LÍDERES
En camisa de once varas

Diego González Rivas, cirujano: "No soy un ejemplo; solo opero, solo viajo y solo estoy con pacientes"

El doctor González Rivas es coautor de 'Curando el mundo'. Viaja por todo el planeta operando con una técnica mínimamente invasiva perfeccionada por él mismo y ha desarrollado un sistema robótico, Shurui, con el que también puede operar en remoto

El cirujano Diego González Rivas, en Madrid.
El cirujano Diego González Rivas, en Madrid.Elena IribasMUNDO
Actualizado

Tiene una agenda de ministro.
Peor, casi.
¿Dónde ha estado en los últimos dos meses?
Puf, ¿dos meses? A ver, déjame recordar porque estoy ya perdido. [Saca el teléfono]. He estado en Corea, en Lisboa, en Madrid, en Bucarest, en la India, en Hong Kong, en Taiwán, en China, en Jaén y en Alemania.
¿Dónde duerme? Bueno, ¿y cuándo?
Bueno, muchas veces tengo que dormir en el avión, porque son vuelos transoceánicos nocturnos. Eso es bastante típico. Pero básicamente donde más duermo son los hoteles: mi casa son los hoteles. A Coruña, donde tengo mi casa, voy cada tres o cuatro meses. ¡Conozco tal cantidad de hoteles! Es una barbaridad. Por ejemplo, cuando estoy en China, a lo mejor estoy operando dos semanas en el Shanghai Pulmonary Hospital y luego estoy dos semanas viajando, operando en diferentes ciudades. Cada día estoy en un hotel.
Pero más allá de eso, casa siempre será A Coruña.
Sí. Yo nací en Coruña, pasé toda mi infancia en Coruña y viví toda la vida. De hecho, estudié Medicina en la Facultad de Santiago de Compostela y luego me fui a hacer una formación en videocirugía a Estados Unidos, pero toda mi formación la hice en Galicia.
¿En qué momento cambió todo?
En el año 2010, cuando desarrollamos la técnica Uniportal VATS; es decir, operar el pulmón a través de una sola incisión en el tórax. A partir de ahí la empiezo a exportar al mundo, la empiezo a enseñar en diferentes países y empiezo a viajar: la gente empieza a tener interés y me empiezan a llamar de aquí y de allá. Y eso es como una bola de nieve. Al principio hubo la típica crítica de algo nuevo, que suele pasar.
¿Por qué?
Los cirujanos más clásicos, lo que es normal. En Medicina siempre pasan estas cosas, pero era tal el interés que pudo más. Al final se fue creando la evidencia, fuimos demostrando los beneficios de la técnica y llegó un momento que me di cuenta de que estaba viajando por todo el mundo, cada día un sitio diferente y cada vez más cirujanos interesados en aprender la técnica. Desde el año 2010 hasta ahora ha sido casi exponencial: una puerta abre otra, un proyecto crea otro y van surgiendo nuevas variantes de la técnica. En el año 2021 creamos otra variante, Uniportal RATS, que es la robótica; algo diferente, una evolución. Ahora estamos desarrollando un nuevo robot, Shurui, con el que hicimos la primera cirugía transcontinental torácica del mundo: yo estaba operando en China y el paciente estaba en Bucarest. Abrimos un nuevo capítulo. No nos conformamos con estar en la zona de confort. Me gusta ir siempre mejorando y perfeccionando, no me gusta decir: "Bueno, ya está; funciona, ¿para qué nos vamos a complicar?". Creo que todo se puede mejorar.
Me voy a terminar creyendo eso lo que es el cirujano que quiso curar al mundo.
[Ríe] He operado en 138 países. Creo que nadie en la historia ha operado ni en 100.

"En España realmente no se salvan vidas: ayudas, curas y palias, pero si no operas tú, puede operar otra persona"

¿Puede conciliar? ¿Cómo se hace para tener una vida normal con su familia, amigos, pareja, perro...?
Es muy difícil conciliar; es muy difícil coordinar todo esto y tener una vida familiar, por ejemplo. Tener hijos, estar casado, tener que atender a tu familia, tener que estar pendiente de esas cosas. Yo he renunciado a eso. No quiere decir que no lo quiera tener algún día, pero no puedo tener, por ejemplo, hijos, un hogar en el que tener que estar cuidando de mi familia, teniendo una vida familiar. No puedo. Renuncié a eso porque me mueve más el poder ayudar a otras personas, viajar... Ahora con la Fundación Diego González Rivas estamos haciendo muchas misiones por el mundo ayudando a la gente. Vamos este mes a Angola. De hecho, tenemos la unidad móvil en Ghana, donde hicimos las primeras cirugías del mundo en una unidad móvil. Y ahora en agosto vamos a operar en Angola con esa unidad móvil, la estamos trasladando. Te metes de lleno en todas esas actividades altruistas y me apasiona, la verdad. Es una satisfacción tan grande, porque realmente en esos países salvas vidas. En España realmente no se salvan vidas: ayudas, curas y palias muchas cosas, pero al final a un paciente si no lo operas tú, lo puede operar otra persona. El paciente en España afortunadamente está cubierto. Pero en determinados países si tú no los operas, se mueren. Sobre todo en África.
En una charla hace unos meses decía: "Nunca os deis por vencidos".
Yo siempre digo que lo único imposible es lo que no intentas. Y muchas veces me he dado cuenta de que solo cuando tuve persistencia en algo fue cuando lo conseguí. Luchar, luchar y luchar hasta el final, porque muchas veces lo que te piensas que no consigues lo puedes llegar a hacer. Nunca des nada por perdido, jamás.
¿Ni siquiera el Dépor?
[Ríe] Ni siquiera el Dépor. Es en lo que más confío: va a llegar a Primera y vamos a estar ahí en lo alto. De hecho, la afición del Deportivo es así, esa filosofía. El estadio está lleno en Segunda División, incluso cuando estábamos en Segunda B estaba lleno. Esa es la filosofía: creer en tu equipo, creer en tu gente, en tu proyecto. Y nunca darte por perdido.
¿Ha visto lo de que puede que empiecen a cobrar por el equipaje de mano? Es posible que sea la persona más afectada del planeta por esto.
¡¿Que sea de pago?! Pues probablemente sí, porque yo jamás facturo. Es una ley mía, una premisa, una obligación. Si yo llego a facturar perdería una cantidad de vuelos y una cantidad de tiempo que ni te imaginas. He aprendido a viajar con una maleta de mano sencilla. A veces solo con esto [saca una bolsa en la que a una persona normal no le cabrían ni los calcetines]. Voy de país en país y viajo con unos tenis. Un mes. No viajó con más calzado y luego los cambio. Me he dado cuenta de que es mi mejor vivir una vida sencilla en ese sentido para ser práctico. Un pantalón o dos, cuatro camisetas y las lavo cada semana en el hotel. Es cómodo. Llevo la maleta en la mano, no facturo, salgo rápido del avión, no tengo que estar pendiente de que me han perdido la maleta... Si me van a quitar la maleta de mano me da un patatús.
Le veo genuinamente preocupado. Se podría llevar, pero habría que pagar.
Es que si no me matas [Ríe]. Si hay que pagar... Lo menos malo. Pero bueno, es una putada.
¿Qué es lo más raro que ha visto en un quirófano?
De un paciente, la niña del Congo que tenía una llave desde hacía dos años, eso lo cuento en el libro. Y de quirófanos, cosas muy curiosas. He visto quirófanos ¡con ventanas abiertas! Y en Irak, que hacía un frío en invierno cuando operé allí... Tenía una estufa de gas. Era surrealista.
Mencionaba el libro, 'Curando el mundo'. Me sorprende que con su agenda dedique el tiempo libre en trabajar más.
Fue una cosa que lleva mucho tiempo pensando hacer, porque tantas aventuras, tantas historias que tengo en tantos países... Yo creo que había que contarlo, había que mostrar un poquito lo que estamos haciendo. Con la ayuda de María Ferreira, que es una amiga mía que escribe increíble, le iba contando todo y ella le iba dando un toque literario.

"He visto quirófanos con las ventanas abiertas y con estufa de gas"

¿Cree que es un ejemplo?
No. No recomiendo esta vida a la gente. Esto es una cosa mía, pasional e hipersacrificada. Y no, no creo que sea un ejemplo de cómo debe ser una persona. Se puede ser buen médico, buen cirujano, llevando una vida más ordenada y más tranquila. Es cierto que para la gente es bueno, la gente lo valora. Para mi actividad profesional es muy bueno: opero más que el resto, tengo más experiencia a nivel quirúrgico. Yo esto lo veo con pasión, pero no soy un ejemplo porque no mucha gente tiene esa pasión, esa dedicación para sacrificar todo lo demás. Es decir, solo opero, solo estoy con pacientes, solo viajo. Es una decisión mía, pero a veces pienso que podría llevar una vida más tranquila, disfrutar de más cosas que me pierdo muchas veces. Pero, por otro lado, disfruto mucho con lo que hago.
¿No piensa en relajarse un poco?
Muchas veces pienso: "Voy a bajar el ritmo, no lo necesito". Pero es que lo necesito, es que es mi vida, es mi pasión. Y quizá porque ha llegado un punto en el cual me gusta tanto que, aunque me gusta mucho hacer actividades, me gusta mucho hacer surf, disfruto más si estoy operando. Ya no es solo por el ayudar a una persona, es también por la sensación que tengo cuando estoy operando, la sensación de cómo solucionas un problema y tienes esa satisfacción.
¿Y cuando no la sienta?
Creo que tendría que enfocar mi vida de otra manera. Tendré que hacer actividades que hacía antes más, más hobbies, más surfing, relax... Una de las cosas que me preocupaba durante la pandemia era perder la pasión durante ese periodo. Afortunadamente no fue así.
¿Deberíamos valorar más a los sanitarios en España?
Yo creo que sí. Lo primero, se deberían motivar, incentivar más. Y, sobre todo, remunerarlos mejor, especialmente en la sanidad pública. Creo que en España no están mal pagados, pero no están todo lo bien que deberían.

"Deberíamos valorar, motivar, incentivar y, sobre todo, remunerar mejor a los sanitarios, especialmente en la sanidad pública"

¿Le da tiempo a hacer turismo?
Poco, pero siempre intento hacer algo de turismo. Yo soy de los que si tengo 10 minutos los aprovecho; me gusta aprovechar cada minuto de mi vida. Cuando voy a un país, no soy de quedarme en el hotel. Jamás. Si tengo una mañana, en vez de quedarme descansando (que es lo que a veces pienso que debería hacer), tengo que ir a visitar algo, tengo que integrarme en la cultura. Me gusta mucho ir a ver a los pacientes al día siguiente siempre, hablar con ellos.
¿Habla con ellos?
Estoy muy en contacto con mis pacientes. Les doy el teléfono a todos. Todos tienen mi WhatsApp y me gusta hablar con ellos. A veces me paso horas hablando con los pacientes. Me encanta, además. Creo que lo que me define es la cercanía con el paciente. Porque me gusta. Creo que es fundamental. Me dan mucha satisfacción estar en contacto con ellos, veo cómo van, veo cómo ha repercutido lo que he hecho.
¿Cuál es la relación más antigua que tiene con un paciente?
Hay un paciente que vive en Foz que lo operé cuando era residente, hace 23 años. Nos hemos hecho amigos, viene a todas las presentaciones de mi libro, a todas las presentaciones de la fundación, me manda la lotería todos los años.
Es el único médico que conozco que tiene 'merchandising'.
[Ríe] Pero no es mío, es de la fundación. Los beneficios míos de los libros van todos a la fundación. Hemos creado esta línea de merchandising para que la gente compre las camisetas, los libros, y ayude. Cuando vamos a África no te imaginas lo costoso que es.
¿Ha pasado miedo en algún país?
Sí. Soy poco miedoso, no sé si es bueno o malo, pero sí una cierta intranquilidad.. En Gaza estuve intranquilo: no me dejaban salir, ya estaba empezando el conflicto, había drones volando... Tuve que operar a un chico al que la habían pegado un tiro. Y también en Burkina Faso, en Mali, en Corea del Norte. Esto de que no tengas el pasaporte ni el teléfono contigo es inquietante.