow ha resumido el fenómeno en una nueva palabra: ‘enshittification’

Atrapados en la 'mierdificación' de internet: cómo las redes sociales cambiaron a tus amigos por basura
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Enshittification: dícese del empeoramiento de una plataforma digital o red social debido a la reducción de la calidad de su servicio hasta convertirse en... en... en una auténtica mierda.

El 5 de enero del año pasado, cerca de 300 expertos en lingüística se reunieron en el Hotel Sheraton de Times Square, en Nueva York, a apenas 800 metros de la Trump Tower de la Quinta Avenida, para comer canapés y deliberar sobre cuál debía ser la palabra del año para la American Dialect Society, una institución con 135 años de historia. Allí había lingüistas, lexicógrafos, etimólogos, expertos en gramática, historiadores, investigadores, escritores, editores, estudiantes y académicos independientes. Cuentan que ésta es la votación más larga de las muchas votaciones de palabras del año que se realizan alrededor del mundo. Esa noche, la American Name Society eligió Gaza y Barbie como nombres propios del año y la Sociedad del Dialecto escogió como mejor palabra enshittification.

«Es un término lamentablemente adecuado para describir cómo se han degradado gradualmente nuestras vidas online», aseguró Ben Zimmer, presidente del Comité de Nuevas Palabras de la institución y columnista de idiomas de The Wall Street Journal.

El palabro en cuestión podríamos traducirlo aquí de forma muy gráfica como mierdificación (shit es mierda en inglés) y básicamente resume lo que ustedes ya habrán percibido en los últimos tiempos: que las redes sociales se han convertido en un insoportable lodazal que todo lo acaba infestando.

Y, sin embargo, ahí seguimos. Enshitificados hasta el cuello.

Para saber más

«Todas nuestras empresas tecnológicas se están volviendo horribles. Pero no están muriendo. Seguimos atrapados en sus cadáveres, incapaces de escapar», escribe Cory Doctorow.

Doctorow -hagamos las presentaciones- es el padre del ya célebre término. Nacido en Toronto hace 54 años, es novelista de ciencia ficción, periodista y activista tecnológico. También doctor honoris causa en Informática por la Open University (Reino Unido), investigador afiliado al MIT Media Lab y profesor en la Escuela de Biblioteconomía y Ciencias de la Información de la Universidad de Carolina del Norte. En 2020 ingresó en el Salón de la Fama de la Ciencia Ficción y la Fantasía de Canadá y ahora, sin embargo, teme pasar a la historia por «una palabrita obscena» que escribió un día en su blog personal y que se ha viralizado en los últimos años en el mundo anglosajón para describir ya no sólo la putrefacción de internet, sino también el deterioro general de nuestra sociedad y la sensación de frustración colectiva.

En 2024, el Diccionario Macquarie, el más antiguo de Australia, también reconoció enshittification como la palabra que mejor definía el curso, y desde entonces el término ha aparecido en cientos de titulares: «La era de la mierdificación», dice The New Yorker. «La mierdificación lo está invadiendo todo», alerta Financial Times. «La mierdificación se ha expandido para abarcar una sensación general, un sentimiento mucho mayor que la frustración con Facebook o con Google», explica The New York Times.

«Supongo que definitivamente tendré un emoji de caca en mi lápida», bromea Doctorow justo cuando acaba de publicar Enshittification: Why Everything Suddenly Got Worse and What to Do About It, un ensayo que llegará en 2026 a nuestro país de la mano de Capitán Swing, la editorial que ha publicado sus anteriores títulos, y que pretende profundizar en la teoría detrás del olor a ciberboñiga.

Antes de sumergirnos en las cloacas resumiremos su tesis. En su libro, Cory Doctorow trata de explicarnos cómo internet fue colonizado por las plataformas que nos atraparon haciéndonos creer que eran fantásticas para sus usuarios. Analiza después por qué rápidamente todas esas plataformas se degradaron y empezaron a abusar de nosotros para mejorar las experiencias de sus clientes comerciales y cuenta cómo, por último, pasaron también de sus anunciantes para recuperar el valor para sí mismas. Todo claramente empeoró, pero el negocio siguió su curso.

«La disciplina que antes sentían los jefes de las plataformas ha desaparecido», explica el escritor. «Ya no temen a la competencia, porque la han comprado toda. Ya no temen a los reguladores, porque los han capturado. Ya no temen la indignación ética de sus propios trabajadores, porque finalmente han conseguido una oferta de trabajadores que supera la demanda... Cuando conciben una forma de perjudicarnos para mejorar su situación, entienden (correctamente) que nos tienen tan atrapados que no nos iremos, y que no se enfrentarán a ningún castigo por parte de los reguladores, los competidores, sus trabajadores o los tecnólogos rivales. Así que cada mala idea se convierte en una mala política».

"Todas nuestras empresas tecnológicas se están volviendo horribles. Pero seguimos atrapados en sus cadáveres, incapaces de escapar"

Cory Doctorow

Quizás con el ejemplo de Facebook, la red social por antonomasia, el mecanismo se entienda mejor. La plataforma de Mark Zuckerberg nació en 2004 para conectar a los estudiantes de Harvard, luego se abrió al público en general y, durante su primera etapa, cuando Silicon Valley nos parecía el país de Nunca Jamás, la compañía destinó sus beneficios a mejorar la experiencia de sus usuarios a los que prometió proteger sus datos y facilitarles sólo el contenido que realmente querían ver. «Te unías a Facebook porque tus amigos estaban allí, y otros se unían porque tú también estabas allí», explica Doctorow. «Los usuarios de Facebook participaron en un secuestro mutuo que los mantuvo pegados a la plataforma».

Luego Facebook explotó la situación, nos arrinconó a usted y a mí y a nuestros antiguos compañeros del cole y se dirigió a anunciantes y editores. «¿Recuerdan cuando dijimos que no espiaríamos a estos ingenuos? Bueno, pues sí lo hacemos. Y les venderemos acceso a esos datos mediante publicidad muy segmentada», resume Doctorow. «¿Recuerdan cuando dijimos que solo mostraríamos a los usuarios lo que querían ver? ¡Ja! Sube extractos cortos de tu web, agrega un enlace y lo meteremos en los ojos de usuarios que nunca pidieron ver algo así».

Y así, anunciantes y editores también quedaron atrapados en el sumidero.

La fase final de la inevitable mierdificación arranca cuando todos son ya prisioneros y la plataforma retira sus excedentes del tablero como en una partida de póquer y esparce por encima sus excrementos. A los usuarios nos redujo el contenido de las cuentas que seguíamos a una «dosis homeopática» -dice Doctorow- y llenó el vacío con anuncios y contenido pagado. A los anunciantes les subió los precios y les obligó a pagar más por anuncios menos visibles y a los medios los exprimió vía algoritmo hasta convertirlos en proveedores de contenido para Facebook, dependientes totalmente de la empresa.

¿El resultado? «Un pozo negro», resume el escritor canadiense.

Pues eso, un enorme contenedor de basura que se replica en casi cualquier plataforma, red o buscador digital. De Google a Amazon, de Facebook a TikTok, de Instagram a X. Todo se ha enshitificado.

-Disculpe la pregunta, señor Doctorow, pero... ¿son ya todas las redes una completa mierda?

-No. Si fueran una completa mierda, las habríamos abandonado. Seguimos usando las redes sociales porque queremos a nuestros amigos más de lo que odiamos a Zuckerberg y Musk. El problema de acción colectiva que supone convencer a esos amigos de que las abandonen, y ponerse de acuerdo sobre dónde ir, es insuperable. La tragedia de las redes sociales es que sus jefes utilizan nuestro amor mutuo como arma para retenernos.

"Cuanto más priorizan lo que más atrae (estrellas, influencers, basura de IA, drama, controversia...), menos caben los amigos en estas plataformas"

Ellis Hamburger, periodista tecnológico

Así que uno sigue en X (antes Twitter) aunque en la pestaña que dice «para ti» ya sólo aparezcan peleas de instituto, vídeos lacrimógenos, discursos de seudoinfluencers o Vito Quiles persiguiendo a Rufián por la Carrera de San Jerónimo. O abre Instagram para descubrir, entre fotos de tías buenas y hombres cachas haciendo calistenia, unas fiestas en las que unas supuestas celebrities descubren el género de su futuro bebé. O tropieza en TikTok con miles de productos a la venta como si la red de los bailecitos fuera ahora el nuevo Amazon, mientras el viejo Amazon es ya una especie de Teletienda. O vuelve a Facebook para encontrar que los amigos del instituto están hechos ahora por una inteligencia artificial.

«La mierdificación es el resultado de corporaciones volubles que no tienen una misión ni unos valores reales. Sin esas ideas grabadas en piedra, están destinadas a seguir el camino de menor resistencia hacia la extracción infinita y la monetización sin fin. Es el capitalismo avanzando más rápido que nunca», resume desde Estados Unidos el periodista tecnológico Ellis Hamburger, ex empleado de Snapchat, que hace unos años ya pronosticó la muerte de las redes sociales... al menos tal y como las conocíamos. «Si las entendemos como un lugar donde compartir fotos y vídeos con los amigos, sí parece que esa era está llegando a su fin», decía entonces. Hoy confirma, como dice Cory Doctorow, que las redes no han muerto, pero sí que son cualquier cosa menos sociales.

«Están ganando más dinero que nunca, por lo que sin duda tienen éxito», asegura Hamburger. «Cuanto más priorizan lo que más atrae (estrellas, influencers, basura de IA, drama, controversia...), menos caben los amigos en estas plataformas. Pero no es que estén en contra de los amigos, simplemente están profundamente a favor del crecimiento y los beneficios».

A principios de este mismo año, durante el juicio por monopolio que celebra la Comisión Federal de Comercio de EEUU contra Meta, empresa propietaria de Facebook, Instagram, WhatsApp, Messenger y Threads, el propio Mark Zuckerberg firmó su particular obituario de las redes. Para desmentir que hubiese acaparado todo el mercado de la aplicaciones sociales, exhibió un dato demoledor: el porcentaje de tiempo dedicado a ver contenido publicado por amigos se ha desplomado en los dos últimos años, del 22% al 17% en Facebook y del 11% al 7% en Instagram. «Zuckerberg dice que las redes sociales se han acabado», tituló The New Yorker. «Las personas que seguimos y los mensajes que ellos publican se parecen cada vez más a agujas en un pajar digital. Las redes sociales se han vuelto menos sociales».

«En 2023, Meta planeó empezar a aumentar la cantidad de contenido insustancial que se muestra en los feeds de Instagram y Facebook, reduciendo intencionadamente la cantidad de contenido de amigos y familiares que se muestra a los usuarios», cuenta Ashley Bélanger, reportera de la web de información tecnológica Ars Technica. «Los usuarios se opusieron inmediatamente, pero Meta, tras un parón temporal, siguió adelante con sus planes, supuestamente para ayudar a los usuarios a descubrir más creadores. Hoy la estrategia principal pasa por la inteligencia artificial, así que la basura de la IA y los amigos de IA serán probablemente la próxima ola de mierda que afectará duramente a nuestros teléfonos».

El porcentaje de tiempo dedicado a ver contenido publicado por amigos en las redes sociales se ha desplomado en los dos últimos años

Meta ya ha anunciado Meta Vibes, una alternativa a TikTok y los reels de Instagram donde los usuarios podrán generar o remezclar contenidos creados por modelos de IA y compartirlos en sus redes sociales. Y OpenAI, la compañía detrás de ChatGPT, también prepara el lanzamiento de una aplicación al estilo de TikTok, pero con todo el contenido generado por Sora 2, su modelo más reciente de IA.

«Contenido ultraprocesado» y «papilla digital», lo llamaba hace sólo unos días el jefe de datos de Financial Times, John Burn-Murdoch, en una columna en la que se preguntaba si las redes sociales han superado ya su momento álgido. Según un análisis del diario económico sobre los hábitos online de 250.000 adultos en más de 50 países, el tiempo dedicado a las redes alcanzó su punto máximo en 2022 y desde entonces ha experimentado un descenso constante, sobre todo en Europa (no tanto en Estados Unidos).

«Las nuevas plataformas de Meta y OpenAI son un punto final ideal para la deformada evolución de las redes sociales, que pasaron de ser un lugar donde la gente intercambiaba actualizaciones con amigos y familiares a uno con cada vez menos interacción entre personas», escribe Burn-Murdoch. «Hemos presenciado la transformación de las redes sociales en antisociales».

La proporción de personas que dicen usar las plataformas sociales para mantenerse en contacto con sus amigos, expresarse o conocer gente nueva también ha disminuido en más de una cuarta parte desde 2014. Sin embargo, ha aumentado el uso de las aplicaciones sencillamente para ocupar el tiempo libre. «Muchas de estas aplicaciones ya no son realmente aplicaciones sociales en el sentido estricto de la palabra; son aplicaciones que maximizan el tiempo de pantalla, utilizando todos los medios necesarios para ganar segundos y minutos extra». Las redes sociales, advierte también el analista del Financial Times citando a Cory Doctorow, se han mierdificado de forma «particularmente flagrante».

Y han confirmado que los avances tecnológicos no necesariamente van siempre a mejor.

«Algunos siempre hemos sido escépticos con cierto tipo de tecnologías», matiza Carissa Véliz. «Y parece que la IA tiene una tendencia a empeorar».

Véliz es profesora en la facultad de Filosofía y el Instituto para la Ética en la Inteligencia Artificial de la Universidad de Oxford y autora de Privacidad es poder (Debate), un ensayo que en 2021 diseccionó la sociedad de la vigilancia en la que todos caímos atrapados cuando los gurús de Silicon Valley nos hicieron creer que internet sería un mundo feliz y las redes sociales una entrañable familia multicolor.

Hoy, cuenta ella, Twitter se ha convertido en un espacio desagradable, «lleno de desinformación y contenido escabroso», Facebook es «un cementerio», ni Threads ni Bluesky han acabado de despegar y TikTok es un campo de batalla para dirimir la influencia de las grandes potencias del mundo.

"La basura de la IA y los amigos de IA serán probablemente la próxima ola de mierda que afectará duramente a nuestros teléfonos"

Ashley Bélanger, 'Ars Technica'

«Sus modelos de negocio están rotos, rotos porque no son sostenibles a largo plazo y porque cualquier modelo de negocio que depende de la vigilancia masiva es inherentemente tóxico para las democracias liberales», explica Véliz. «Los algoritmos, además, muestran una tendencia a decaer porque trabajan sobre contenido creado por ellos mismos. Es como una fotocopia de una fotocopia de una fotocopia de una fotocopia... Tarde o temprano la fotocopia ya no tiene buena resolución. Y menos cuando los algoritmos están diseñados para maximizar el engagement. El contenido que más engancha no es el contenido de alta calidad, no es el más cercano a la verdad o el más sano. Es el más escandaloso, el que genera indignación, preocupación, enojo. Es una espiral, un círculo vicioso».

Igual que la energía, las redes ya ni se crean ni se destruyen, sólo se transforman... aunque sea en una porquería que todo lo está pringando.

«A medida que los servicios digitales se infiltran en el mundo real, todos los abusos del mundo digital se nos infligen también fuera de la red», denuncia Cory Doctorow. «En Estados Unidos, a las enfermeras a las que se les ofrecen turnos a través de aplicaciones de contratación se les determina el salario en función de los datos de vigilancia sobre sus finanzas personales. Se deduce que las enfermeras con más deudas están en una situación económica más desesperada, por lo que se les ofrecen tarifas por hora más bajas. El mismo truco de discriminación salarial algorítmica se aplica a los conductores de Uber. Cada vez son más las herramientas digitales que se abren paso en el mundo físico, como las etiquetas electrónicas en las estanterías de las tiendas, que podrían permitir a los comerciantes duplicar el precio de los helados en los días calurosos o el de los paraguas cuando llueve».

Bienvenidos, por fin, al enshitoceno, la era mierdosa que Doctorow lleva años intentando frenar desde su activismo digital. «Internet no es más importante que la emergencia climática, la justicia de género, la racial, el genocidio o la desigualdad. Pero internet es el terreno donde libraremos esas luchas. Sin un internet libre, justo y abierto, la lucha está perdida antes de empezar», alertaba el año pasado durante una conferencia en la Embajada de Canadá en Berlín. «Podemos revertir la mierdificación de internet».

-¿Y si no lo conseguimos?, le preguntamos ahora.

-Llegará un momento en que las plataformas nos harán odiarlas más de lo que nos queremos unos a otros y las abandonaremos. Sin embargo, si dejamos que la situación empeore hasta ese punto y no permitimos una evacuación ordenada, perderemos todos los beneficios comunitarios cuando se rompan nuestros lazos sociales: las personas que forman parte de grupos de apoyo para enfermedades raras, comunidades de interés por la Genealogía o por la Historia, o los movimientos políticos se dispersarán por los cuatro vientos.

-¿Y se irán definitivamente a la mierda las plataformas?

-Las plataformas arderán. Se están inmolando, prisioneras de su propia codicia y crueldad. La cuestión es saber si evacuamos la zona del incendio antes de que comience el fuego.